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viernes, 19 de julio de 2019

Wernher von Braun El Científico Nazi Que Nos Llevó A La Luna

Wernher von Braun El Científico Nazi Que Nos Llevó A La Luna

Wernher von Braun, uno de los ingenieros fabricantes de armas para el ejército nazi, soñaba con conquistar el espacio. Tras la guerra, Estados Unidos lo reclutó para trabajar en la tecnología que llevó a la humanidad a la Luna en 1969.




La historia oficial nos cuenta que el 30 de abril de 1945 Adolf Hitler se disparó en la cabeza en su búnker de Berlín. Este suceso desencadenó el fin de la guerra en Europa el 7 de mayo.

Desde que los ejércitos de las fuerzas aliadas desembarcaron primero en Sicilia, el 9 de julio de 1943, y luego el 6 de junio de 1944, en las costas del norte de Francia, se empezó a redactar una larga lista de órdenes de captura en contra de los benefactores del régimen nazi. Algunos de ellos, oficiales de alto rango y prominentes empresarios alemanes, fueron juzgados y condenados en los juicios de Núremberg, entre 1945 y 1946. Sin embargo, había otros personajes que, por razones militares y económicas, eran más valiosos en suelo estadounidense que en alguna cárcel.

Terminada la guerra, empezaba otro conflicto ideológico y político entre las dos potencias nacientes: Estados Unidos y la Unión Soviética. Para ninguno de los dos bandos era desconocido que los alemanes habían logrado avances sobresalientes en tecnologías militares, como la propulsión y la cohetería. Muestras de ello fueron el Messerschmitt 262 (llamado también, la golondrina), el primer avión de combate del mundo que utilizaba motores a reacción (contrario a los aviones de hélice característicos de este período), y los Vergeltungswaffe 2 (o cohetes V2), los primeros misiles balísticos de largo alcance.

La misión era clara en el papel: aparte de capturar a los "criminales de guerra" como Josef Mengele o Adolf Eichmann para llevarlos ante la "justicia", era necesario encontrar a las mentes de las armas secretas de guerra alemanas para hacerse con sus servicios.

Después de varias iniciativas y misiones de inteligencia, en noviembre de 1945 el presidente estadounidense Harry Truman autorizó la versión final de la Operación Paperclip (sujetapapeles), un programa secreto llevado a cabo por la Agencia de Inteligencia de Objetivos Conjuntos (JIOA, por sus siglas en inglés), que se proponía encontrar a científicos alemanes, limpiar su historial y expatriarlos hacia Estados Unidos.

Una de las fuentes de información era un documento que cayó en manos aliadas denominado la lista Osenberg, redactada en 1943 por los nazis para identificar a científicos e ingenieros alemanes que pudieran contribuir a la guerra. Cuando la lista llegó a manos del mayor Robert Staver, oficial de inteligencia y jefe de la División de Propulsión del Ejército estadounidense, se marcó como objetivo prioritario a Wernher von Braun, el ingeniero a cargo de la fabricación de los cohetes V2.



Desde niño, los libros de ciencia y ciencia ficción despertaron su curiosidad por los cohetes y los viajes al espacio. A principios de la década de 1930, von Braun pudo mostrarles a algunos oficiales del Ejército alemán sus prototipos de cohetes.

Impresionados, le ofrecieron trabajar para ellos en secreto, a cambio de patrocinar sus estudios universitarios. Así logró doctorarse en física e ingeniería aeroespacial. A continuación, von Braun se alistó en el Ejército para continuar su trabajo como ingeniero de cohetes, un trabajo que en aquella época de crisis solamente podía ser financiado por el gobierno. Meses después, Hitler subió al poder y las tornas cambiarían para el ingeniero. En vez de construir cohetes para ir al espacio, debería construirlos para atacar a los enemigos de Alemania.

A comienzos de la Segunda Guerra Mundial, el alto mando del Ejército alemán le dio la tarea a von Braun de fabricar un cohete para atacar objetivos militares desde grandes distancias. Para esta misión secreta, el ingeniero y su equipo fueron destinados a una instalación militar subterránea en la isla de Peenemünde, ubicada al norte del país, a orillas del mar Báltico.

Después de años de trabajo, el resultado dejó fascinado al mismísimo Hitler. Denominado comúnmente V2, era un misil balístico de 15 metros de longitud y 15 toneladas de peso, una de ellas dedicada solo a material explosivo. Se calculaba que tenía un alcance de 300 kilómetros y una precisión sobresaliente para la época. Se calcula que alrededor de mil cohetes V2 surcaron los cielos europeos y dejaron al menos unas 20.000 víctimas mortales en Inglaterra y Bélgica.

El desarrollo del primer misil balístico de largo alcance del mundo era una razón suficiente para que Wernher von Braun fuera una prioridad para la inteligencia militar norteamericana. Con la proximidad del Ejército rojo a finales de 1944, Wernher von Braun y sus científicos de confianza se mudaron de Peenemünde para evitar ser capturados por los soviéticos. A principios de 1945 después del fracaso de la contraofensiva de las Ardenas, en los bosques de Bélgica, era evidente que la guerra estaba perdida y muchos científicos alemanes comenzaron a buscar opciones para mejorar su futuro. Un día después del suicidio de Hitler, von Braun y su grupo de colaboradores se contactaron con los soldados estadounidenses y se entregaron.



Como parte de la Operación Paperclip, alrededor de mil científicos alemanes fueron llevados a trabajar a Estados Unidos en diferentes proyectos (como el proyecto Manhattan, que dio origen a la bomba atómica que terminó la guerra en el Pacífico), incluidos Wernher von Braun y un grupo de alrededor de 150 de sus colaboradores directos. A pesar de su afiliación a las SS (Schutzstaffel) desde 1937, el Ejército estadounidense se encargó de encontrar y limpiar su historial para que pudiera emigrar sin complicaciones legales a Estados Unidos.

Era mejor tener en las filas del Ejército estadounidense a un genio nazi que fabricaba cohetes que condenarlo a prisión. Los rusos también tenían al ingeniero en su lista, y aunque se lo ganaron los estadounidenses, se calcula que el Ejército ruso logró hacer prisioneros al menos a 2.000 científicos y técnicos alemanes que puso al servicio del comunismo durante la Guerra Fría entre ellos a Helmut Gröttrup colaborador de Von Braun y quien diseño el Cohete R-1 para los rusos que fue de gran contribución al desarrollo del programa espacial soviético.

Von Braun fue trasladado por un tiempo a Nuevo México, hasta que finalmente se le destinó designado a Huntsville, Alabama, para trabajar directamente con el Ejército, y después, con la recién creada Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio (NASA).

Era el inicio de su sueño. Al principio, los esfuerzos de von Braun por desarrollar un cohete que viajara al espacio no fueron bien canalizados por las autoridades administrativas del país. Sin embargo, un detonante llegó el 4 de octubre de 1957, cuando toda la nación veía por televisión cómo los rusos habían ubicado el primer satélite artificial en la órbita terrestre: el Sputnik 1. El país estaba indignado, y se indignó aun más cuando dos meses después, el 6 de diciembre, el cohete Vanguard explotaba en la plataforma de lanzamiento sin lograr poner en órbita el primer satélite estadounidense. Después, el 31 de enero de 1958, un cohete de von Braun transportó satisfactoriamente hasta la órbita terrestre al Explorer 1, el primer satélite artificial estadounidense. Huntsville lo celebró en grande, y el alemán era el hombre del momento. Incluso, ocupó la portada de la revista “Time” del 17 de febrero con el título Missileman (El hombre de los misiles).

El sueño de Wernher von Braun iba más allá, y después de fabricar cohetes con aplicaciones militares, su meta era construirlos para llevar personas al espacio. Sin embargo, la política del presidente Dwight Eisenhower se limitaba al transporte y posicionamiento de satélites y otros instrumentos en el espacio, no al transporte humano. Nuevamente, los rusos le dieron un empujón a las ilusiones de von Braun, cuando el cosmonauta ruso Yuri Gagarin orbitó por cerca de dos horas la Tierra a bordo de la nave Vostok 1. Los rusos no solo habían sido los primeros en enviar un objeto a la órbita terrestre, sino en enviar a un hombre y traerlo de regreso a la Tierra.

Wernher von Braun encontró la carta perfecta para justificar sus ambiciones de llevar a un hombre al espacio a bordo de uno de sus cohetes: el miedo. En una intervención ante el Congreso argumentó que los rusos tenían la intención no solo de conquistar el planeta, sino también el espacio que lo rodea.



En mayo de 1961, el presidente John Kennedy en una famosa alocución dijo: “Creo que esta nación debería comprometerse a lograr el objetivo, antes de que termine esta década, de llevar un hombre a la Luna y regresarlo a salvo a la Tierra”. Solo había un hombre capaz de llevar a una persona hasta donde nadie había llegado, y ese era Wernher von Braun. Veinte años después de construirle cohetes a Hitler, von Braun y su equipo volvieron a hacer lo que sabían hacer. Cuando en septiembre de 1962 Kennedy visitó al científico alemán, conoció los planos de un gigantesco cohete: de tres fases denominado Saturno V. El presidente abandonó el lugar seguro de que antes del final de la década vería a un astronauta pisando el suelo lunar.

Puede uno imaginar que el día más importante de la vida de von Braun fue el 16 de julio de 1969. El día en que esperaba materializar todos sus sueños de niño, y todos sus esfuerzos como ingeniero. Ese día, Cerca de un millón de personas en las afueras del Centro Espacial Kennedy, en Florida, y muchas más alrededor del mundo a través de sus televisores, observaban como en el complejo de lanzamiento 39 se ubicaba el titánico Saturno V, cuya misión era sacar a los tres astronautas del Apolo 11 de la Tierra y llevarlos más allá de la órbita terrestre. Aquella mañana, el científico alemán estaba tranquilo y sonriente. A la 1:32 p.m. el intercomunicador del centro espacial señalaba: “10, 9, arranque de la secuencia de encendido, 6, 5, 4, 3, 2, 1, 0. Todos los motores en marcha. Despegue, tenemos despegue, 32 minutos pasada la hora, despega el Apolo 11”.



El potente cohete ingeniado por un antiguo oficial nazi se separaba del suelo y consumía su combustible para acelerar el Apolo 11 a más de 11.000 metros por segundo con dirección al cielo, ese que von Braun había apreciado con fascinación desde niño. Cuatro días después, el 20 de julio, el mundo presenció el primer alunizaje.

Aunque el gobierno norteamericano no continuó su programa espacial como el ingeniero alemán lo proyectaba, enviando astronautas a Marte y a Titán una de las lunas de Saturno, no es descabellado decir que si hace cincuenta años llegamos a la Luna fue porque un hombre trabajó para ello toda su vida. El 16 de julio de 1969, el cohete de Wernher von Braun convirtió la ficción en realidad y nos puso a imaginar la conquista de otros mundos.

jueves, 6 de junio de 2019

El lado más oscuro del Día D

El lado más oscuro del Día D

Las violaciones a las mujeres francesas



Violaciones en grupo de mujeres francesas, sexo en lugares públicos ante los niños… Algunos de los soldados norteamericanos que participaron en el desembarco estaban convencidos de que las francesas eran chicas fáciles. El alto mando estadounidense les había vendido el Día D como una aventura erótica. Casi la mitad de los acusados por violación fueron ahorcados en público por las autoridades militares norteamericanas. De ellos, la mayoría eran negros.

Los medios de comunicación franceses llevan semanas preparando el 75º aniversario del desembarco en Normandía, del inicio del fin del dominio nazi sobre territorio europeo. Las televisiones, los periódicos, los semanarios o las radios compiten en proporcionar los detalles históricos más interesantes, en encontrar los ángulos más originales o menos conocidos. Pero la mayoría de ellos han vuelto a silenciar uno de los capítulos más horrendos protagonizados por una minoría de los liberadores norteamericanos: la violación de cientos de mujeres francesas, algunas, menores de edad.

Durante décadas, Estados Unidos y Francia han cerrado los ojos ante unos hechos que han marcado y seguirán haciéndolo a las familias de las víctimas, que deben hacer esfuerzos para comprender que los criminales que atacaron a sus madres, novias o primas eran sólo una pequeña parte de los cientos de miles de G.I. (soldados) que tomaron parte en la guerra contra Hitler en Francia y el resto de Europa.

Para esas mujeres y sus familias, El día más largo no es el título de una de las películas que recrean las gestas de los soldados de Eisenhower, sino la jornada que ha marcado sus vidas desde entonces. De junio de 1944 a junio de 1945, los tribunales militares norteamericanos instalados en territorio francés juzgaron a 139 soldados por este delito. De ellos, 68 fueron condenados a cadena perpetua y 22 a pena de muerte. La cifra puede parecer pequeña, pero son recuentos oficiales y no recogen más que el período de un año. Por supuesto, los historiadores añaden que muchas otras víctimas nunca presentaron una denuncia.

Si la historia negra de los soldados Ryan ha empezado a conocerse hace poco es gracias a dos historiadores norteamericanos, Robert Lilly y Mary-Louise Roberts que, cada uno por su lado, han escrito los libros que muchos no han querido ni querrán leer, tanto en su país, como en Francia. Las pocas informaciones que se han publicado estos días sobre estos hechos están sacadas de sus obras: La face caché de los GI’s. Les viols commis par des soldats americains en France, en Angletere et en Allemage, pendant la Second Guerre Mondial, publicada por el sociólogo y criminólogo Lilly en 2003, en Francia, y What soldiers do: Sex and the American G.I. in World War Two France, 1944-1946, la obra de la historiadora Roberts, publicada en 2013.

“Francia, un gran burdel, mujeres fáciles”



Para esta profesora de la Universidad de Wisconsin, existieron violaciones en todas las ciudades donde los soldados norteamericanos estaban estacionados: Reims, Cherburgo, Brest, Le Havre, Caen… El primer crimen sexual contabilizado tiene lugar sólo dos meses después del Desembarco. Como explica Lilly, los protagonistas de las violaciones no eran combatientes de primera línea, sino miembros de unidades de apoyo logístico. La explicación parece simple: los soldados que no participaban directamente en los combates tenían más tiempo libre y estaban sujetos a una menor disciplina una vez la jornada de trabajo había concluido.

Que Estados Unidos haya pasado por alto este macabro capítulo de su historia militar no puede sorprender a nadie. El softpower de Washington, con el arma de Hollywood a la cabeza, ha utilizado la II Guerra Mundial en aras del culto patriótico. La buena guerra, en comparación a la menos gloriosa contienda de Corea o a la humillante derrota de Vietnam, ha sido explicada y explotada desde el punto de vista norteamericano para consumo interno y propaganda hacia el exterior. Las hazañas bélicas de los violadores, contrabandistas, estafadores o traficantes de droga de la US Army no tenían cabida en los guiones cinematográficos, en las tramas de las novelas y, ni siquiera, en los libros de historia.

El verdugo de Texas, especialista en soga

Lilly y Roberts explican los clichés que el imaginario norteamericano había impregnado en los cerebros de sus combatientes. Francia era presentada en la revista militar Stars and Stripes (Barras y Estrellas) como una gran casa de putas, un país erotizado y cuyas mujeres eran “bellas, acogedoras y demostrativas”. Unos estereotipos que se habían generado ya entre los veteranos de la Guerra del 14-18, cuyas exageradas aventuras eróticas en Francia fueron pasando de generación en generación.

Sin duda, los norteamericanos que atravesaban los pueblos y ciudades francesas no estaban acostumbrados a recibir besos y abrazos de las mujeres que veían en ellos a sus liberadores. Basta observar la actitud de los soldados en los documentos de la época. Los historiadores señalan que, en su mayoría, el contingente militar estaba compuesto por soldados que, en palabras de Lilly, no eran “la crême de la crême”. En la mente de los violadores de guerra en Francia no se trataba de humillar a las mujeres de un enemigo ni de castigar a un pueblo resistente al invasor. La violación era, más bien, una recompensa.

Entre los soldados juzgados y los condenados a la horca por violación, una mayoría eran negros. Lilly escribe también que el racismo imperante entonces en Estados Unidos se reflejaba en las decisiones de los tribunales militares. Por el mismo delito, un soldado negro siempre era condenado con más dureza. Además, cuando la denunciante acusaba a un blanco, normalmente la investigación era más rigurosa.

Entre 1944 y 1945, 29 soldados fueron ejecutados en público por delito de violación. 25 eran negros. Mary-Louise Roberts señala que como en Francia sólo se utilizaba el sistema de la guillotina, el ejército USA hizo venir a un verdugo de Texas, especialista en ahorcamiento. El ejército funcionaba, según la profesora, como una extensión del sistema de segregación en vigor en los estados sudistas. Fue el propio General Eisenhower quien ordenó que las ejecuciones fueran públicas, en el lugar de los hechos y con la asistencia de las víctimas, sus familiares y vecinos. Buscaba así calmar la onda de protestas que empezaron a inundar la prensa de la época. Una mancha que no podía permitir que se extendiera a todos los miembros de la llamada “greatest generation”.

“Franceses cornudos y cobardes”



Francia tampoco tenía mucho interés en airear los crímenes algunos de sus salvadores. De Gaulle, privado de protagonismo en el Día D, y sus aliados comunistas, más tarde, prefirieron dedicarse a reescribir la historia juntos y a inventar un pueblo resistente que combatió al lado de sus liberadores. En el Día D sólo tomaron parte unas decenas de franceses. En Francia no es tampoco agradable recordar los estereotipos que los soldados estadounidenses tenían sobre los varones franceses: cornudos, afeminados, nerviosos, irritables, cobardes, incapaces de defender su tierra y controlar a sus mujeres

La Libération echó el velo sobre este capítulo de la historia y sobre otro también doloroso. El bombardeo amigo, las bombas arrojadas por los aliados para debilitar las defensas nazis que provocaron la muerte a 60.000 personas entre 1940 y 1944. Caen, Le Havre, Billancourt, Saint-Etienne, Brest o Royan sorprenden al visitante por tener barrios enteros cuya arquitectura difiere completamente del resto de la ciudad. Es la reconstrucción que oculta las cicatrices de una táctica militar de una época en la que la vida de los civiles extranjeros tenía poca consideración.

Muchas familias francesas no participan de los festejos de estos días; no encuentran ninguna gracia a la pleitesía reservada por los medios de comunicación a la Reina de Inglaterra, al presidente norteamericano de turno o a otros representantes de países que participaron en el Desembarco de Normandía. Para ellos, para las familiares de las víctimas, nunca sirvió de nada celebrar la liberación de un cadáver.


viernes, 8 de junio de 2018

Alemania tuvo la oportunidad de ganar en el Día D

Alemania tuvo la oportunidad de ganar en el Día D 




Conservadoramente las oportunidades de victoria para Alemania se dieron —como se ha dicho— en los primeros tres años de la contienda. Sin embargo, en la batalla decisiva de Normandía, en 1944, aún se encuentran circunstancias que daban una oportunidad más para un cambio radical.
El general Eisenhower, comandante de las fuerzas aliadas, redactó un documento en el que mencionaba que la invasión de Europa, necesaria para derrotar a Alemania, podría fallar. En tal caso, decía, él asumía la responsabilidad. Es decir, no las tenía todas consigo. Otros comandantes veían tal invasión como "una aventura".
Mediante el espionaje, los aliados conocían la ubicación de todas las divisiones alemanas en la costa de Europa. En cambio, Alemania no tenía información para saber en qué punto ocurriría el ataque. Los puntos probables se situaban a lo largo de 280 kilómetros, desde Calais y Dunquerque (en el noreste) hasta Cherburgo en el suroeste.
Los aliados concentraron en Inglaterra dos millones de combatientes para la invasión de Europa, avanzar hasta Alemania y vencerla. Churchill había soñado con esa invasión desde 1942, pero Inglaterra sola no podía realizarla. Se necesitó esperar dos años más para contar con todo el poderío de Estados Unidos. Así se habían juntado dos millones de ingleses, canadienses, australianos, africanos, americanos, etc.
Toda Europa sabía que la invasión iba a ocurrir, pero no en qué punto y en qué fecha. Esto era un secreto guardado estrechamente por los aliados. Durante cuatro meses se prohibió que la población de Inglaterra viajara libremente dentro de su territorio. Los diplomáticos extranjeros ni siquiera podían enviar sus tradicionales valijas a sus respectivos países.
El general Frederick Morgan, jefe del Estado Mayor del Mando Supremo Aliado, escribió: "Sólo con que el enemigo consiga saber el lugar de la zona de ataque con 48 horas de antelación, las posibilidades de éxito serán pequeñas. Cualquier aviso con mayor antelación significaría una derrota segura."
En la primera ola de los atacantes irían tropas fogueadas que ya habían combatido en África, Sicilia e Italia.
Consecuentemente para los alemanes era vital tener una idea más o menos aproximada del sitio, o los sitios, donde se iniciara la invasión.
Con semanas de anticipación, Hitler dijo que la invasión ocurriría en las playas de Normandía. El Estado Mayor General, con apoyo en la ciencia militar, decía que no. Que la invasión sería en el Paso de Calais. En este punto los invasores sólo tendrían que cruzar 50 kilómetros de mar, en tanto que en Normandía serían 250.




El mariscal Rundstedt, calificado estratega que ya en la Primera Guerra Mundial había sido oficial de Estado Mayor, era el jefe supremo alemán en Francia. Tenía a su mando al general Salmuth, comandante del 15o ejército, en la zona de Calais, y al mariscal Rommel, comandante del 70 ejército de la zona de Normandía. Pues bien, Von Rundsted dice: "Hitler continuaba machacando en la creencia y demandaba más y más refuerzos para Normandía. Nosotros, los generales, nos basábamos sobre la línea de nuestra educación militar regular, mientras que Hitler lo hacía, como siempre, basándose en su intuición."
¿Puede la alta preparación académica creer en intuiciones? Claro que no. Y así fue que el 15o ejército, de la zona de Calais, era mucho más fuerte que el 70, de la zona de Normandía.


El 5 de junio dos expertos lograron descifrar un mensaje de Londres, supuestamente dirigido a los saboteadores de la Resistencia francesa, para que empezaran a destruir puentes, empalmes ferroviarios, etc., lo cual se interpretó como señal de que la invasión empezaría al día siguiente. Rundstedt fue informado de esto y se burló diciendo: "¡Va el General Eisenhower a anunciar la invasión por la BBC de Londres!"... De todos modos, en Calais se dio la alarma máxima, en tanto que en Normandía se demoró varias horas.


Y la invasión empezó en Normandía, en las primeras horas del 6 de junio.
El mariscal Von Rundstedt quiso consultarle a Hitler si las dos divisiones que tenía en París las enviaba a Normandía, pero el general Jodl le contestó que no quería despertar a Hitler, ya que podría tratarse sólo de una "finta". Rundstedt no insistió, pero tampoco movió sus dos divisiones bajo su propia responsabilidad, dada la emergencia. Pasaron diez horas hasta que Hitler ordenó que tales divisiones marcharan hacia Normandía. Cornelius Ryan dice que Von Rundstedt menospreciaba "al Cabo Hitler." Y Liddell Hart comenta: "Lo que sí es cierto es que Rundstedt sufría fatiga, tanto corporal como mental." (Tenía 69 años de edad).




En cuanto a los aliados, pasaron horas y días en que las operaciones se inclinaban alternativamente entre un prometedor avance o la derrota. Las fuerzas británicas y canadienses avanzaron quince kilómetros hasta la región de Caen, pero al llegar las divisiones alemanas 12a Hitler Jugend SS y la Lehr (que retenía Von Rundstedt en París), fueron obligadas a retroceder en desorden hasta la playa.
Otro punto crítico fue en Omaha (Normandía), donde los americanos tuvieron muchas bajas. Corrió el rumor de que las bajas podrían llegar a ser del 90% y muchos combatientes "se quedaron atónitos y desmoralizados". Al general Bradley le llegaron noticias de que en una división estaban "contagiados de un temor patológico". El coronel George Taylor dijo: "En esta playa hay dos clases de hombres: los muertos y los que van a morir. Ahora salgamos de este infierno... Algunos parecían muertos, pero picándoles la espalda o dándoles un puntapié se veía que estaban vivos. ¡Estaban aterrorizados! El sargento Pilck pensaba que mejor lo hicieran prisionero porque la invasión había fracasado." 
El general Theodore Roosevelt, hijo del ex presidente Teddy, fue el primer general que bajó en Normandía y encontró un caos. Cinco días después murió de paro cardíaco. Del total de bajas un 13% eran casos psiquiátricos, atendidos por el Servicio de Psiquiatría de los Centros de Agotamiento de cada ejército y de cada Cuerpo de Ejército.



En fin, la lucha fue tremenda y los aliados consiguieron consolidar varias cabezas de playa, concentrar tanques, artillería, etc., y marchar tierra adentro. No fueron echados al mar porque las divisiones alemanas SS se encontraban ubicadas lejos de la playa. Algunas tardaron 4 días en llegar, y otras 10,16 y hasta 24 días. ("Un minuto perdido ni la eternidad lo devuelve.")
El 7o ejército (de Normandía) completaba sus efectivos con ex prisioneros rusos o hindúes (estos últimos traídos de África por el mariscal Rommel).
El 15o ejército, más poderoso, se había ubicado en el Paso de Calais, donde no hubo invasión.
O sea que la intuición de Hitler, de que la invasión sería en Normandía, se desperdició totalmente.
El famoso coronel Otto Skorzeny, que estudió de cerca la batalla de Normandía, opinó que la invasión tuvo un margen mínimo entre el fracaso y el éxito.
Fue la tercera y última oportunidad que tuvo Alemania de ganarla guerra.

El Día-D. Will Powler. Edit. Libsa. 2004. 12

Tomado de Alemania pudo vencer - Salvador Borrego E.

sábado, 8 de junio de 2013

La Invasión Aliada de Europa Occidental

La Invasión Aliada de Europa Occidental


Mapa Invasión a Normandia




Después de la conferencia de Teherán, en la que Stalin le dijo a Roosevelt que el ejército rojo se hallaba exhausto y que no podría sostenerse si no se abría un frente más contra Alemania, Roosevelt y Churchill activaron los preparativos le la invasión angloamericana de Francia. 
Esta operación se denominado "segundo frente", pero en realidad había ya seis frentes terrestres contra Alemania: el de Rusia, el de los Balcanes, el de Italia y el de guerrilleros y saboteadores en las zonas ocupadas, más los frentes aéreos y navales. Roosevelt quería que la invasión se realizara en 1943, pero Churchill logró frenarlo porque entonces había en Francia más de 12 divisiones alemanas móviles. 
Se decidió que para iniciar el desembarque se requería que Hitler no pudiera llevar de otro frentes más de 15 divisiones en un plazo de dos meses. 

Los acontecimientos posteriores demostraron que ese cálculo era correcto. En el momento del desembarque las fuerzas aliadas sólo podían hacer frente a un máximo de 12 divisiones alemanas de maniobra, y a no más de 27 en los meses siguientes. Churchill dice que si la operación se hubiera intentado en 1943, como Roosevelt quería, "nos habría llevado a una sangrienta derrota de primera magnitud, con incalculables reacciones sobre el resultado de la guerra". 
Las fuerzas angloamericanas de invasión agrupaban en 1944 todo el poderío armado de que disponían las potencias occidentales consistente en 91 divisiones (60 norteamericanas, 14 británicas, 5 canadienses, 11 francesas en el exilio y una polaca). Quince de las 60 divisiones norteamericanas eran blindadas y contaban con 4,155 tanques. Las 91 divisiones aliadas disponían en total de 12,000 cañones. Y llevaban para su abastecimiento y transporte a través de Francia cuarenta mil vehículos, mil locomotoras nuevas y veinte mil furgones y carrostanque. Dos puertos prefabricados, con rompeolas artificiales, fueron remolcados hasta la costa francesa. 

Es un hecho poco conocido que no obstante los cinco años que Alemania llevaba en guerra, se requirió que Roosevelt y Churchill lanzaran todos los recursos que movilizaron y que transcurrieran ocho meses de combate para anular los avances que el ejército alemán logró en 42 días durante la campaña de 1940 en el frente occidental. El esfuerzo aliado fue tan grande que el teniente coronel Carl T. Schmidt dice que: "en Estados Unidos no quedaban tropas de reserva como tales, sólo reemplazos".  
Y el coronel Richard E. Weber, instructor norteamericano de artillería, afirma que "al terminar la guerra mundial segunda habíamos .llegado hasta el tope en busca de recursos humanos".  

El jefe del Estado Mayor General norteamericano, general George C. Marshall, dice asimismo: "A pesar de que dos tercios del ejército alemán estaban comprometidos en la lucha del frente ruso, nuestro país tuvo que emplear todos sus hombres idóneos a fin de hacer la parte que le tocaba".  
A primera vista puede parecer inexplicable por qué Alemania (con 80 millones de habitantes) sostenía 176 divisiones en el frente ruso y 133 en otros frentes, y en cambio Estados Unidos (con 140 millones de habitantes) agotaba su potencial bélico empleando 60 divisiones en la invasión de Europa.  
Y la Gran Bretaña (con 40 millones de ingleses) sólo aportaba 14 divisiones para ese frente primordial. La explicación de este desproporcionado esfuerzo consiste en que los pueblos occidentales no querían la guerra ajena a la cual se les empujaba para salvar a la URSS. Y como la oposición era latente, fue necesario hacer una selección rigurosa, garantizar un bienestar muy alto a los enrolados y sobrecargar en exceso los abastecimientos. Es natural que todo esto impidiera que el número de combatientes fuera mayor. 

En la primera guerra mundial el soldado norteamericano disponía de una ración diaria de 1.9 kilogramos; en la segunda, de 3.1 kilogramos, En la primera guerra, por cada cien norteamericanos en el frente había 274 en los servicios de apoyo; en la segunda, por cada 100 combatientes había 400 hombres suministrándoles equipo y confort (Estados Unidos movilizó un total de 12 millones trescientos mil hombres). 
En 1943 sólo operaban 4 divisiones norteamericanas contra los japoneses, reforzadas con 6 divisiones australianas.


El Tte. Coronel Schmidt dice significativamente: "Parecíamos sentir que la lealtad no podía ganarse a no ser que el Ejército actuara paternalmente hacia ellos y pusiera su comodidad personal sobre todo lo demás". Cuando la división SS "Das Reich" capturó unas cocinas americanas, los soldados alemanes se quedaron sorprendidos. "Ignoraban —dice uno de ellos— que pudieran existir comidas tan de ensueño para soldados en el frente". 
Roosevelt otorgó 2.800,818 condecoraciones para alentar la moral de las tropas, o sea más del doble que el número de los soldados que participaron en acciones de guerra. Y a fin de hacer menos duras condiciones del combate, a cada división se le asignaron 700 toneladas diarias de abastecimiento, equivalentes a tres veces y medio el abastecimiento de cada división alemana en tiempos normales. 
En consecuencia, el esfuerzo logístico en el frente aliado de invasión ascendía a la enorme suma de 63,000 toneladas diarias. Todo esto era apoyo para la moral, pero aun así el soldado sentía estar librando una guerra innecesaria y frecuentemente ocurrió que un 25% de las bajas fueran ocasionadas por neurosis. Los hospitales atendieron un millón de casos neurosiquiátricos. 


Tropas Norteamericanas desembarcando en Normandia tras ser asegurada

Como jefe de las 91 divisiones aliadas se hallaba el general  Eisenhower, descendiente de una familia judía que en el siglo XVIII había emigrado de Alemania debido a la hostilidad que los judíos sufrían por parte de los nacionalistas alemanes. Jacobo Eisenhower y la pequeña Rebeca crecieron y se casaron en Estados Unidos y fueron los abuelos de Dwight , que en el siglo XX habría de regresar a Alemania como vengador de sus antepasados. 

Esas 91 divisiones contaban además con una poderosa quinta columna en Francia para facilitarles el avance. Los franceses comunistas, degaullistas y giraudistas se unificaron poco antes de la invasión y organizaron 900 grupos de saboteadores, espías y guerrilleros. Desde 1942 los aviones aliados arrojaban equipo bélico a ese movimiento de resistencia, que para 1944 ya tenía de sesenta mil a noventa mil enrolados. 
Recién iniciada la invasión, los alemanes capturaron el puesto de comando de un Cuerpo Americano y se quedaron sorprendidos al encontrar ahí un mapa en el que figuraban todos los dispositivos alemanes de defensa, con líneas de comunicaciones, cuarteles, etc. 
El propio general Eisenhower escribió: "Los hombres de Francia libre habían sido de valor inestimable en la campaña en toda Francia. Estuvieron particularmente activos en Bretaña; pero en cada porción del frente obtuvimos la ayuda de ellos en múltiples formas. Sin ella, la liberación de Francia y la derrota del enemigo en el Occidente de Europa habría costado muchísimo más". 

La noche del 5 al 6 de junio de 1944 llovieron 11,000 toneladas de bombas sobre los contingentes alemanes en la costa francesa de Normandía, en tanto que las flotas inglesa y norteamericana se aproximaban a la costa y con el fuego de sus cañones protegían el desembarque de los atacantes. Había un total de 4,266 naves, incluyendo las de guerra y los transportes. Los alemanes disponían en la zona de invasión de 42 pequeñas embarcaciones torpederas y de algunos submarinos que se consumieron en los primeros seis días de lucha. Contribuyeron a hundir 64 barcos aliados y a averiar 106. Con las primeras luces de la madrugada una flota de más de mil planeadores y transportes condujeron hasta la retaguardia del frente alemán, a 20,000 soldados y paracaidistas, provistos de armas automáticas, cañones ligeros y unidades blindadas. 
La operación se realizó bajo un techo de 2,000 aviones de caza y coordinadamente miles de saboteadores franceses volaban puentes y cortaban comunicaciones entré 35 puestos alemanes de mando. Los aliados utilizaron en la invasión un total de 12,837 aviones, 7,428 eran bombarderos y 5,409 eran cazas). La Luftwaffe disponía entonces de un total de 3,222 aparatos, pero en el sector de la invasión sólo había 100 cazas y 219 de otros tipos. Por cada avión alemán en el aire había 20 de los aliados. Las aviaciones de Roosevelt y Churchill hicieron un derroche de fuego y concentraron ataques en masa hasta sobre pequeños contingentes enemigos; por ejemplo, en Noly le Sec el bombardeo fue tan vasto que resultaron destruidas 3,800 viviendas y hubo 15,000 víctimas francesas, de un total de 23,000 habitantes.

De entre los bosques y las ruinas surgieron las diezmadas unidades alemanas, primero para limpiar su retaguardia de paracaidistas y saboteadores y luego para lanzarse contra los contingentes de invasión. EI centro de gravedad de las 14 divisiones británicas se descargó hacia el empalme de Caen. 
Churchill anunció gozosamente que la vanguardia de sus tropas blindadas había entrado ya en la población, pero poco después fueron arrojadas hacia la costa durante una terrífica batalla que se trabó al llegar la 12ª división panzer de tropas de asalto "Hiter Jugend", al mando del general Kurt Meyer, de 34 años de edad.

En la batalla de Caen los muchachos SS del movimiento "Juventud Hitleriana" se lanzaban "como lobos" sobre los tanques, según dijo un comandante británico al general inglés Desmond Young. "Nos veíamos obligados a matarlos contra nuestra voluntad", confesó. Tal era el fin de esa juventud que vivía los primeros y últimos días de su existencia rodeada de enemigos porque su patria había tenido la osadía de atacar al marxismo israelita del Oriente. 
Y al sur de Caen comenzaban a irrumpir las 60 divisiones norteamericanas. Sus embestidas hacia el interior de Francia también eran sangrientamente detenidas en la cabeza de playa. Veintenas de millares de jóvenes estadounidenses cambiaban su vida por palmos de terreno, todos los protagonistas de la batalla eran en realidad víctimas de un mismo drama de esfuerzo y sangre a lo largo de la costa francesa. Entre los muchachos alemanes que perecían en Francia frenando la invasión y los muchachos norteamericanos que morían por darle impulso había un punto de contacto y un común denominador de sus destinos: unos y otros caían por culpa del movimiento político judío. 
Y la diferencia sólo consistía en que mientras los alemanes sabían esto, los norteamericanos lo ignoraban y creían estar luchando por la democracia y la libertad; una libertad que Roosevelt, Stalin y Churchill ya habían convenido suprimir en Polonia, Estonia, Letonia, Lituania, Rumanía y toda la Europa Oriental. 

El único beneficiario de esa lucha era el marxismo israelita. El drama de los jóvenes norteamericanos que perecían en Normandía era una sarcástica paradoja. Muchos años antes el noble pueblo estadounidense había abierto los brazos de su hospitalidad a millares de hebreos; éstos habían prosperado en las ricas tierras de Norteamérica, pero usando de su astucia, aguzada en siglos de ejercicio, y abusando de la sencillez sin malicia del americano, le habían arrebatado ya el timón de su destino. Con Roosevelt en la Casa Blanca, el poder del judaísmo era tan grande que podía derramar pródigamente la sangre de los hijos de sus benefactores. Con vidas ajenas el judaísmo político realizaba sus afanes de venganza y de hegemonía mundial.


Los únicos beneficiados de la Segunda Guerra Mundial : Los Perversos Judíos

Tomado de Derrota Mundial.

jueves, 6 de junio de 2013

Batalla de Normandía : Operación Overlord

Batalla de Normandía : Operación Overlord


La Batalla de Normandía (nombre clave Operación Overlord) fue la invasión de Europa perpetrada por los Aliados durante la Segunda Guerra Mundial desde el 6 de junio (Día D) hasta el 25 de agosto (toma de París) de 1944.
El ataque se desarrolló desde Gran Bretaña hacia el noroeste de Francia, entonces ocupada por Alemania. El desembarco, denominado en clave Operación Neptuno, como parte de la Operación Overlord tenía como objetivo el desembarcar en Europa un ejército que, después de ocupar Francia, llegara hasta el corazón mismo de Alemania para lo cual contaban con unos tres millones de efectivos.
En la madrugada del 6 de junio diez divisiones estadounidenses, británicas y canadienses pusieron pie entre el río Orne y el Vire.
Tras un sangriento desembarco con elevadas bajas en el bando aliado, no se lograron todos los objetivos previstos y se conquistó muchísimo menos terreno que el esperado. Sin embargo, se instalaron sólidas cabezas de playa donde a lo largo de los siguientes días desembarcarían 250.000 hombres y 50.000 vehículos asegurando el éxito de la operación.



Soldados estadounidenses aproximándose a la costa francesa en un lanchón de desembarco.



Planificación

La primera vez que se habló de una invasión aliada en toda regla sobre Europa fue en la Conferencia de Quebec en agosto de 1943. Allí se acordó neutralizar a Italia, desembarcando primero en Sicilia y luego en Salerno. Prácticamente desde principios de 1942 la Unión Soviética llevaba el mayor peso de la guerra contra los alemanes,aunque recibía grandes suministros de armamento y materias primas por parte de Estados Unidos y de Gran Bretaña, por lo cual suplicaba a los Estados Unidos y a la Gran Bretaña la apertura del segundo frente, aunque realmente eran seis frentes en los que luchaban los alemanes ante fuerzas enemigas cada vez mayores, y el tan nombrado segundo frente vendría a ser un séptimo frente contra Alemania :


1º Frente ruso. Absorbía la mayor parte del ejército alemán y el 34 % de la aviación de combate. 

2º Frente Occidental, parcialmente activo. Inmovilizaba en Noruega, Dinamarca, Holanda, Bélgica y Francia 43 divisiones alemanas y la mayor parte de la aviación, o sean 1,800 aparatos. 

3º Frente balcánico. Parcialmente activo con los guerrilleros servios movilizados por los comunistas. Absorbía 20 divisiones alemanas y 200 aviones.

4º Italia y África: frente activo. Absorbía más de 10 divisiones alemanas, una sensible parte de la producción de guerra (debido a las pérdidas en el mar por la falta de eficaz escolta italiana) y 1,300 aviones de la Luftwaffe. 

5º Frente aéreo de Alemania: activo. Los ataques aliados de terrorismo dislocaban la vida civil en la retaguardia y minaban la resistencia. Más de 2 millones de hombres atendían las defensas antiaéreas. 

6º Guerra en el mar. Los aviones de gran radio de acción y la flota de submarinos eran pesada carga para el esfuerzo bélico alemán.


Esa misma situación preocupaba también a los Aliados porque temían que si Alemania resultaba derrotada antes de lo previsto, los soviéticos se harían los dueños de Europa, lo que significaría a corto plazo una guerra también contra ellos. Churchill que veía el peligro comunista propuso un desembarco en los Balcanes o Istria para unirse a la Yugoslavia de Josip Tito y avanzar juntos hacia el corazón de Europa Central y Berlín para cortar el continente a los soviéticos. Sin embargo, Roosevelt que al no ser europeo, no comprendía las aspiraciones y temores de esa parte del mundo, prefirió decantarse por la costa del Océano Atlántico. A regañadientes Churchill aceptó y por acuerdo mutuo eligieron a Lord Louis Mounbatten para seleccionar la zona de desembarco que se extendía desde Noruega hasta España. El Paso de Calais al estar muy próximo a la costa de Inglaterra en Dover se descartó por ser demasiado obvio, Holanda también se desechó por los canales de agua, Noruega por los hielos, Bélgica por las fuertes corrientes costeras, España por ser neutral y la Península de Bretaña por sus escasos puertos. Las dos únicas rutas posibles eran la Alta Normandía entre Dieppe y El Havre, o la Baja Normandía entre Cherburgo y Caen. Finalmente se decidió llevar adelante la invasión en la Baja Normandía. A fin de organizar la operación y el accionar de los diferentes ejércitos sobre suelo francés, se dividió la zona costera en playas que fueron rebautizadas con nombres en clave como Utah, Omaha, Gold, Juno y Sword.


Desarrollo

Adolf Hitler creía que la invasión enemiga se produciría en Normandia, algo ilógico por ser el sitio más lejano a la costa inglesa, por lo cual tuvo grandes desavenencias con el alto Mando Alemán,que creia que la invasión seria por el paso de Calais.
Precisamente la mayoría de divisiones alemanas y rampas de lanzamiento para los misiles V-1 se encontraban en torno a Calais, cosa que hizo bajar la guardia en otros lugares igual de peligrosos. 
El único que acertó en su previsión de la costa normanda como lugar del desembarco fue el brillante mariscal de campo Erwin Rommel, antiguo jefe del Afrika Korps en Libia y Egipto. El estaba convencido de que Normandía era el sitio escogido por los Aliados y que para tener éxito el ataque debía ser neutralizado en la costa. Aunque no logró convencer a sus camaradas, Rommel al menos consiguió que después del Paso de Calais las costas normandas fueran el sector donde más atención se prestara.

Como resultado del desembarco, los Aliados tuvieron un total de 12.000 bajas entre muertos, heridos y prisioneros, cifra altísma. Estados Unidos se llevó la peor parte con 6.000 bajas (3.000 en Omaha, 2.000 paracaidistas, 197 en Utah y 135 en Pointe du Hoc). Gran Bretaña cosechó 3.500 bajas. Canadá sufrió 987 bajas en Juno con 359 muertos, 574 heridos y 7 prisioneros. Un total de 630 bajas sufrió la Commonwealth y las distintas "fuerzas libres" de voluntarios europeos. Entre ellos había 32 noruegos y 18 franceses libres muertos. Respecto al material, las pérdidas fueron enormes con un total de 291 barcazas hundidas, 3 destructores hundidos (1 americano, 1 británico y 1 noruego libre), 1 cazasubmarino hundido y 127 aviones derribados.
Alemania contabilizó 6.000 bajas, entre las que había de 2.000 muertos y 4.000 prisioneros.
Paralelamente a los combates, la población civil de Francia fue la que más sufrió al morir 10.000 de sus ciudadanos por culpa de los bombarderos anglo-americanos en Caen, Contentín y otras localidades.
Normandía y la presencia de los Aliados en sus playas significaba por fin la apertura del tan esperado segundo frente,que realmente seria el séptimo frente.


Mapa que muestra las playas del desembarco rebautizadas con sus nombres en clave. En la parte superior aparecen las fuerzas asignadas a la toma de cada playa. Las divisiones de paracaidistas británicos y estadounidenses aparecen a los lados sobre suelo francés.

jueves, 9 de mayo de 2013

Campos de la muerte de Eisenhower


Campos de la muerte de Eisenhower


"La vista de tantos hombres desesperados por conseguir comida y agua, enfermando y muriendo ante nuestros ojos, es indescriptible. Incluso ahora, solo puedo pensar en ella momentáneamente". 
( Martin Brech, guardia de los campos de la muerte de Eisenhower )


En la primavera de 1945, el Tercer Reich estaba a punto del colapso, atrapado entre el Ejército Rojo avanzando desde el este hacia Berlín y los ejércitos estadounidense, británicos y canadienses, bajo el comando general de Dwight D. Eisenhower, moviéndose desde el oeste a lo largo del río Rin. Desde el desembarco de Normandía en junio, los aliados occidentales habían ocupado Francia y Países Bajos.
Conscientes del ensañamiento que mostraban los comunistas contra los prisioneros, muchos alemanes buscaron la rendición ante los aliados occidentales, por aquel entonces bajo la dirección general de Eisenhower, conocido en su juventud como "el terrible judío sueco" . En un día y medio, de acuerdo con el Mariscal de Campo Bernard Montgomery, 500.000 alemanes se rindieron a su 21º Grupo del Ejército en el norte de Alemania. Poco después, el 8 de mayo de 1945, como resultado de la capitulación alemana, los británicos y canadienses capturaron a más de dos millones de alemanes. Se estima que un total de 6 millones de alemanes fueron hechos prisioneros. Virtualmente casi nada del tratamiento que les fue dado, sobrevive en los archivos en Ottawa o en Londres, sólo algunas escasas evidencias del Comité Internacional de la Cruz Roja, los ejércitos involucrados y los relatos de los prisioneros mismos que indican que la mayoría contaban con buena salud.
En marzo de 1945, un mensaje a la cúpula de militares aliados enviado por Eisenhower recomendaba la creación de un nuevo tipo de prisioneros  "Fuerzas Enemigas Desarmadas" , o DEF quienes no recibirían el estatus de prisioneros de Guerra, definido por la Convención de Ginebra. Como prisioneros, cientos de miles entre aquellos que no siguieron la orden de Hitler de resistir hasta el último hombre, padecerían una larga agonía y la muerte por inanición y enfermedades. Por aquel entonces los depósitos del ejército estaban repletos de comida incluyendo la proporcionada por Cruz Roja, que iba destinada a los prisioneros alemanes.


Uno de los campos de la muerte de Eisenhower. La mayoría estaban situados a lo largo del río Rin al oeste de Alemania.



Violación de la legislación internacional

En una clara violación de la Convención de Ginebra, el 26 de abril de 1945 la cúpula militar de los aliados aprueba la propuesta de Eisenhower privando de todos los derechos solamente a los prisioneros de guerra alemanes en manos de los norteamericanos. Los miembros británicos habían rehusado violar los acuerdos internacionales firmados al adoptar el plan norteamericano para sus propios prisioneros.

"Con efecto inmediato todos los miembros de las fuerzas alemanas que se mantienen en custodia norteamericana en la zona de ocupación en Alemania, serán considerados como Fuerzas Enemigas Desarmadas y no tendrán el estatus de prisioneros de guerra".
Dwight D. Eisenhower

A partir de ese momento los prisioneros alemanes quedan privados del derecho internacional, siendo su seguridad transferida a la arbitrariedad de los vencedores. Recordemos que el no respeto del derecho internacional en las cuestiones de guerra es considerado como crimen de guerra.


Uno de los campos de la muerte de Eisenhower. La mayoría estaban situados a lo largo del río Rin al oeste de Alemania.


La cifra de víctimas

El canadiense James Bacque, autor del libro "Otras pérdidas" explica:
La cifra total de víctimas se encuentra sin ninguna duda por encima de los 800.000, con casi toda seguridad más cerca de los 900.000 y posiblemente por encima de un millón. Las causas de su muerte fueron esencialmente provocadas por los oficiales del ejército norteamericano, que disponían de suficientes alimentos y otros medios como para poder mantener a los prisioneros con vida. A las organizaciones de ayuda que procuraron auxiliar a aquellos prisioneros les fue prohibido el acercarse. Todo esto fue entonces ocultado y cubierto mediante mentiras.... Las actas y pruebas fueron eliminadas, manipuladas o guardadas secretamente. Esto continúa así todavía hasta la actualidad.
James Bacque, investigador canadiense


Crimen de odio

En una carta a su esposa, fechada en septiembre de 1944, Eisenhower exclamó: "Dios, odio a los alemanes..." ("God, I hate the Germans...")[1]. 
Antes, enfrente del embajador británico en Washington había dicho que todos los oficiales del Staff de Generales alemanes (unos 3.500 aproximadamente) deberían ser "exterminados" .

El doctor Ernest F. Fisher Jr. , Mayor del Ejército de los Estados Unidos, escribió:
El odio de Eisenhower, tolerado por una burocracia militar que le era dócil, produjo el horror de los campos de la muerte, algo incomparable con cualquier otro suceso a lo largo de la historia militar norteamericana. En vista de las catastróficas consecuencias de aquel odio y de la indolente indiferencia que la oficialidad de la SHAEF (del comando central de las fuerzas expedicionarias aliadas) se mostró la más dolorosa cara del ejército norteamericano.
Ernest F. Fisher Jr. citado por James Bacque,  en   "Otras pérdidas"  Pg. 17


Exceso de provisiones que nunca se entregaron

Las provisiones no eran un problema, había material suficiente acumulado en Europa para construir locaciones de Campos de Prisioneros. El ayudante especial de Eisenhower, el General Everett Hughes, había visitado los enormes almacenes de provisiones en Nápoles y Marsella e informado: "Existe más stock del que podamos llegar a usar. Puesto en línea hasta donde la vista puede alcanzar". 
En Estados Unidos la sobreproducción de trigo y maíz eran las mayores de toda la historia, y existía un récord de cultivos de papas. El ejército mismo tenía tanto alimento de reserva, que un almacén totalmente cargado fue sacado por accidente de las listas de vituallas en Inglaterra y no se dieron cuenta hasta 3 meses después.
La historia oficial explica esta situación diciendo que si bien los depósitos estaban repletos, el alimento podría llegar a escasear meses mas tarde, en el invierno. Algo que los aliados temían y por lo que se alega que tuvieron que establecer como prioridad alimentar a los refugiados en lugar de a los prisioneros de guerra.
No obstante este argumento no justifica que se prohibiera a Cruz Roja y otras organizaciones internacionales el dar asistencia médica y alimentar con sus propias reservas a los prisioneros que enfrentaban un riesgo de vida inmediato. Por aquel entonces Cruz Roja tenía más de 100.000 toneladas de alimento en almacenes en Suiza. Cuando la organización intentó enviar dos trenes cargados con alimentos al sector norteamericano de Alemania, oficiales del ejército estadounidense hicieron volver los trenes, diciendo que sus almacenes ya estaban sobresaturados de alimentos de la Cruz Roja, alimento que ellos jamás distribuyeron.


El millón perdido

No estaría de más recordar que hay 1.000.000 de muertos alemanes en la Segunda Guerra Mundial que permanecen sin aclarar. Se trata del “millón perdido” .  Hasta la caída del muro de Berlín estos desaparecidos en territorio de Alemania Occidental fueron atribuidos a los soviéticos, pero cuando los rusos abrieron sus archivos en los años 90, los cuales desde por lo menos el 1946 mostraron una información inesperadamente detallada, sólo pudieron quedar aclarados alrededor de 100.000 desapariciones de esa zona. Se calcula además, que durante el año 1945 alrededor de 200.000 alemanes de esos lugares murieron anónimamente en las extensiones de Rusia. El millón perdido permanece sin aclarar.


Prohibición legal de investigar los hechos

La historia oficial, pese a las fotografías, testimonios y evidencia documental, insiste en negar la existencia de un genocidio antialemán como hecho histórico definido en esos términos, distorsionando la naturaleza del mismo y cuestionando o minimizando las cifras de la masacre. Por lo tanto, para establecer el alcance del mismo, una cuestión importante es ¿dónde se encuentran los cadáveres de los campos de exterminio de Eisenhower? Ningún organismo oficial ha considerado nunca la necesidad de buscar fosas comunes en el entorno del Rheinwiesen. Es mas, se han prohibido las excavaciones por ley. La asociación para el cuidado de las sepulturas de guerra alemanas (Volksbund für Deutsche Kriegsgräberfürsorge) tiene las manos atadas desde la ley de sepulturas de 1952, en la que su labor quedó centrada únicamente a cuestiones de los caídos en el extranjero. En Alemania debe aguardar una orden de la administración. Una orden que probablemente jamás llegará.


Referencias

1 Eisenhower's Holocaust

Fuentes

Los campos de la muerte de Eisenhower: el último secreto sucio de la Segunda Guerra Mundial
Los diarios de Winston
A U.S. prison guard of "Ike's death camps"