viernes, 5 de abril de 2013

4 Mil Sepulturas en Maleme


4 Mil sepulturas en Maleme.



Mapa Isla de Creta - Operación Mercurio

Tras la victoria alemana en Yugoslavia y Grecia, los británicos se retiraron a
la isla de Creta, en la cuál proyectaban erigir bases aéreas contra las bases
alemanas de la Europa Sudorienta y, eventualmente desquiciar el
abastecimiento de petróleo del Reich bombardeando los campos petroleros de
Rumanía. El general Freyberg se hizo cargo del mando aliado en Creta. Aunque
por el momento el peligro era insignificante, Hitler vio con inquietud ese amago
al flanco derecho de su proyectada invasión de Rusia. Alentado por el general
Kurt Student, comandante del 11o Cuerpo Aéreo, accedió a un peligroso intento
de capturar Creta desde el aire.

Como los preparativos se hicieron forzosamente en Grecia, el espionaje aliado
tuvo oportuno conocimiento de ellos. El 17 de abril (1941)  Churchill ordenó al
general Wavell que se previniera para preservar a Creta. 28.600 soldados
británicos se parapetaron en la isla, al lado de otros 28.000 soldados griegos.
Este total ,de 56.600 hombres disponía de artillería, cuerpos de tanques y
vehículos dé transporte, por lo cual parecía suicida cualquier ataque de
paracaidistas, cuyo número necesariamente tenía que ser muy inferior y
prescindir de armas pesadas y de autotransportes. Hitler mismo abrigaba
muchas dudas sobre la suerte del ataque.

El general Freyberg, comandante de la guarnición aliada de Creta, comunicó al
Alto Mando inglés, el 5 de mayo : "No puedo explicarme la nerviosidad; no me
preocupa lo más mínimo un ataque aerotransportado". Mostraba más
preocupación por una invasión naval, pero la Real Armada había ya descartado
esa posibilidad. Quince días más tarde —el 20 de mayo-, la séptima división de transporte por
aire, que era la única con que contaba Alemania, emprendió una de las más
arriesgadas acciones militares de todos los siglos. Cinco mil paracaidistas fueron
arrojados ese día por la Luftwaffe cerca de las tres principales bases militares de
Creta: Maleme, Retimo y Heraklión. Después de un ataque de 640 aviones, cinco
mi| miembros del movimiento nacional-socialista de Hitler arrostraron con fanático espíritu de lucha la tarea de atacar a una guarnición enemiga de 56.600 hombres, dotada de armas pesadas y firmemente acantonada en sus defensas. La desproporción era tan grande que el general Freyberg, comandante aliado en Creta, había dicho:
"No me preocupa lo más mínimo un ataque aerotransportado".

El propio Mando Alemán tenía profundas dudas acerca del éxito del asalto y se
abstuvo de dar a conocer su iniciación. Refiriéndose a esa acción de guerra, el
capitán británico  Liddell Hart escribió: "Hace diez años ocurrió la hazaña más
pasmosa y audaz de la guerra. Fue también a más sorprendente de todas las
operaciones aerotransportadas". (1)

La lucha librada el 20 de mayo tuvo excepcionales características de violencia.
La capacidad de fuego de la guarnición superaba varias veces el relativamente
débil fuego de los atacantes. El Regimiento de Asalto de los paracaidistas
alemanes luchó desesperadamente por la base aérea de Maleme; sufriendo
pérdidas que podían haber arredrado a cualquier otro cuerpo de combate, ganaba terreno milímetro a milímetro.
La proclama del teniente coronel Von der Heydte a su regimiento de asalto
estaba teniendo validez en la prueba de fuego: "Yo exijo de cada soldado la
plena renuncia a todo apetito personal. Quien ha jurado servir la bandera de
Prusia, ¡ya no posee nada suyo! Porque de la abnegación y renuncia de la
condición individual es de donde surge la auténtica personalidad marcial! ... Todo
soldado tiene que aprender a creer en la victoria, hasta si en ciertos momentos
pareciera inconcebible".


Coronel Von der Heydte


El segundo día de la batalla Churchill pudo dar un informe optimista en la
Cámara de los Comunes y anunció que : "la mayor parte de los paracaidistas
había sido aniquilada". Los supervivientes luchaban sin desmayo, pero se creía
poderlos dominar. También el Cuartel General Británico del, Medio Oriente siguió
confiando en la victoria otros dos días más.
"La noche del 20 al 21 de mayo —dice el general Student, comandante de los
paracaidistas alemanes— fue crítica para el Mando Alemán. Tuve que tomar una
grave decisión. Decidí emplear la masa de las reservas de paracaidistas, con que
todavía contaba, para la ocupación final del aeródromo de Maleme. Si el
enemigo hubiese hecho un contraataque organizado durante esa noche o en la
mañana del 21 de mayo, probablemente hubiese tenido éxito en derrotar los
muy abatidos y exhaustos restos del regimiento de asalto, máxime que éste
sufría de una terrible escasez de municiones".


General Kurt Student


Ese regimiento se enfrentaba con el valioso regimiento de asalto de las tropas
escogidas de Nueva Zelandia y con otros contingentes británicos. Al siguiente
día las mermadas reservas de paracaidistas capturaron en parte el aeropuerto y
el pueblo de Maleme y esa misma tarde llegó de refuerzo el primer batallón
alpino alemán, a bordo de 500 transportes y planeadores. Ciento cincuenta de
ellos fueron derribados o se accidentaron al bajar, pero lo más crítico de la
batalla había pasado ya.
Sin embargo, miles de paracaidistas habían muerto. En el momento supremo
se inmolaron resueltamente conforme a su propio canto de guerra: "Alemania
debe vivir aunque nosotros tengamos que morir".
Cierto que en todas las batallas hay en mayor o menor grado ese espíritu de
sacrificio, pero no una certidumbre tan palpable de que la muerte es ineludible
como la que afrontaron los paracaidistas en esa lucha excepcionalmente
desigual.

El mismo Churchill confiesa en sus Memorias: "Puede decirse que la batalla
de Creta fue única. El cuerpo aéreo alemán representaba la llama del
movimiento juvenil de Hitler y era una encarnación ardiente del espíritu
teutónico del desquite por la derrota de 1918... La flor y nata de la virilidad
alemana estaba expresada en esas tropas paracaidistas de los nazis, valientes,
bien entrenadas y completamente fanáticas. Ningún ataque de los lanzados por
los alemanes había sido más atrevido ni más implacable".

Por su parte, la guarnición aliada combatió con coraje, y del coraje pasó a la
rabia, al ver cómo aquel puñado de jóvenes soldados iba arrebatándole la isla
que había considerado inexpugnable. El Alto Mando Alemán denunció que las
tropas aliadas no estaban haciendo prisioneros a los paracaidistas cercados,
inermes o heridos, sino que los descuartizaban a bayonetazos; violando las leyes
de la guerra —decía— se había hecho fuego contra los paracaidistas antes de
que llegaran a tierra. Para aminorar este riesgo, la Luftwaffe hacía vuelos casi
rasantes y arrojaba a los soldados desde muy poca altura, apenas para dar
tiempo a que sus paracaídas se abrieran.

"Muchos—dice Liddell Hart— fueron muertos o heridos por accidentes en los
aterrizajes, pero aquellos que sobrevivieron eran los más fieros combatientes,
mientras sus adversarios numéricamente superiores no estaban tan altamente
adiestrados". Los paracaidistas contaban con recibir armas pesadas y refuerzos
por mar, pero las pequeñas embarcaciones mercantes que llevaban esos refuerzos
carecieron del apoyo de la flota italiana —que no se atrevió a acercarse
al combate— y la flota británica se dio gusto cazando lanchones. En esa
operación murieron ahogados 800 soldados alemanes que trataban de llegar a
Creta, y 1.500 tuvieron que regresarse a Grecia.
Carentes de marina en el Mediterráneo, los alemanes sólo pudieron lanzar
su aviación contra la flota británica, y en rabiosos ataques de venganza
hundieron a los destructores:  "Herward", "Kelly", "Greihound" y "Kashmir" y a los
cruceros:  "Gloucester" y "Fiji" , además de averiar gravemente a 4 cruceros más y
a los acorazados:  "Warspite" y "Valiant". Los ingleses perdieron dos mil marinos.

Su Flota del Mediterráneo, maltrecha, tuvo que retirarse el 23 de mayo. Pero ni
ese triunfo alentó a la escondida flota italiana. El séptimo día de lucha el comandante británico en Creta, general Freyberg, informó a Churchill: "En mi opinión las tropas bajo mi mando han llegado al
límite del sufrimiento... Nuestra posición aquí es insostenible".
 Liddell Hart comenta que "ese veredicto, viniendo de un soldado como el general Freyberg,
poseedor de la Cruz de la Victoria, no fue refutado". Churchill accedió a la
retirada por mar, la cual se inició la noche del 29 de mayo, exactamente diez
días después de que principió el ataque alemán. 16,000 soldados aliados fueron
evacuados de Creta y 11.000 de ellos lograron llegar a Egipto; 2.000 perecieron
en los ataques aéreos alemanes a la Flota Británica en retirada. El resto de la
guarnición (40.000 hombres) cayeron prisioneros en |a isla. En las Memorias de
Churchill estas cifras son menores porque sólo aluden a los efectivos y a las
bajas de los ingleses, australianos y neozelandeses, que eran 28.600, y no
incluye a las dos divisiones griegas compuestas de otros 28.000 soldados.
Para el día 29 en que se inició la retirada de los británicos, los alemanes ya
habían logrado llevar un total de 22.000 hombres, pero los que estuvieron en lo
más crítico de la lucha, los que con sus vidas hicieron posible la victoria,
reposaban para siempre en 4.000 sepulturas cerca de Maleme.

El escritor norteamericano Robert E. Sherwood dice: "La derrota que los
paracaidistas alemanes infligieron a los ingleses fue una de las más aplastantes
y humillantes de la guerra". Sin embargo, no es ése el significado de la batalla
de Creta; su real significación, su verdad histórica, es el coraje militar con que el
ejército alemán sacudió de uno al otro confín de Europa las garras con que los
protectores judíos del marxismo querían asirlo por la espalda y por los flancos
para retardar y aminorar su golpe contra la URSS.



Los soldados alemanes muertos en las nieves de Noruega fueron la Muralla con
que el Ejército Alemán guardaba el flanco izquierdo de su futura ofensiva contra
la URSS; los cadáveres dejados en los campos de Francia protegían la retaguardia de esa misma ofensiva; y las 4.000 sepulturas de Maleme, en Creta, eran simbólica muralla del flanco derecho. El auténtico frente el frente de la cruzada que desde 1919 proclamó Hitler contra el marxismo israelita apuntaba hacia el  Oriente bolchevique. Después de Creta... ¡Rusia!

Tomado de Derrota Mundial edición 42 , Salvador Borrego

1. Cómo se Perdió Creta.—Capitán Liddell Hart.