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jueves, 6 de junio de 2019

El lado más oscuro del Día D

El lado más oscuro del Día D

Las violaciones a las mujeres francesas



Violaciones en grupo de mujeres francesas, sexo en lugares públicos ante los niños… Algunos de los soldados norteamericanos que participaron en el desembarco estaban convencidos de que las francesas eran chicas fáciles. El alto mando estadounidense les había vendido el Día D como una aventura erótica. Casi la mitad de los acusados por violación fueron ahorcados en público por las autoridades militares norteamericanas. De ellos, la mayoría eran negros.

Los medios de comunicación franceses llevan semanas preparando el 75º aniversario del desembarco en Normandía, del inicio del fin del dominio nazi sobre territorio europeo. Las televisiones, los periódicos, los semanarios o las radios compiten en proporcionar los detalles históricos más interesantes, en encontrar los ángulos más originales o menos conocidos. Pero la mayoría de ellos han vuelto a silenciar uno de los capítulos más horrendos protagonizados por una minoría de los liberadores norteamericanos: la violación de cientos de mujeres francesas, algunas, menores de edad.

Durante décadas, Estados Unidos y Francia han cerrado los ojos ante unos hechos que han marcado y seguirán haciéndolo a las familias de las víctimas, que deben hacer esfuerzos para comprender que los criminales que atacaron a sus madres, novias o primas eran sólo una pequeña parte de los cientos de miles de G.I. (soldados) que tomaron parte en la guerra contra Hitler en Francia y el resto de Europa.

Para esas mujeres y sus familias, El día más largo no es el título de una de las películas que recrean las gestas de los soldados de Eisenhower, sino la jornada que ha marcado sus vidas desde entonces. De junio de 1944 a junio de 1945, los tribunales militares norteamericanos instalados en territorio francés juzgaron a 139 soldados por este delito. De ellos, 68 fueron condenados a cadena perpetua y 22 a pena de muerte. La cifra puede parecer pequeña, pero son recuentos oficiales y no recogen más que el período de un año. Por supuesto, los historiadores añaden que muchas otras víctimas nunca presentaron una denuncia.

Si la historia negra de los soldados Ryan ha empezado a conocerse hace poco es gracias a dos historiadores norteamericanos, Robert Lilly y Mary-Louise Roberts que, cada uno por su lado, han escrito los libros que muchos no han querido ni querrán leer, tanto en su país, como en Francia. Las pocas informaciones que se han publicado estos días sobre estos hechos están sacadas de sus obras: La face caché de los GI’s. Les viols commis par des soldats americains en France, en Angletere et en Allemage, pendant la Second Guerre Mondial, publicada por el sociólogo y criminólogo Lilly en 2003, en Francia, y What soldiers do: Sex and the American G.I. in World War Two France, 1944-1946, la obra de la historiadora Roberts, publicada en 2013.

“Francia, un gran burdel, mujeres fáciles”



Para esta profesora de la Universidad de Wisconsin, existieron violaciones en todas las ciudades donde los soldados norteamericanos estaban estacionados: Reims, Cherburgo, Brest, Le Havre, Caen… El primer crimen sexual contabilizado tiene lugar sólo dos meses después del Desembarco. Como explica Lilly, los protagonistas de las violaciones no eran combatientes de primera línea, sino miembros de unidades de apoyo logístico. La explicación parece simple: los soldados que no participaban directamente en los combates tenían más tiempo libre y estaban sujetos a una menor disciplina una vez la jornada de trabajo había concluido.

Que Estados Unidos haya pasado por alto este macabro capítulo de su historia militar no puede sorprender a nadie. El softpower de Washington, con el arma de Hollywood a la cabeza, ha utilizado la II Guerra Mundial en aras del culto patriótico. La buena guerra, en comparación a la menos gloriosa contienda de Corea o a la humillante derrota de Vietnam, ha sido explicada y explotada desde el punto de vista norteamericano para consumo interno y propaganda hacia el exterior. Las hazañas bélicas de los violadores, contrabandistas, estafadores o traficantes de droga de la US Army no tenían cabida en los guiones cinematográficos, en las tramas de las novelas y, ni siquiera, en los libros de historia.

El verdugo de Texas, especialista en soga

Lilly y Roberts explican los clichés que el imaginario norteamericano había impregnado en los cerebros de sus combatientes. Francia era presentada en la revista militar Stars and Stripes (Barras y Estrellas) como una gran casa de putas, un país erotizado y cuyas mujeres eran “bellas, acogedoras y demostrativas”. Unos estereotipos que se habían generado ya entre los veteranos de la Guerra del 14-18, cuyas exageradas aventuras eróticas en Francia fueron pasando de generación en generación.

Sin duda, los norteamericanos que atravesaban los pueblos y ciudades francesas no estaban acostumbrados a recibir besos y abrazos de las mujeres que veían en ellos a sus liberadores. Basta observar la actitud de los soldados en los documentos de la época. Los historiadores señalan que, en su mayoría, el contingente militar estaba compuesto por soldados que, en palabras de Lilly, no eran “la crême de la crême”. En la mente de los violadores de guerra en Francia no se trataba de humillar a las mujeres de un enemigo ni de castigar a un pueblo resistente al invasor. La violación era, más bien, una recompensa.

Entre los soldados juzgados y los condenados a la horca por violación, una mayoría eran negros. Lilly escribe también que el racismo imperante entonces en Estados Unidos se reflejaba en las decisiones de los tribunales militares. Por el mismo delito, un soldado negro siempre era condenado con más dureza. Además, cuando la denunciante acusaba a un blanco, normalmente la investigación era más rigurosa.

Entre 1944 y 1945, 29 soldados fueron ejecutados en público por delito de violación. 25 eran negros. Mary-Louise Roberts señala que como en Francia sólo se utilizaba el sistema de la guillotina, el ejército USA hizo venir a un verdugo de Texas, especialista en ahorcamiento. El ejército funcionaba, según la profesora, como una extensión del sistema de segregación en vigor en los estados sudistas. Fue el propio General Eisenhower quien ordenó que las ejecuciones fueran públicas, en el lugar de los hechos y con la asistencia de las víctimas, sus familiares y vecinos. Buscaba así calmar la onda de protestas que empezaron a inundar la prensa de la época. Una mancha que no podía permitir que se extendiera a todos los miembros de la llamada “greatest generation”.

“Franceses cornudos y cobardes”



Francia tampoco tenía mucho interés en airear los crímenes algunos de sus salvadores. De Gaulle, privado de protagonismo en el Día D, y sus aliados comunistas, más tarde, prefirieron dedicarse a reescribir la historia juntos y a inventar un pueblo resistente que combatió al lado de sus liberadores. En el Día D sólo tomaron parte unas decenas de franceses. En Francia no es tampoco agradable recordar los estereotipos que los soldados estadounidenses tenían sobre los varones franceses: cornudos, afeminados, nerviosos, irritables, cobardes, incapaces de defender su tierra y controlar a sus mujeres

La Libération echó el velo sobre este capítulo de la historia y sobre otro también doloroso. El bombardeo amigo, las bombas arrojadas por los aliados para debilitar las defensas nazis que provocaron la muerte a 60.000 personas entre 1940 y 1944. Caen, Le Havre, Billancourt, Saint-Etienne, Brest o Royan sorprenden al visitante por tener barrios enteros cuya arquitectura difiere completamente del resto de la ciudad. Es la reconstrucción que oculta las cicatrices de una táctica militar de una época en la que la vida de los civiles extranjeros tenía poca consideración.

Muchas familias francesas no participan de los festejos de estos días; no encuentran ninguna gracia a la pleitesía reservada por los medios de comunicación a la Reina de Inglaterra, al presidente norteamericano de turno o a otros representantes de países que participaron en el Desembarco de Normandía. Para ellos, para las familiares de las víctimas, nunca sirvió de nada celebrar la liberación de un cadáver.


miércoles, 1 de mayo de 2013

Crímenes de guerra del Ejército Rojo


Crímenes de guerra del Ejército Rojo


Los crímenes de guerra del Ejército Rojo (soviético) dan una descripción cabal sobre delitos serios, que violan la ley internacional, cometidos por el mando del Ejército Rojo (1918-1946, más tarde Ejército Soviético) y un número desconocido de miembros de las fuerzas armadas soviéticas durante 1919 - 1990 incluso aquellos en Europa del Este a finales de 1944 y a principios de 1945, en particular asesinatos y violaciones. Ni por cualquier jurisdicción militar internacional el mando del Ejército Rojo o cualquiera de sus miembros han sido acusados alguna vez, tampoco alguno de aquellos ha sido condenado alguna vez de crímenes de guerra por una corte.


Soldado del Ejército Rojo



Antecedentes


El Ejército Rojo fue ideológicamente orientado y adoctrinado a partir de su primer día. Fue creado en 1918 por el régimen soviético comunista a fin de defender el nuevo régimen en la sangrienta Guerra Civil Rusa. León Trotski, padre fundador del Ejército Rojo, usó la propaganda, el adoctrinamiento y el terror despiadado para derrotar al Ejército Blanco. 
A consecuencia de políticas soviéticas que implican hambre intencional, terror, ejecuciones de masas, deportaciones y otras represalias la Guerra Civil Rusa causó bajas entre la población civil. Algunas fuentes declaran que el número de muertos civiles en este conflicto era nueve veces mayor que el dicho oficialmente. Este ejército ejecutó órdenes inmorales.

Las tropas soviéticas que entraron a Alemania y Hungría en 1944, cometieron crímenes de guerra, pillaje, asesinato de civiles, y sobre todo violaciones, que alcanzaron un nivel de proporciones antes desconocidas. El historiador militar como Antony Beevor afirma que los soldados del Ejército Rojo también violaron a mujeres rusas y polacas liberadas de campos de prisioneros.
O.A. Rzheshevsky, profesor y presidente de la Asociación Rusa de Historiadores de la Segunda Guerra Mundial, ha acusado a Beevor de resucitar en la práctica los puntos de vista racistas y desacreditados de los historiadores neonazis, que describieron en su momento a las tropas soviéticas como unas "hordas de infrahombres asiáticos".[1]

A partir de 1941, Stalin condujo la guerra con la brutalidad extrema, incluso contra sus propios soldados.
De acuerdo con las órdenes del alto mando soviético, soldados que se retiraran o hasta soldados que vacilaran en avanzar serían asesinados por unidades de retaguardia de la NKVD : la orden Nª270 de Stalin del 16 de agosto de 1941 declara que en caso de marcha atrás o rendición, se les disparará a todos los oficiales implicados sobre el terreno y a todos los soldados de tropa amenazados con aniquilación total así como represalias posibles contra sus familias.

Estas pruebas fueron encontradas y publicadas por historiadores occidentales después de que algunos archivos soviéticos fueron abiertos al público después de finalizada la Guerra Fría.
Los delitos cometidos por el Ejército Rojo en territorios brutalmente ocupados (Polonia, los países del Báltico, Rumania, Hungría, la República Checa y Eslovenia) entre 1939 y 1941 y las atrocidades continuas de 1944-1949 han estado presentes en el conocimiento histórico de estos países, ya que en ellos fueron cometidos. Sin embargo, una sistemática discusión en público podría comenzar sólo después de la caída de la Unión Soviética. Estas violaciones también sucedieron en los territorios ocupados por fuerzas soviéticas en Manchuria y las Islas Kuriles después de que la Unión Soviética violó su pacto de neutralidad con Japón en 1945.



Soldado Soviético custodia prisionero torturado



Crímenes de guerra

La masacre de Katyn

La masacre de Katyn, también conocida como la masacre del bosque de Katyn (del polaco zbrodnia katyńska,  literalmente  'crimen de Katyn' ) , fue la ejecución en masa de ciudadanos polacos (muchos de ellos oficiales del ejército, hechos prisioneros de guerra) por la Unión Soviética durante la Segunda Guerra Mundial.[2] 
En el curso de la masacre, aproximadamente de 15.000 a 22.000 [3]  polacos fueron asesinados en tres lugares de ejecución masiva del 3 de abril al 19 de mayo de 1940, durante la invasión de Polonia por parte de la Unión Soviética.

Violaciones

Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, con la invasión de los países del este de Europa, se dio la violación de 2.000.000 de mujeres alemanas por soldados soviéticos en su avance por Alemania, de las que un 10% fueron posteriormente asesinadas. [4][5][6] 
Del total, 1.400.000 víctimas eran de las provincias orientales, 500.000 de la zona de ocupación rusa en Alemania y las 100.000 restantes en la capital, Berlín, [7][8][9]  donde hubo más ensañamiento en los días posteriores a la conquista, llegando a violar hasta 70 veces a la misma mujer. [10][11]
En Hungría hubo agresiones similares, así en Budapest fueron violadas por los rusos unas 50.000 mujeres.[12][13] 
También fueron víctimas de violaciones por soldados rusos, aunque resulte paradójico, mujeres de su mismo país que esperaban ansiosamente una liberación que fue en muchos casos peor que su situación previa. Las violaciones también se repitieron en países como Bulgaria, Checoslovaquia, Polonia o Yugoslavia.



Referencias


1 Operación de Berlín en 1945: la discusión continúa
2 KATYŃ. MODUS OPERANDI
3 The Katyn Massacre
4 'They raped every German female from eight to 80'
5 Red Army troops raped even Russian women as they freed them from camps
6 Richard Overy, Russia's War: Blood upon the Snow (1997).
7 Helke Sander and Barbara Johr. BeFreier und Befreite. Krieg, Vegewaltigung, Kinder Fischer Taschenbuch Verlag (2005).
8 Franz W. Seidler y Alfred M. de Zayas. Kriegsverbrechen in Europa und im Nahen Osten im 20. Jahrhundert Hamburg-Berlin-Bonn (2002), (en alemán)
9 Dokumentation der Vertreibung der Deutschen aus Ostmitteleuropa, 5 Bde, 3 Beihefte, Bonn 1953-1961
10 Antony Beevor, Berlin: The Downfall 1945, Penguin Books, 2002.
11 William I. Hitchcock The Struggle for Europe The Turbulent History of a Divided Continent 1945 to the Present.
12 Mark, James "Remembering Rape: Divided Social Memory and the Red Army in Hungary 1944-1945" Past & Present - Number 188, August 2005, pp. 133
13 The worst suffering of the Hungarian population is due to the rape of women. Rapes - affecting all age groups from ten to seventy are so common that very few women in Hungary have been spared." Swiss embassy report cited in Ungváry 2005, p.350. (Krisztian Ungvary The Siege of Budapest 2005)

jueves, 25 de abril de 2013

Violaciones en masa cometidas por el Ejército Rojo


Violaciones en masa cometidas por el Ejército Rojo


Las violaciones en masa cometidas por el Ejército Rojo fueron perversos actos de cometidos por el ejército comunista de la Unión Soviética al finalizar la Segunda Guerra Mundial, que con la invasión por parte de este de los países del Eje, perpetró la violación de 2.000.000 de mujeres alemanas por soldados soviéticos en su avance por el Tercer Reich, de las que un 10% fueron posteriormente asesinadas[1][2][3] 
Del total, 1.400.000 víctimas eran de las provincias orientales, 500.000 de la zona de ocupación rusa en Alemania y las 100.000 restantes en la capital, Berlín[4][5][6], donde hubo más ensañamiento en los días posteriores a la conquista, llegando a violar hasta 70 veces a la misma mujer[7][8]. 
Fueron tales las perversiones cometidas, que muchas de ellas intentaron matar a sus hijas para librarlas, así como la mayoría intentaron cortarse las venas.[9]

En Hungría hubo agresiones similares, así en Budapest fueron violadas por los rusos unas 50.000 mujeres [10][11]. 
También fueron víctimas de violaciones por soldados rusos, aunque resulte paradójico, mujeres de su mismo país, puesto que había sido ocupado anteriormente por los alemanes y esperaban ansiadamente una liberación, y que al final fue en muchos casos peor que su situación previa. Las violaciones también se repitieron en países como Bulgaria, Checoslovaquia, Polonia o Yugoslavia.

Mujeres alemanas violadas y asesinadas por los rojos



Historia de las mujeres alemanas violadas por los rusos soviéticos


"¡Maten! ¡Maten!. En la raza alemana no hay más que mal, ¡ni uno entre los vivos, ni uno entre los aun no nacidos, nada más que mal! Sigan los preceptos del camarada Stalin. Aniquilen a la bestia fascista de una vez por todas en su guarida. ¡Usen la fuerza y rompan el orgullo racial de esas mujeres alemanas! ¡Tómenlas como su botín de guerra! A medida que avancen, maten, nobles soldados del ejército rojo."
Comisario soviético judío Ilya Ehrenburg


Cobardes soldados soviéticos acosan a mujer alemana


Es uno de los dramas más trágicos y ocultos del siglo XX, pero ahora —medio siglo después— el libro de un historiador militar británico logró que muchas mujeres alemanas hablaran de él : los horrores vividos a manos de soldados soviéticos, que perpetraron violaciones en Alemania desde 1945 hasta 1949. La odisea de estas mujeres salió a la luz gracias a Anthony Beevor, cuyo libro Berlín: The Downfall, 1945 (Berlín: La caída, 1945) se convirtió en suceso. En su bestseller, Beevor —un ex soldado británico— usa material inédito de los archivos rusos de Moscú y describe el terrible sufrimiento de unas dos millones de mujeres y niñas alemanas. Entre las víctimas hubo mujeres que llegaron a ser figuras destacadas. Por ejemplo, Hannelore Kohl, esposa del ex canciller Helmut Kohl. La señora Kohl (se suicidó el año 2001) fue violada a los doce años, cuando ella y su mamá no pudieron escapar en un tren que iba a Dresden. El libro de Beevor tuvo una conmovedora recepción de las víctimas, muchas de las cuales viven en Gran Bretaña.
"Me habían ordenado enterrar a unos muchachos de la Juventud Hitleriana cuando ellos me encontraron",  dice Martha Dowsey.  "Seis soldados del Ejército Rojo con las caras tiznadas me tiraron al suelo junto a las tumbas y me violaron, uno tras otro" .  La mujer tiene ahora 81 años. Durante décadas, nunca había encontrado a nadie que creyera lo que le tocó vivir. Por años, se consideró que el Ejército Rojo era un grupo de héroes que había liberado a Alemania de los nacionalsocialistas. Para Martha no fue así.  "Eran agresivos, brutales. Nunca les conté esto a mis hijos;  y mi esposo sólo supo que me había pasado algo horrible.  Tuvo la delicadeza de no preguntar" ,  dice en su casa de un barrio del sur de Londres. Hace muy poco que Martha se armó de valor y habló. Y fue gracias al libro de Beevor.  Las víctimas —a quienes Beevor señala que los rusos consideraban "botín de guerra" con el que compensar los crímenes de la Wehrmacht en Rusia— iban de los 12 a los 80 años de edad o más. Una mujer alemana —Jutte, de Preston— le escribió a Beevor: "Muchas veces quise hablar de eso, pero sabía que nadie me creería o que interpretarían mi historia como un rapto de autocompasión. Lo que usted escribió es una forma de mostrar cómo se puede soportar el sufrimiento."

Una mujer a la que Beevor visitó en Berlín le contó que había matado a un soldado con su arma mientras él trataba de violar a su mamá. "Después —dice Beevor— me di cuenta de que el soldado la había violado a ella y que ella luego había armado la historia y trataba desesperadamente de creerla. " 
En sus cartas, las mujeres confirmaron lo que describe Beevor en el libro en el sentido de que, para evitar correr la misma suerte que sus vecinas, muchas mataron a sus hijas y luego se suicidaron. Para fines de la década de 1940 —las violaciones se sucedieron durante tres años o más— las tropas soviéticas habían sembrado desesperación. Según algunos informes, el 90% de las mujeres berlinesas había contraído enfermedades venéreas. Beevor cita declaraciones de un médico que le dijo que, de las aproximadamente 100.000 mujeres violadas en Berlín, un 10% murió, la mayoría por suicidios. La tasa de mortalidad del casi millón y medio de mujeres violadas en el este de Prusia, Pomerania y Silesia, dice, es más elevada. En el caso de las embarazadas, se estima que el 90% abortó. Las que optaron por seguir con el embarazo, dieron al bebé en adopción porque no soportaban la vergüenza. En 1946, el 3,7% de los niños nacidos en Berlín eran hijos de rusos.

Helke Sander, militante izquierdista alemana y autora de Liberador y liberado, una extensa investigación sobre las mujeres violadas que realizó en 1992, asegura que todavía se sienten las consecuencias. "Hay mujeres que nunca pudieron hablar de esto y cuyos maridos se los prohíben. También están sus hijos, que ahora descubren que son producto de una violación. Finalmente, están los que tratan de averiguar la identidad de sus padres" . 
Berlín: La caída, 1945, despertó indignación en Rusia. El embajador ruso en Gran Bretaña lo calificó de "acto de blasfemia". El libro se publicado en Alemania en setiembre (2002) , y ya le dijeron a Beevor que lo más probable es que desate una tormenta. El diario Die Welt dijo que es "un golpe épico" que revela "una crónica desconocida de las atrocidades cometidas cuando el Ejército Rojo avanzó hacia Berlín" . Luego del revuelo que el libro provocó en Rusia, Beevor está preparado para la posibilidad de que haya un incidente diplomático entre Berlín y Moscú.
 "Es un tema muy delicado, y el gobierno alemán se muestra renuente a desenterrarlo por temor a perjudicar la nueva relación que estableció con Putin y el Kremlin", dice.
También llegará al mercado alemán en momentos en que ese país se encuentra inmerso en un debate sobre la "normalización", mediante el cual trata de abordar su historia de manera más amplia. Die Welt señala que después de "medio siglo de frío interior" durante el cual Alemania trató de reflexionar y expiar su pasado nazi pero prestó muy poca consideración a las penurias que vivieron sus ciudadanos, el libro de Beevor demuestra que, para seguir adelante, los alemanes tienen que evaluar no sólo su papel de verdugos, sino también el de víctimas".


Hordas de "infrahombres" asiáticos


Beevor describió a las tropas soviéticas como "hordas de infrahombres asiáticos". En su libro "Berlín 1945 - La caída" se cita lo siguiente:
"Los temas centrales de esta obra -no por el lugar que ocupan en ella, sino por su amplitud- son cabalmente las brutales atrocidades cometidas por los soldados y oficiales soviéticos contra la población alemana, la resurrección de la imagen de las "hordas asiáticas", que la propaganda alemana martilleó en las cabezas de los alemanes, así como más tarde lo hizo un pequeño grupo de historiadores neonazis, de los que Alemania se separó ya hace tiempo. La principal conclusión del libro, a partir de la cual el autor conduce la totalidad de sus discusiones sobre el tema de las brutales atrocidades cometidas por los militares soviéticos, y especialmente las violaciones de mujeres alemanas, se resume en este párrafo: "La imagen de soldados portando antorchas en llamas encima de rostros de mujeres refugiadas en un bunker, seleccionando a sus víctimas, es característica de la totalidad de los ejércitos soviéticos que participaron en la batalla de Berlín."[12]


Violadas por el ejército ruso


Esta horripilante realidad, jamás al igual que los crímenes cometidos por los nazis o los japoneses podrá ser justificado a los ojos de la historia. La violación sistemática de las mujeres alemanas es sin duda uno de los hechos más negros de la historia contemporánea a la par que menos conocido. Sirva este artículo publicado en el mundo a modo de introducción para ampliar la información e iniciar el topic.
El diario se descubrió entre las ruinas en llamas de Berlín, totalmente arrasada por el choque de dos ejércitos poderosos y desesperados. No había ningún nombre escrito en la portada, pero entre todas las historias de privaciones y luchas, una revelaba el infierno de una guerra que se acercaba a su apocalíptico final. La autora, una joven alemana, describía cómo había sido violada por los soldados del Ejército Rojo, que avanzaba ávido de tomar la ciudad y de vengarse de los alemanes.

"Cierra los ojos, aprieta los dientes, no digas nada", garabateó la mujer, recordando cómo se había inducido al silencio para soportar la agresión. "Pero cuando la ropa interior cae rasgada y los dientes rechinan involuntariamente, la última prenda... Estoy paralizada. No siento asco, sino una completa frialdad. Es como si mi espalda estuviera helada. Estoy mareada, tengo frío en la nuca. Antes de marcharse extrae algo del bolsillo y lo lanza sobre la mesa sin decir palabra; aparta la silla y sale dando un portazo. Ha dejado un paquete de tabaco arrugado. Es la propina".

Ha habido que esperar hasta ahora, 60 años después de que se produjera la violación de esta mujer anónima, para que se conozca la verdadera dimensión de la campaña de violaciones perpetrada por el Ejército Rojo durante la Segunda Guerra Mundial. El escritor británico Antony Beevor, ex oficial del Ejército cuya reconstrucción de la batalla de Stalingrado se convirtió en un éxito de ventas, está a punto de publicar un libro sobre la caída de Berlín. Al buscar entre archivos soviéticos, cuyo acceso había estado vedado a los historiadores hasta hace poco, Beevor descubrió una tormenta de venganzas que le dejó "totalmente consternado".

Se cree que unos dos millones de mujeres fueron violadas, agredidas o asesinadas por los soldados del Ejército Rojo en su avance sobre Alemania, pero el libro de Beevor revelará horrores aún mayores. "Cuando el Ejército Rojo llegó a Berlín, los soldados ya consideraban a las mujeres una especie de botín carnal", afirma. 
Y agregó: "Creían que podían hacer lo que quisieran, ya que estaban liberando Europa".
En algunos casos las mujeres de una calle entera fueron violadas: abuelas, embarazadas, incluso mujeres que se encontraban en su lecho de muerte. Según el representante del Vaticano en Berlín, en octubre de 1945, seis meses después del final de la guerra, miles de mujeres permanecieron semanas escondidas en los tejados para eludir los saqueos y registros de los escuadrones del Ejército Rojo quienes, cuando se emborrachaban, avivaban su apetito sexual.
"Han violado a mujeres de entre 10 y 70 años, e incluso a algunas de hasta 75 años", aseguraba el representante del Vaticano. Beevor ha descubierto aspectos todavía más siniestros: los rusos violaron incluso a reclusas liberadas de los campos de concentración, mujeres esqueléticas, vestidas de harapos. "Esto echa por tierra la idea de que los soldados sólo utilizaron la violación como una forma de venganza contra los alemanes", afirma. Sus comentarios ya han provocado polémica. El embajador ruso en Londres ha acusado al escritor británico de "blasfemar" contra el pueblo ruso. "Es una injuria contra el pueblo que salvó al mundo del nazismo", ha declarado indignado esta semana Grigory Karasin.


También moribundas

En la aldea de Dahlem, recuerda una mujer, "los rusos se colocaron en fila delante de un grupo de mujeres. Ni siquiera se daban cuenta de que algunas estaban agonizando, porque habían ingerido veneno o sufrían hemorragias internas. Los soldados les abrían la boca a la fuerza y las obligaban a tomar bebidas alcohólicas".
Anna Seddig, una joven de Prusia oriental que intentaba escapar de la guerra encinta y con su hijo de un año, Siegfried, fue otra víctima de los rusos. "Una noche, cuando buscábamos un lugar para refugiarnos, nos topamos con un grupo de soldados. Nos iluminaron con una linterna. Uno me dijo: "Te vamos a llevar a un lugar donde podrás pasar la noche. Era un refugio antiaéreo. Ahí me violaron, uno tras otro. Era como si estuviera muerta, tenía calambres por todo el cuerpo. Sientes repugnancia, sólo sientes repugnancia. Éramos blancos legítimos para los rusos. No sé cuántos hombres había, 10, 15...".

Muchos han intentado ocultar lo ocurrido. Cornelius Ryan, autor de The Last Battle, donde narra la caída de Berlín, descubrió que tras publicarse el libro en 1966 algunos editores lo presionaron para que eliminara pasajes como el siguiente: "Mientras continuaba la batalla, se producía otra ofensiva salvaje. Era encarnizada, personal. Las hordas rusas que llegaban tras los disciplinados veteranos del frente exigían el derecho de los conquistadores: las mujeres de los conquistados" . 
Úrsula Roester dormía en el sótano de una casa de Zehlendorf junto con sus padres, sus hijas gemelas de seis años, y Bernard, su hijo de siete meses, cuando cuatro soldados rusos golpearon la puerta con la culata de sus fusiles". Registraron el refugio. Un soldado ruso encontró un frasco de perfume francés. Lo destapó, lo olió y lo derramó sobre su uniforme. Otro encañonó a los padres e hijos de Úrsula y los encerró en el sótano. A continuación, los cuatro se turnaron para violarla".
"Al día siguiente, a eso de las seis de la mañana, Úrsula estaba amamantando a su bebé cuando otros dos soldados rusos entraron en el sótano". Intentó escapar por la puerta con su bebé en brazos. Pero estaba muy débil. Uno de los rusos le quitó el bebé y lo colocó en su cochecito. El otro la miró y sonrió. Ambos la violaron...".
El legado de la campaña de violaciones del Ejército Rojo es imperecedero. Hanna Gerlitz, esposa de un banquero de Berlín, fue violada por seis soldados rusos delante de su marido. "Cuando terminaron", recuerda, "dispararon sus fusiles al aire. Las otras personas que estaban en casa creían que me habían asesinado, hasta que les grité: "Estoy bien. Ya todo ha acabado" . Después tuve que consolar a mi esposo y ayudarlo a recobrar el valor. Lloraba como un niño" .
El viaje hasta este infernal crisol de crueldad ha resultado traumático para Beevor, y le ha hecho pensar: "He llegado a la conclusión de que ante la falta de disciplina militar un hombre armado, deshumanizado tras dos o tres años de guerra, se convierte en la mayoría de los casos en un violador en potencia".


Referencias

1 'They raped every German female from eight to 80'
2 Red Army troops raped even Russian women as they freed them from camps
3 Richard Overy, Russia's War: Blood upon the Snow (1997).
4 Helke Sander and Barbara Johr. BeFreier und Befreite. Krieg, Vegewaltigung, Kinder Fischer Taschenbuch Verlag (2005), ISBN 3-596-16305-6
5 Franz W. Seidler and Alfred M. de Zayas. Kriegsverbrechen in Europa und im Nahen Osten im 20. Jahrhundert Hamburg-Berlin-Bonn (2002), ISBN 3-8132-0702-1 (German)
6 Dokumentation der Vertreibung der Deutschen aus Ostmitteleuropa, 5 Bde, 3 Beihefte, Bonn 1953-1961
7 Antony Beevor, Berlin: The Downfall 1945, Penguin Books, 2002, ISBN 0-670-88695-5
8 William I. Hitchcock The Struggle for Europe The Turbulent History of a Divided Continent 1945 to the Present ISBN 978-0-385-49799-2 (0-385-49799-7), see also from chapter one
9 Antony Beevor publica el libro: "Berlín" sobre el final de la II Guerra Mundial
10 Mark, James "Remembering Rape: Divided Social Memory and the Red Army in Hungary 1944-1945" Past & Present - Number 188, August 2005, pp. 133
11 "The worst suffering of the Hungarian population is due to the rape of women. Rapes - affecting all age groups from ten to seventy are so common that very few women in Hungary have been spared." Swiss embassy report cited in Ungváry 2005, p.350. (Krisztian Ungvary The Siege of Budapest 2005)
12  Beevor, Antony. Berlín 1945 - La caída, pág. 326.

Fuentes

Diario Clarín (Argentina), 4 de julio de 2002
El Mundo, 3 de febrero de 2002