jueves, 30 de enero de 2020

El piloto de combate de la batalla de Gran Bretaña, Paul Farnes, muere a los 101 años

El piloto de combate de la batalla de Gran Bretaña, Paul Farnes, muere a los 101 años

El último  as de la Segunda Guerra Mundial que sobrevivió a la Batalla de Gran Bretaña murió a los 101 años.




El Comodro Paul Farnes estaba entre los 3.000 aviadores, "Los pocos", que defendieron los cielos de Gran Bretaña en 1940.

Murió en su casa en Hampshire el martes por la mañana, informó el Memorial Trust.

Rindiendo homenaje, lo describió como un "hombre distinguido, que fue generoso con su tiempo en apoyo de la confianza".

Sus victorias de batalla convirtieron en comandante de ala a Farnes que a su vez logró ser un as, un término que se entiende que significa cualquier piloto de caza acreditado con derribar cinco o más aviones enemigos.

Su cuenta fue de seis aviones enemigos destruidos, uno probablemente destruido y seis dañados, como el mismo lo decía.

Ahora se cree que solo hay dos miembros sobrevivientes de "Los Pocos" : el teniente de vuelo William Clark y el oficial de vuelo John Hemingway, ambos de 100 años.

La confianza agregó que el jefe de ala  Comodoro Farnes fue el último miembro de "Los Pocos" lo suficientemente en forma como para poder asistir al día conmemorativo del conflicto aéreo en 2019.

Dijo que había representado "orgullosamente" a sus colegas de la RAF al servicio de la conmemoración solo una semana antes de su 101 cumpleaños, en julio

El fideicomiso dijo que el Comodoro Farnes estaba "muy orgulloso" de su Distinguished Flying Medal (DFM), que recibió por sus hazañas en la Batalla de Gran Bretaña.

En 2015, el entonces retirado Líder / comandante de escuadrilla describió el momento "conmovedor" que él y sus camaradas fueron aplaudidos espontáneamente durante un servicio en la Abadía de Westminster para conmemorar el 75 aniversario de la Batalla de Gran Bretaña.

Farnes, que voló un Hawker Hurricane durante la guerra, dijo: "Fue muy emotivo hoy porque, cuando salimos de la abadía, el público aplaudió y nunca antes había sucedido en el servicio anual y me conmovió mucho".




"Es sorprendente que la Batalla de Gran Bretaña haya tenido éxito con el público y estoy muy orgulloso de haber sido parte de ella".

Farnes se unió a la Reserva de Voluntarios de la Royal Air Force en 1938, luego se unió al Escuadrón No 501 de la RAF y luchó en la Batalla de Francia en 1940.

Después de la Batalla de Gran Bretaña, fue comisionado como oficial y sirvió como instructor y luchó en Malta con el Escuadrón No 229, además de servir en el norte de África e Irak.

Cuando terminó la Segunda Guerra Mundial, estaba al mando de dos escuadrones en el Reino Unido.

Permaneció en la RAF hasta 1958 cuando, después de haber sido nombrado Comodoro, se retiró, conservando el rango de Comandante de ala de combate.

martes, 24 de diciembre de 2019

Kurt Reuber y La Madonna de Stalingrado



Kurt Reuber (26 de mayo de 1906 - 20 de enero de 1944) fue un médico alemán, clérigo luterano y artista, famoso por su obra "La Madonna de Stalingrado"



La Madonna de Stalingrado



El 24 de diciembre de 1942, durante el sitio de la Batalla de Stalingrado, el Dr. Kurt Reuber dio a sus compañeros una inspiración para dibujar con trozos de carbón, el cuadro de una madre que protege a un niño con su manto. El dibujo fue hecho en el reverso de un gran mapa de Rusia. El diseño logró salvarse (junto con otras 150 fotografías e imágenes) en el último vuelo que salió de Stalingrado, en un Junkers Ju 52 gracias al Dr. Wilhelm Grosse (comandante de la 16ª División Panzer) y se hizo famoso. 
Kurt Reuber fue hecho prisionero en febrero de 1943 cuando el 6º Ejército se rindió, y fue trasladado al campo de prisioneros de Yelábuga a unos 1.000 km al nordeste de Stalingrado, donde murió el 20 de enero de 1944.

Descripción



El cuadro muestra a una mujer sedente que mantiene un niño bajo su abrigo (La Virgen María y El Niño Jesús) contemplándolo con amor, dándole cobijo y protección entre sus brazos, apretándolo contra su pecho. La obra lleva una anotación que dice: "1942 Weihnachten im Kessel – Festung Stalingrad – Licht, Leben, Liebe“ («1942 Navidad en el cerco – Fortaleza Stalingrado – Luz, Vida, Amor»).

Historial



La obra la realizó durante la navidad de 1942 el pastor evangélico, médico y artista Kurt Reuber. Era médico de la 16.ª División-Panzer​ y se encontraba en un refugio alemán cercado por las fuerzas rusas mientras se libraba la batalla de Stalingrado. Sólo dos días antes de que las fuerzas rusas cerrasen el cerco había vuelto tras haber estado de permiso en Alemania.​ Tenía 36 años, era un destacado teólogo y amigo de Albert Schweitzer.
​La imagen la dibujó con un trozo de madera quemada convertida en carbón vegetal sobre el dorso de un mapa ruso de un tamaño de 105 x 80 centímetros. Las palabras «Luz, Vida, Amor» son del evangelista san Juan.

La obra la clavó en una pared del refugio, la noticia llegó a los refugios cercanos y muchos soldados se atrevieron a abandonar el suyo y arriesgarse para llegar al de Reuber para contemplar la imagen. Cuando la veían quedaban sobrecogidos y muchos lloraban, convirtiéndose el refugio de Reuber en un santuario.

Días después, durante los primeros días de 1943, el autor de la obra escribió una carta a su mujer y que acompañaba al dibujo en la que decía: «Contempla en el niño al niño primerizo de una nueva humanidad, que nacido con dolor, relumbra sobre toda oscuridad y tristeza. Que sea para nosotros el símbolo de una vida triunfante y de feliz futuro que tras tanta experiencia con la muerte, amaremos aún con más ardor y autenticidad, una vida que sólo merece ser vivida si es pura como los rayos de la luz y cálida como el amor».

Un oficial gravemente herido, evacuado con uno de los últimos aviones que logró salir del cerco, llevaba consigo la obra y la carta, llegando ambas a la familia del autor, que residía en la parroquia de Wichmannshausen.

A petición de Karl Carstens, presidente de la República Federal Alemana, la familia entregó la obra el 26 de agosto de 1983 a la iglesia Kaiser-Wilhelm-Gedächtniskirche de Berlín. Allí está expuesta, pidiendo una oración, recordando a los fallecidos en la guerra y exhortando a la reconciliación y conservación de la paz en el mundo.

Segunda versión



Durante la navidad de 1943, por lo tanto un año después de haber realizado esta obra, Reuber hizo otra muy parecida en el campo de prisioneros de Jelabuga, situado a unos 1.000 kilómetros al noreste de Stalingrado, para el periódico de los prisioneros. El tema era nuevamente el de Madre e Hijo (La Virgen María y El Niño Jesús), siendo conocido este cuadro como Gefangenen-Madonna («La madonna de los prisioneros»). También este ejemplar pudo ser entregado a la mujer de Reuber junto con la noticia de que el autor había fallecido el 20 de enero de 1944 en el campo de prisioneros tras una penosa enfermedad.

Reproducciones
En numerosas iglesias de Alemania, Austria y algún otro país se encuentran reproducciones de esta obra realizadas con técnicas variadas.

En Alemania
Berlín. Iglesia Kaiser-Wilhelm-Gedächtniskirche: en ella se encuentra la obra original.
Bochum Iglesia Heimkehrerdankeskirche-Krypta: una copia realizada como tapiz.
Diestedde: es una escultura en la plazuela de la capilla del cementerio
Dornburg. Casa de la Juventud (Jugendhaus): es una copia.
Fulda. Convento Neuenberg: es una escultura tallada en relieve.
Hermeskeil: es una escultura de piedra arenisca en la pradera junto a la iglesia parroquial St. Martin, siendo obra del sacerdote Mohr que formó parte del ejército alemán en Stalingrado.
Kassel. Iglesia Auferstehungskirche en la que fue bautizado, confirmado y se casó el autor: aquí se encuentra la obra realizada en el campo de prisioneros.
Bad Kohlgrub. Ermita Kriegergedächtniskapelle situada en el parque del balneario: es una reproducción realizada por Hans Seitfudem en 1992.
Königswinter. Monumento Gedenkhalle auf der Kriegsgräberstätte: es una copia.
Meersburg. En la pequeña y enrejada ermita Zum Frieden junto al camino Am Rosenhag poco antes de llegar a la calle Töbelestraße: es una copia realizada como gobelino por la artista rusa Elena Kikopule.
Niedergailbach. Ermita Marienkapelle: es una escultura tallada.
Oberroth. Ermita Waldkapelle: es una copia.
Rottweil. Ermita en el bosque Bollerhofwald: es un relieve realizado por Maria Klaiber-Kasper.
Wellendorf. Iglesia St. Barbara: es un relieve realizado con la técnica de ácido sobre plata.
Wiesbaden. Iglesia St. Marien Wiesbaden-Biebrich: es una copia.
Wichmannshausen. Iglesia. (Antigua residencia de Kurt Reuber): es una copia.

Austria
Baden bei Wien. Iglesia St. Stephan: es un relieve tallado en madera.
Felling. Iglesia: es una obra bordada.
Fronsburg. Ermita Bründlkapelle: es una talla en relieve.
Langau. Iglesia: es una talla en relieve.

Inglaterra
Coventry. Catedral. Capilla Millennium.(Millennium Chapel): es una copia.

Rusia
Museo Stalingrado en Volgogrado: es una copia.
Iglesia de San Nicolás en Volgogrado: es un relieve tallado.

Otros empleos
La obra forma parte del emblema del regimiento sanitario 21 del ejército alemán.

miércoles, 31 de julio de 2019

"Los Malditos Nazis" (Que no te engañen más)

"LOS MALDITOS NAZIS" (QUE NO TE ENGAÑEN MÁS)



Joe Louis (Estados Unidos) y Max Schmeling (Alemania) se enfrentaron la primera vez en 1936 y la segunda en 1938, en la primera pelea Schmeling derrotó a Louis y en la segunda Louis se impuso a Schmeling. Cuando Louis por fin derrotó en 1938 al "régimen Nazi" (como la propaganda sionista lo difundía) tuvo que volver a su realidad, y su triste verdad era que no podía ni comprarse una casa en el barrio que él quisiera por ser negro, no podía solventar los gastos más necesarios porque su gobierno, aquel que se llena la boca y grita a los cuatro vientos que es la tierra de la libertad y la democracia le había cobrado excesivos impuestos a cuenta de donaciones que había hecho a centros de atención para niños sin hogar y gente negra en estado de indigencia. El gobierno que lo utilizó como imagen de la libertad de los pueblos y por erradicar el "antisemitismo", no fue capaz de ayudar al hombre que derroto al "régimen Nazi" en un ring. 

Louis quedó sin dinero, sin casa, endeudado hasta el cuello y siendo viejo y negro no tenía una forma digna de ganarse la vida, bajo esas circunstancias en la tierra de la "libertad y la democracia", se vio obligado a incursionar a una edad muy avanzada en la lucha libre y también seguía en el boxeo enfrentándose esporádicamente a boxeadores en acenso, uno de esos boxeadores fue Rocky Marciano. En la tierra de las oportunidades nadie podía ayudar a Louis pero en el país de los "monstruos genocidas y racistas" sí hubo quien le diera la mano y ese fue el boxeador nazi Max Schmeling quien, en el ocaso de la vida de Louis aportaba una importante ayuda económica a éste, los gastos funerarios de Louis fueron cubiertos por Schmeling y además entregó una cantidad importante de dinero a su familia. 
Por eso cuando escuchamos a "historiadores" ridículos hablando de como estos dos atletas (Louis y Owens) vencieron el racismo alemán, resulta repulsivo y asqueroso ver como se jactan tratando de hacer ver a los Estados Unidos como el epítome de la libertad, la justicia y lo más alto en valores de la civilización occidental, cuando ni Joe Louis ni Jesee Owens podían estar en un mismo restaurante con gente blanca, ni subirse a un autobús y sentarse donde ellos quisieran. 

Fragmento recopilado de: El Mundo Detrás de las Cortinas de Samuel Cruz



viernes, 19 de julio de 2019

Wernher von Braun El Científico Nazi Que Nos Llevó A La Luna

Wernher von Braun El Científico Nazi Que Nos Llevó A La Luna

Wernher von Braun, uno de los ingenieros fabricantes de armas para el ejército nazi, soñaba con conquistar el espacio. Tras la guerra, Estados Unidos lo reclutó para trabajar en la tecnología que llevó a la humanidad a la Luna en 1969.




La historia oficial nos cuenta que el 30 de abril de 1945 Adolf Hitler se disparó en la cabeza en su búnker de Berlín. Este suceso desencadenó el fin de la guerra en Europa el 7 de mayo.

Desde que los ejércitos de las fuerzas aliadas desembarcaron primero en Sicilia, el 9 de julio de 1943, y luego el 6 de junio de 1944, en las costas del norte de Francia, se empezó a redactar una larga lista de órdenes de captura en contra de los benefactores del régimen nazi. Algunos de ellos, oficiales de alto rango y prominentes empresarios alemanes, fueron juzgados y condenados en los juicios de Núremberg, entre 1945 y 1946. Sin embargo, había otros personajes que, por razones militares y económicas, eran más valiosos en suelo estadounidense que en alguna cárcel.

Terminada la guerra, empezaba otro conflicto ideológico y político entre las dos potencias nacientes: Estados Unidos y la Unión Soviética. Para ninguno de los dos bandos era desconocido que los alemanes habían logrado avances sobresalientes en tecnologías militares, como la propulsión y la cohetería. Muestras de ello fueron el Messerschmitt 262 (llamado también, la golondrina), el primer avión de combate del mundo que utilizaba motores a reacción (contrario a los aviones de hélice característicos de este período), y los Vergeltungswaffe 2 (o cohetes V2), los primeros misiles balísticos de largo alcance.

La misión era clara en el papel: aparte de capturar a los "criminales de guerra" como Josef Mengele o Adolf Eichmann para llevarlos ante la "justicia", era necesario encontrar a las mentes de las armas secretas de guerra alemanas para hacerse con sus servicios.

Después de varias iniciativas y misiones de inteligencia, en noviembre de 1945 el presidente estadounidense Harry Truman autorizó la versión final de la Operación Paperclip (sujetapapeles), un programa secreto llevado a cabo por la Agencia de Inteligencia de Objetivos Conjuntos (JIOA, por sus siglas en inglés), que se proponía encontrar a científicos alemanes, limpiar su historial y expatriarlos hacia Estados Unidos.

Una de las fuentes de información era un documento que cayó en manos aliadas denominado la lista Osenberg, redactada en 1943 por los nazis para identificar a científicos e ingenieros alemanes que pudieran contribuir a la guerra. Cuando la lista llegó a manos del mayor Robert Staver, oficial de inteligencia y jefe de la División de Propulsión del Ejército estadounidense, se marcó como objetivo prioritario a Wernher von Braun, el ingeniero a cargo de la fabricación de los cohetes V2.



Desde niño, los libros de ciencia y ciencia ficción despertaron su curiosidad por los cohetes y los viajes al espacio. A principios de la década de 1930, von Braun pudo mostrarles a algunos oficiales del Ejército alemán sus prototipos de cohetes.

Impresionados, le ofrecieron trabajar para ellos en secreto, a cambio de patrocinar sus estudios universitarios. Así logró doctorarse en física e ingeniería aeroespacial. A continuación, von Braun se alistó en el Ejército para continuar su trabajo como ingeniero de cohetes, un trabajo que en aquella época de crisis solamente podía ser financiado por el gobierno. Meses después, Hitler subió al poder y las tornas cambiarían para el ingeniero. En vez de construir cohetes para ir al espacio, debería construirlos para atacar a los enemigos de Alemania.

A comienzos de la Segunda Guerra Mundial, el alto mando del Ejército alemán le dio la tarea a von Braun de fabricar un cohete para atacar objetivos militares desde grandes distancias. Para esta misión secreta, el ingeniero y su equipo fueron destinados a una instalación militar subterránea en la isla de Peenemünde, ubicada al norte del país, a orillas del mar Báltico.

Después de años de trabajo, el resultado dejó fascinado al mismísimo Hitler. Denominado comúnmente V2, era un misil balístico de 15 metros de longitud y 15 toneladas de peso, una de ellas dedicada solo a material explosivo. Se calculaba que tenía un alcance de 300 kilómetros y una precisión sobresaliente para la época. Se calcula que alrededor de mil cohetes V2 surcaron los cielos europeos y dejaron al menos unas 20.000 víctimas mortales en Inglaterra y Bélgica.

El desarrollo del primer misil balístico de largo alcance del mundo era una razón suficiente para que Wernher von Braun fuera una prioridad para la inteligencia militar norteamericana. Con la proximidad del Ejército rojo a finales de 1944, Wernher von Braun y sus científicos de confianza se mudaron de Peenemünde para evitar ser capturados por los soviéticos. A principios de 1945 después del fracaso de la contraofensiva de las Ardenas, en los bosques de Bélgica, era evidente que la guerra estaba perdida y muchos científicos alemanes comenzaron a buscar opciones para mejorar su futuro. Un día después del suicidio de Hitler, von Braun y su grupo de colaboradores se contactaron con los soldados estadounidenses y se entregaron.



Como parte de la Operación Paperclip, alrededor de mil científicos alemanes fueron llevados a trabajar a Estados Unidos en diferentes proyectos (como el proyecto Manhattan, que dio origen a la bomba atómica que terminó la guerra en el Pacífico), incluidos Wernher von Braun y un grupo de alrededor de 150 de sus colaboradores directos. A pesar de su afiliación a las SS (Schutzstaffel) desde 1937, el Ejército estadounidense se encargó de encontrar y limpiar su historial para que pudiera emigrar sin complicaciones legales a Estados Unidos.

Era mejor tener en las filas del Ejército estadounidense a un genio nazi que fabricaba cohetes que condenarlo a prisión. Los rusos también tenían al ingeniero en su lista, y aunque se lo ganaron los estadounidenses, se calcula que el Ejército ruso logró hacer prisioneros al menos a 2.000 científicos y técnicos alemanes que puso al servicio del comunismo durante la Guerra Fría entre ellos a Helmut Gröttrup colaborador de Von Braun y quien diseño el Cohete R-1 para los rusos que fue de gran contribución al desarrollo del programa espacial soviético.

Von Braun fue trasladado por un tiempo a Nuevo México, hasta que finalmente se le destinó designado a Huntsville, Alabama, para trabajar directamente con el Ejército, y después, con la recién creada Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio (NASA).

Era el inicio de su sueño. Al principio, los esfuerzos de von Braun por desarrollar un cohete que viajara al espacio no fueron bien canalizados por las autoridades administrativas del país. Sin embargo, un detonante llegó el 4 de octubre de 1957, cuando toda la nación veía por televisión cómo los rusos habían ubicado el primer satélite artificial en la órbita terrestre: el Sputnik 1. El país estaba indignado, y se indignó aun más cuando dos meses después, el 6 de diciembre, el cohete Vanguard explotaba en la plataforma de lanzamiento sin lograr poner en órbita el primer satélite estadounidense. Después, el 31 de enero de 1958, un cohete de von Braun transportó satisfactoriamente hasta la órbita terrestre al Explorer 1, el primer satélite artificial estadounidense. Huntsville lo celebró en grande, y el alemán era el hombre del momento. Incluso, ocupó la portada de la revista “Time” del 17 de febrero con el título Missileman (El hombre de los misiles).

El sueño de Wernher von Braun iba más allá, y después de fabricar cohetes con aplicaciones militares, su meta era construirlos para llevar personas al espacio. Sin embargo, la política del presidente Dwight Eisenhower se limitaba al transporte y posicionamiento de satélites y otros instrumentos en el espacio, no al transporte humano. Nuevamente, los rusos le dieron un empujón a las ilusiones de von Braun, cuando el cosmonauta ruso Yuri Gagarin orbitó por cerca de dos horas la Tierra a bordo de la nave Vostok 1. Los rusos no solo habían sido los primeros en enviar un objeto a la órbita terrestre, sino en enviar a un hombre y traerlo de regreso a la Tierra.

Wernher von Braun encontró la carta perfecta para justificar sus ambiciones de llevar a un hombre al espacio a bordo de uno de sus cohetes: el miedo. En una intervención ante el Congreso argumentó que los rusos tenían la intención no solo de conquistar el planeta, sino también el espacio que lo rodea.



En mayo de 1961, el presidente John Kennedy en una famosa alocución dijo: “Creo que esta nación debería comprometerse a lograr el objetivo, antes de que termine esta década, de llevar un hombre a la Luna y regresarlo a salvo a la Tierra”. Solo había un hombre capaz de llevar a una persona hasta donde nadie había llegado, y ese era Wernher von Braun. Veinte años después de construirle cohetes a Hitler, von Braun y su equipo volvieron a hacer lo que sabían hacer. Cuando en septiembre de 1962 Kennedy visitó al científico alemán, conoció los planos de un gigantesco cohete: de tres fases denominado Saturno V. El presidente abandonó el lugar seguro de que antes del final de la década vería a un astronauta pisando el suelo lunar.

Puede uno imaginar que el día más importante de la vida de von Braun fue el 16 de julio de 1969. El día en que esperaba materializar todos sus sueños de niño, y todos sus esfuerzos como ingeniero. Ese día, Cerca de un millón de personas en las afueras del Centro Espacial Kennedy, en Florida, y muchas más alrededor del mundo a través de sus televisores, observaban como en el complejo de lanzamiento 39 se ubicaba el titánico Saturno V, cuya misión era sacar a los tres astronautas del Apolo 11 de la Tierra y llevarlos más allá de la órbita terrestre. Aquella mañana, el científico alemán estaba tranquilo y sonriente. A la 1:32 p.m. el intercomunicador del centro espacial señalaba: “10, 9, arranque de la secuencia de encendido, 6, 5, 4, 3, 2, 1, 0. Todos los motores en marcha. Despegue, tenemos despegue, 32 minutos pasada la hora, despega el Apolo 11”.



El potente cohete ingeniado por un antiguo oficial nazi se separaba del suelo y consumía su combustible para acelerar el Apolo 11 a más de 11.000 metros por segundo con dirección al cielo, ese que von Braun había apreciado con fascinación desde niño. Cuatro días después, el 20 de julio, el mundo presenció el primer alunizaje.

Aunque el gobierno norteamericano no continuó su programa espacial como el ingeniero alemán lo proyectaba, enviando astronautas a Marte y a Titán una de las lunas de Saturno, no es descabellado decir que si hace cincuenta años llegamos a la Luna fue porque un hombre trabajó para ello toda su vida. El 16 de julio de 1969, el cohete de Wernher von Braun convirtió la ficción en realidad y nos puso a imaginar la conquista de otros mundos.

lunes, 8 de julio de 2019

Batalla de Kiev

Batalla de Kiev  7 de julio al 26 de septiembre de 1941

La Batalla de Kiev fue un enorme cerco de tropas en la capital ucraniana durante la Segunda Guerra Mundial; hoy por hoy es mencionado como la mayor batalla de embolsamiento de la Historia. Comenzó a mediados de agosto y finalizó el 26 de septiembre de 1941, como parte de la Operación Barbarroja. En la historia militar soviética es conocida como "Operación Defensa de Kiev", del 7 de julio al 26 de septiembre de 1941.

Un soldado de la Wehrmacht con una ametralladora MG34 en su hombro, frente oriental, Ucrania, 1941


La batalla
El por entonces general Zhukov advirtió a Stalin que el Ejército Rojo debía abandonar la ciudad para evitar ser rodeado, pero Stalin, que acababa de decir a Winston Churchill que la Unión Soviética nunca dejaría Moscú, Leningrado o Kiev, destituyó del cargo de jefe del estado mayor.

Las fuerzas móviles de Rundstedt que venían de triunfar en la denominada Bolsa de Uman, avanzaron hacia el sur de Kiev. El 1º Grupo Panzer se dirigió al norte desde el frente central tomando al mando soviético por sorpresa, entonces Stalin cambió de opinión en cuanto a abandonar Kiev, pero ya era tarde, los alemanes afirmaron tener 665.000 prisioneros. Hitler la llamó "la batalla más grande de la historia universal".

Conclusión del cerco
Tras la finalización del cerco, los soldados soviéticos lucharon hasta la última gota de sangre, haciendo una feroz resistencia a las tropas alemanas que sufrieron también cuantiosas bajas.

Prácticamente la totalidad del Frente Suroeste del Ejército Rojo fue rodeado por los alemanes, que cifran en 665.000 las tropas capturadas. Sin embargo, la velocidad del ataque encontró a la Luftwaffe lejos de sus bases, lo que permitió a muchos soviéticos escapar del cerco, días después de cerrarse la tenaza alemana. Entre ellos huyeron el Mariscal Semyon Budyonny, el Mariscal Semión Timoshenko y el comisario político Nikita Jrushchov.

El desastre de Kiev, sin embargo, resultó un batacazo para el Ejército Rojo, superior incluso a la tragedia de Minsk en junio del mismo año. El 1 de septiembre el Frente Suroeste contaba con 760.000 hombres (850.000 incluyendo reservas y órganos de retaguardia), 3.923 cañones y morteros, 114 tanques y 167 aviones de combate. En el cerco quedaron 452.700 hombres, 2.642 cañones y morteros y 64 tanques, de los cuales escasamente 15.000 escaparon hacia el 2 de octubre. En conjunto, el Frente Suroeste sufrió 700.544 bajas, incluyendo 616.304 muertos, capturados, o perdidos a lo largo del mes de combates, entre los fallecidos se incluía al Coronel General Mijaíl Kirponos, el Comandante en Jefe. Como resultado, cuatro ejércitos de campo soviéticos, que contaban con 43 divisiones, cesaron virtualmente de existir. Tal y como había ocurrido con el Frente Oeste, hubo de ser creado de nuevo desde la nada.

jueves, 27 de junio de 2019

Las Megadrogas que Hitler y los Aliados dieron a sus soldados para crear "Máquinas de Guerra"

Las Megadrogas que Hitler y los Aliados dieron a sus soldados para crear "Máquinas de Guerra"

Los soldados nazis recibieron 35 millones de pastillas de Pervitín, una sustancia con efectos similares al speed para olvidar el cansancio.



No hay guerra sin alcohol ni tampoco hay guerra sin drogas. Las duras condiciones a las que se enfrentan los soldados les ha obligado a lo largo de la historia a ingerir sustancias que les permitan evadirse de la terrible realidad. También toman drogas para rendir como si fuesen una suerte de robots, para pasar días enteros sin pegar ojo.

Durante la II Guerra Mundial, los soldados se enfrentaron a batallas que duraban días en condiciones extremas, desde el norte de África hasta la Rusia occidental. Para sobrellevar el cansancio y el dolor físico, el personal médico facilitó todo tipo de drogas a los combatientes de modo que su agresividad se vio aumentada y lograron mantenerse en un estado de alerta constante.

Ahora, la red de televisión pública de los Estados Unidos PBS estrena un documental que indaga en la utilización de las drogas en el conflicto más sangriento de la historia de la humanidad. La producción ahonda en el uso de estupefacientes por parte del ejército nazi, pero también descubre nuevos datos sobre el consumo en los Aliados.

Las drogas fueron severamente perseguidas por el régimen hitleriano. La ideología nazi siempre ha sido fiel defensor del culto al cuerpo y rechaza por su propia naturaleza cualquier sustancia que pueda alterar de cierta manera los sentidos del individuo.

El mismo Hitler era un obseso de la comida sana y no probaba una sola gota de alcohol.

A lo largo de la década de los treinta, en Alemania se diseñó una droga llamada Pervitín —una derivación de la metanfetamina y con características similares al efecto del speed—. Hasta 35 millones de pastillas fueron repartidas entre los soldados de la Wehrmacht en tiempos de la guerra.

La invasión de Polonia en 1939 marcó el inicio de la contienda y abrió a que los nazis se entregasen a las influencias del Pervitín. En apenas un mes la resistencia polaca desapareció por completo. El ejército nazi avanzó progresivamente hasta encontrarse con el invierno ruso, donde poco a poco terminarían retrocediendo posiciones. Las temperaturas llegaron a descender hasta los -50 ºC y los alemanes, ocasionaron tal vez que los alemanes abusaran del consumo de drogas.


La droga en los Aliados



Los Aliados descubrieron la estrategia química que empleaban los enemigos y decidieron fabricar su propia droga de diseño. Dicho compuesto fue apodado como Benzedrina y podía ser inhalada aunque también existía en forma de pastilla. Pese a que no era una droga tan adictiva y peligrosa como el Pervitín, seguía siendo nociva a largo plazo.


Los pilotos británicos recibían una dosis de 10 miligramos diarios de Benzedrina, mientras que los soldados que la 24ª Brigada de Tanques recibían el doble. Por aquel entonces no se conocían los efectos secundarios y los índices de adicción de estos compuestos, por lo que una vez finalizada la Segunda Guerra Mundial no hubo ningún tipo de ayuda para los soldados que acarreaban problemas por el la Benzedrina o el Pervitín. La guerra había terminado y el estado en el que quedaron los protagonistas del conflicto ya no interesaba.

Se estima que los soldados aliados recibieron unas 100 millones de dosis, en cuanto a los soviéticos no hay datos concretos pero se sabe que también usaban sus propias metanfetaminas y que sus dosis eran siempre al triple de las que recibían los soldados nazis y los demás aliados.

El uso de tantas drogas puede que haya sido una de las causas de que la guerra haya presentado tantos episodios despiadados de parte y parte.



jueves, 6 de junio de 2019

El lado más oscuro del Día D

El lado más oscuro del Día D

Las violaciones a las mujeres francesas



Violaciones en grupo de mujeres francesas, sexo en lugares públicos ante los niños… Algunos de los soldados norteamericanos que participaron en el desembarco estaban convencidos de que las francesas eran chicas fáciles. El alto mando estadounidense les había vendido el Día D como una aventura erótica. Casi la mitad de los acusados por violación fueron ahorcados en público por las autoridades militares norteamericanas. De ellos, la mayoría eran negros.

Los medios de comunicación franceses llevan semanas preparando el 75º aniversario del desembarco en Normandía, del inicio del fin del dominio nazi sobre territorio europeo. Las televisiones, los periódicos, los semanarios o las radios compiten en proporcionar los detalles históricos más interesantes, en encontrar los ángulos más originales o menos conocidos. Pero la mayoría de ellos han vuelto a silenciar uno de los capítulos más horrendos protagonizados por una minoría de los liberadores norteamericanos: la violación de cientos de mujeres francesas, algunas, menores de edad.

Durante décadas, Estados Unidos y Francia han cerrado los ojos ante unos hechos que han marcado y seguirán haciéndolo a las familias de las víctimas, que deben hacer esfuerzos para comprender que los criminales que atacaron a sus madres, novias o primas eran sólo una pequeña parte de los cientos de miles de G.I. (soldados) que tomaron parte en la guerra contra Hitler en Francia y el resto de Europa.

Para esas mujeres y sus familias, El día más largo no es el título de una de las películas que recrean las gestas de los soldados de Eisenhower, sino la jornada que ha marcado sus vidas desde entonces. De junio de 1944 a junio de 1945, los tribunales militares norteamericanos instalados en territorio francés juzgaron a 139 soldados por este delito. De ellos, 68 fueron condenados a cadena perpetua y 22 a pena de muerte. La cifra puede parecer pequeña, pero son recuentos oficiales y no recogen más que el período de un año. Por supuesto, los historiadores añaden que muchas otras víctimas nunca presentaron una denuncia.

Si la historia negra de los soldados Ryan ha empezado a conocerse hace poco es gracias a dos historiadores norteamericanos, Robert Lilly y Mary-Louise Roberts que, cada uno por su lado, han escrito los libros que muchos no han querido ni querrán leer, tanto en su país, como en Francia. Las pocas informaciones que se han publicado estos días sobre estos hechos están sacadas de sus obras: La face caché de los GI’s. Les viols commis par des soldats americains en France, en Angletere et en Allemage, pendant la Second Guerre Mondial, publicada por el sociólogo y criminólogo Lilly en 2003, en Francia, y What soldiers do: Sex and the American G.I. in World War Two France, 1944-1946, la obra de la historiadora Roberts, publicada en 2013.

“Francia, un gran burdel, mujeres fáciles”



Para esta profesora de la Universidad de Wisconsin, existieron violaciones en todas las ciudades donde los soldados norteamericanos estaban estacionados: Reims, Cherburgo, Brest, Le Havre, Caen… El primer crimen sexual contabilizado tiene lugar sólo dos meses después del Desembarco. Como explica Lilly, los protagonistas de las violaciones no eran combatientes de primera línea, sino miembros de unidades de apoyo logístico. La explicación parece simple: los soldados que no participaban directamente en los combates tenían más tiempo libre y estaban sujetos a una menor disciplina una vez la jornada de trabajo había concluido.

Que Estados Unidos haya pasado por alto este macabro capítulo de su historia militar no puede sorprender a nadie. El softpower de Washington, con el arma de Hollywood a la cabeza, ha utilizado la II Guerra Mundial en aras del culto patriótico. La buena guerra, en comparación a la menos gloriosa contienda de Corea o a la humillante derrota de Vietnam, ha sido explicada y explotada desde el punto de vista norteamericano para consumo interno y propaganda hacia el exterior. Las hazañas bélicas de los violadores, contrabandistas, estafadores o traficantes de droga de la US Army no tenían cabida en los guiones cinematográficos, en las tramas de las novelas y, ni siquiera, en los libros de historia.

El verdugo de Texas, especialista en soga

Lilly y Roberts explican los clichés que el imaginario norteamericano había impregnado en los cerebros de sus combatientes. Francia era presentada en la revista militar Stars and Stripes (Barras y Estrellas) como una gran casa de putas, un país erotizado y cuyas mujeres eran “bellas, acogedoras y demostrativas”. Unos estereotipos que se habían generado ya entre los veteranos de la Guerra del 14-18, cuyas exageradas aventuras eróticas en Francia fueron pasando de generación en generación.

Sin duda, los norteamericanos que atravesaban los pueblos y ciudades francesas no estaban acostumbrados a recibir besos y abrazos de las mujeres que veían en ellos a sus liberadores. Basta observar la actitud de los soldados en los documentos de la época. Los historiadores señalan que, en su mayoría, el contingente militar estaba compuesto por soldados que, en palabras de Lilly, no eran “la crême de la crême”. En la mente de los violadores de guerra en Francia no se trataba de humillar a las mujeres de un enemigo ni de castigar a un pueblo resistente al invasor. La violación era, más bien, una recompensa.

Entre los soldados juzgados y los condenados a la horca por violación, una mayoría eran negros. Lilly escribe también que el racismo imperante entonces en Estados Unidos se reflejaba en las decisiones de los tribunales militares. Por el mismo delito, un soldado negro siempre era condenado con más dureza. Además, cuando la denunciante acusaba a un blanco, normalmente la investigación era más rigurosa.

Entre 1944 y 1945, 29 soldados fueron ejecutados en público por delito de violación. 25 eran negros. Mary-Louise Roberts señala que como en Francia sólo se utilizaba el sistema de la guillotina, el ejército USA hizo venir a un verdugo de Texas, especialista en ahorcamiento. El ejército funcionaba, según la profesora, como una extensión del sistema de segregación en vigor en los estados sudistas. Fue el propio General Eisenhower quien ordenó que las ejecuciones fueran públicas, en el lugar de los hechos y con la asistencia de las víctimas, sus familiares y vecinos. Buscaba así calmar la onda de protestas que empezaron a inundar la prensa de la época. Una mancha que no podía permitir que se extendiera a todos los miembros de la llamada “greatest generation”.

“Franceses cornudos y cobardes”



Francia tampoco tenía mucho interés en airear los crímenes algunos de sus salvadores. De Gaulle, privado de protagonismo en el Día D, y sus aliados comunistas, más tarde, prefirieron dedicarse a reescribir la historia juntos y a inventar un pueblo resistente que combatió al lado de sus liberadores. En el Día D sólo tomaron parte unas decenas de franceses. En Francia no es tampoco agradable recordar los estereotipos que los soldados estadounidenses tenían sobre los varones franceses: cornudos, afeminados, nerviosos, irritables, cobardes, incapaces de defender su tierra y controlar a sus mujeres

La Libération echó el velo sobre este capítulo de la historia y sobre otro también doloroso. El bombardeo amigo, las bombas arrojadas por los aliados para debilitar las defensas nazis que provocaron la muerte a 60.000 personas entre 1940 y 1944. Caen, Le Havre, Billancourt, Saint-Etienne, Brest o Royan sorprenden al visitante por tener barrios enteros cuya arquitectura difiere completamente del resto de la ciudad. Es la reconstrucción que oculta las cicatrices de una táctica militar de una época en la que la vida de los civiles extranjeros tenía poca consideración.

Muchas familias francesas no participan de los festejos de estos días; no encuentran ninguna gracia a la pleitesía reservada por los medios de comunicación a la Reina de Inglaterra, al presidente norteamericano de turno o a otros representantes de países que participaron en el Desembarco de Normandía. Para ellos, para las familiares de las víctimas, nunca sirvió de nada celebrar la liberación de un cadáver.