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jueves, 6 de junio de 2019

El lado más oscuro del Día D

El lado más oscuro del Día D

Las violaciones a las mujeres francesas



Violaciones en grupo de mujeres francesas, sexo en lugares públicos ante los niños… Algunos de los soldados norteamericanos que participaron en el desembarco estaban convencidos de que las francesas eran chicas fáciles. El alto mando estadounidense les había vendido el Día D como una aventura erótica. Casi la mitad de los acusados por violación fueron ahorcados en público por las autoridades militares norteamericanas. De ellos, la mayoría eran negros.

Los medios de comunicación franceses llevan semanas preparando el 75º aniversario del desembarco en Normandía, del inicio del fin del dominio nazi sobre territorio europeo. Las televisiones, los periódicos, los semanarios o las radios compiten en proporcionar los detalles históricos más interesantes, en encontrar los ángulos más originales o menos conocidos. Pero la mayoría de ellos han vuelto a silenciar uno de los capítulos más horrendos protagonizados por una minoría de los liberadores norteamericanos: la violación de cientos de mujeres francesas, algunas, menores de edad.

Durante décadas, Estados Unidos y Francia han cerrado los ojos ante unos hechos que han marcado y seguirán haciéndolo a las familias de las víctimas, que deben hacer esfuerzos para comprender que los criminales que atacaron a sus madres, novias o primas eran sólo una pequeña parte de los cientos de miles de G.I. (soldados) que tomaron parte en la guerra contra Hitler en Francia y el resto de Europa.

Para esas mujeres y sus familias, El día más largo no es el título de una de las películas que recrean las gestas de los soldados de Eisenhower, sino la jornada que ha marcado sus vidas desde entonces. De junio de 1944 a junio de 1945, los tribunales militares norteamericanos instalados en territorio francés juzgaron a 139 soldados por este delito. De ellos, 68 fueron condenados a cadena perpetua y 22 a pena de muerte. La cifra puede parecer pequeña, pero son recuentos oficiales y no recogen más que el período de un año. Por supuesto, los historiadores añaden que muchas otras víctimas nunca presentaron una denuncia.

Si la historia negra de los soldados Ryan ha empezado a conocerse hace poco es gracias a dos historiadores norteamericanos, Robert Lilly y Mary-Louise Roberts que, cada uno por su lado, han escrito los libros que muchos no han querido ni querrán leer, tanto en su país, como en Francia. Las pocas informaciones que se han publicado estos días sobre estos hechos están sacadas de sus obras: La face caché de los GI’s. Les viols commis par des soldats americains en France, en Angletere et en Allemage, pendant la Second Guerre Mondial, publicada por el sociólogo y criminólogo Lilly en 2003, en Francia, y What soldiers do: Sex and the American G.I. in World War Two France, 1944-1946, la obra de la historiadora Roberts, publicada en 2013.

“Francia, un gran burdel, mujeres fáciles”



Para esta profesora de la Universidad de Wisconsin, existieron violaciones en todas las ciudades donde los soldados norteamericanos estaban estacionados: Reims, Cherburgo, Brest, Le Havre, Caen… El primer crimen sexual contabilizado tiene lugar sólo dos meses después del Desembarco. Como explica Lilly, los protagonistas de las violaciones no eran combatientes de primera línea, sino miembros de unidades de apoyo logístico. La explicación parece simple: los soldados que no participaban directamente en los combates tenían más tiempo libre y estaban sujetos a una menor disciplina una vez la jornada de trabajo había concluido.

Que Estados Unidos haya pasado por alto este macabro capítulo de su historia militar no puede sorprender a nadie. El softpower de Washington, con el arma de Hollywood a la cabeza, ha utilizado la II Guerra Mundial en aras del culto patriótico. La buena guerra, en comparación a la menos gloriosa contienda de Corea o a la humillante derrota de Vietnam, ha sido explicada y explotada desde el punto de vista norteamericano para consumo interno y propaganda hacia el exterior. Las hazañas bélicas de los violadores, contrabandistas, estafadores o traficantes de droga de la US Army no tenían cabida en los guiones cinematográficos, en las tramas de las novelas y, ni siquiera, en los libros de historia.

El verdugo de Texas, especialista en soga

Lilly y Roberts explican los clichés que el imaginario norteamericano había impregnado en los cerebros de sus combatientes. Francia era presentada en la revista militar Stars and Stripes (Barras y Estrellas) como una gran casa de putas, un país erotizado y cuyas mujeres eran “bellas, acogedoras y demostrativas”. Unos estereotipos que se habían generado ya entre los veteranos de la Guerra del 14-18, cuyas exageradas aventuras eróticas en Francia fueron pasando de generación en generación.

Sin duda, los norteamericanos que atravesaban los pueblos y ciudades francesas no estaban acostumbrados a recibir besos y abrazos de las mujeres que veían en ellos a sus liberadores. Basta observar la actitud de los soldados en los documentos de la época. Los historiadores señalan que, en su mayoría, el contingente militar estaba compuesto por soldados que, en palabras de Lilly, no eran “la crême de la crême”. En la mente de los violadores de guerra en Francia no se trataba de humillar a las mujeres de un enemigo ni de castigar a un pueblo resistente al invasor. La violación era, más bien, una recompensa.

Entre los soldados juzgados y los condenados a la horca por violación, una mayoría eran negros. Lilly escribe también que el racismo imperante entonces en Estados Unidos se reflejaba en las decisiones de los tribunales militares. Por el mismo delito, un soldado negro siempre era condenado con más dureza. Además, cuando la denunciante acusaba a un blanco, normalmente la investigación era más rigurosa.

Entre 1944 y 1945, 29 soldados fueron ejecutados en público por delito de violación. 25 eran negros. Mary-Louise Roberts señala que como en Francia sólo se utilizaba el sistema de la guillotina, el ejército USA hizo venir a un verdugo de Texas, especialista en ahorcamiento. El ejército funcionaba, según la profesora, como una extensión del sistema de segregación en vigor en los estados sudistas. Fue el propio General Eisenhower quien ordenó que las ejecuciones fueran públicas, en el lugar de los hechos y con la asistencia de las víctimas, sus familiares y vecinos. Buscaba así calmar la onda de protestas que empezaron a inundar la prensa de la época. Una mancha que no podía permitir que se extendiera a todos los miembros de la llamada “greatest generation”.

“Franceses cornudos y cobardes”



Francia tampoco tenía mucho interés en airear los crímenes algunos de sus salvadores. De Gaulle, privado de protagonismo en el Día D, y sus aliados comunistas, más tarde, prefirieron dedicarse a reescribir la historia juntos y a inventar un pueblo resistente que combatió al lado de sus liberadores. En el Día D sólo tomaron parte unas decenas de franceses. En Francia no es tampoco agradable recordar los estereotipos que los soldados estadounidenses tenían sobre los varones franceses: cornudos, afeminados, nerviosos, irritables, cobardes, incapaces de defender su tierra y controlar a sus mujeres

La Libération echó el velo sobre este capítulo de la historia y sobre otro también doloroso. El bombardeo amigo, las bombas arrojadas por los aliados para debilitar las defensas nazis que provocaron la muerte a 60.000 personas entre 1940 y 1944. Caen, Le Havre, Billancourt, Saint-Etienne, Brest o Royan sorprenden al visitante por tener barrios enteros cuya arquitectura difiere completamente del resto de la ciudad. Es la reconstrucción que oculta las cicatrices de una táctica militar de una época en la que la vida de los civiles extranjeros tenía poca consideración.

Muchas familias francesas no participan de los festejos de estos días; no encuentran ninguna gracia a la pleitesía reservada por los medios de comunicación a la Reina de Inglaterra, al presidente norteamericano de turno o a otros representantes de países que participaron en el Desembarco de Normandía. Para ellos, para las familiares de las víctimas, nunca sirvió de nada celebrar la liberación de un cadáver.


viernes, 8 de junio de 2018

Alemania tuvo la oportunidad de ganar en el Día D

Alemania tuvo la oportunidad de ganar en el Día D 




Conservadoramente las oportunidades de victoria para Alemania se dieron —como se ha dicho— en los primeros tres años de la contienda. Sin embargo, en la batalla decisiva de Normandía, en 1944, aún se encuentran circunstancias que daban una oportunidad más para un cambio radical.
El general Eisenhower, comandante de las fuerzas aliadas, redactó un documento en el que mencionaba que la invasión de Europa, necesaria para derrotar a Alemania, podría fallar. En tal caso, decía, él asumía la responsabilidad. Es decir, no las tenía todas consigo. Otros comandantes veían tal invasión como "una aventura".
Mediante el espionaje, los aliados conocían la ubicación de todas las divisiones alemanas en la costa de Europa. En cambio, Alemania no tenía información para saber en qué punto ocurriría el ataque. Los puntos probables se situaban a lo largo de 280 kilómetros, desde Calais y Dunquerque (en el noreste) hasta Cherburgo en el suroeste.
Los aliados concentraron en Inglaterra dos millones de combatientes para la invasión de Europa, avanzar hasta Alemania y vencerla. Churchill había soñado con esa invasión desde 1942, pero Inglaterra sola no podía realizarla. Se necesitó esperar dos años más para contar con todo el poderío de Estados Unidos. Así se habían juntado dos millones de ingleses, canadienses, australianos, africanos, americanos, etc.
Toda Europa sabía que la invasión iba a ocurrir, pero no en qué punto y en qué fecha. Esto era un secreto guardado estrechamente por los aliados. Durante cuatro meses se prohibió que la población de Inglaterra viajara libremente dentro de su territorio. Los diplomáticos extranjeros ni siquiera podían enviar sus tradicionales valijas a sus respectivos países.
El general Frederick Morgan, jefe del Estado Mayor del Mando Supremo Aliado, escribió: "Sólo con que el enemigo consiga saber el lugar de la zona de ataque con 48 horas de antelación, las posibilidades de éxito serán pequeñas. Cualquier aviso con mayor antelación significaría una derrota segura."
En la primera ola de los atacantes irían tropas fogueadas que ya habían combatido en África, Sicilia e Italia.
Consecuentemente para los alemanes era vital tener una idea más o menos aproximada del sitio, o los sitios, donde se iniciara la invasión.
Con semanas de anticipación, Hitler dijo que la invasión ocurriría en las playas de Normandía. El Estado Mayor General, con apoyo en la ciencia militar, decía que no. Que la invasión sería en el Paso de Calais. En este punto los invasores sólo tendrían que cruzar 50 kilómetros de mar, en tanto que en Normandía serían 250.




El mariscal Rundstedt, calificado estratega que ya en la Primera Guerra Mundial había sido oficial de Estado Mayor, era el jefe supremo alemán en Francia. Tenía a su mando al general Salmuth, comandante del 15o ejército, en la zona de Calais, y al mariscal Rommel, comandante del 70 ejército de la zona de Normandía. Pues bien, Von Rundsted dice: "Hitler continuaba machacando en la creencia y demandaba más y más refuerzos para Normandía. Nosotros, los generales, nos basábamos sobre la línea de nuestra educación militar regular, mientras que Hitler lo hacía, como siempre, basándose en su intuición."
¿Puede la alta preparación académica creer en intuiciones? Claro que no. Y así fue que el 15o ejército, de la zona de Calais, era mucho más fuerte que el 70, de la zona de Normandía.


El 5 de junio dos expertos lograron descifrar un mensaje de Londres, supuestamente dirigido a los saboteadores de la Resistencia francesa, para que empezaran a destruir puentes, empalmes ferroviarios, etc., lo cual se interpretó como señal de que la invasión empezaría al día siguiente. Rundstedt fue informado de esto y se burló diciendo: "¡Va el General Eisenhower a anunciar la invasión por la BBC de Londres!"... De todos modos, en Calais se dio la alarma máxima, en tanto que en Normandía se demoró varias horas.


Y la invasión empezó en Normandía, en las primeras horas del 6 de junio.
El mariscal Von Rundstedt quiso consultarle a Hitler si las dos divisiones que tenía en París las enviaba a Normandía, pero el general Jodl le contestó que no quería despertar a Hitler, ya que podría tratarse sólo de una "finta". Rundstedt no insistió, pero tampoco movió sus dos divisiones bajo su propia responsabilidad, dada la emergencia. Pasaron diez horas hasta que Hitler ordenó que tales divisiones marcharan hacia Normandía. Cornelius Ryan dice que Von Rundstedt menospreciaba "al Cabo Hitler." Y Liddell Hart comenta: "Lo que sí es cierto es que Rundstedt sufría fatiga, tanto corporal como mental." (Tenía 69 años de edad).




En cuanto a los aliados, pasaron horas y días en que las operaciones se inclinaban alternativamente entre un prometedor avance o la derrota. Las fuerzas británicas y canadienses avanzaron quince kilómetros hasta la región de Caen, pero al llegar las divisiones alemanas 12a Hitler Jugend SS y la Lehr (que retenía Von Rundstedt en París), fueron obligadas a retroceder en desorden hasta la playa.
Otro punto crítico fue en Omaha (Normandía), donde los americanos tuvieron muchas bajas. Corrió el rumor de que las bajas podrían llegar a ser del 90% y muchos combatientes "se quedaron atónitos y desmoralizados". Al general Bradley le llegaron noticias de que en una división estaban "contagiados de un temor patológico". El coronel George Taylor dijo: "En esta playa hay dos clases de hombres: los muertos y los que van a morir. Ahora salgamos de este infierno... Algunos parecían muertos, pero picándoles la espalda o dándoles un puntapié se veía que estaban vivos. ¡Estaban aterrorizados! El sargento Pilck pensaba que mejor lo hicieran prisionero porque la invasión había fracasado." 
El general Theodore Roosevelt, hijo del ex presidente Teddy, fue el primer general que bajó en Normandía y encontró un caos. Cinco días después murió de paro cardíaco. Del total de bajas un 13% eran casos psiquiátricos, atendidos por el Servicio de Psiquiatría de los Centros de Agotamiento de cada ejército y de cada Cuerpo de Ejército.



En fin, la lucha fue tremenda y los aliados consiguieron consolidar varias cabezas de playa, concentrar tanques, artillería, etc., y marchar tierra adentro. No fueron echados al mar porque las divisiones alemanas SS se encontraban ubicadas lejos de la playa. Algunas tardaron 4 días en llegar, y otras 10,16 y hasta 24 días. ("Un minuto perdido ni la eternidad lo devuelve.")
El 7o ejército (de Normandía) completaba sus efectivos con ex prisioneros rusos o hindúes (estos últimos traídos de África por el mariscal Rommel).
El 15o ejército, más poderoso, se había ubicado en el Paso de Calais, donde no hubo invasión.
O sea que la intuición de Hitler, de que la invasión sería en Normandía, se desperdició totalmente.
El famoso coronel Otto Skorzeny, que estudió de cerca la batalla de Normandía, opinó que la invasión tuvo un margen mínimo entre el fracaso y el éxito.
Fue la tercera y última oportunidad que tuvo Alemania de ganarla guerra.

El Día-D. Will Powler. Edit. Libsa. 2004. 12

Tomado de Alemania pudo vencer - Salvador Borrego E.

miércoles, 31 de julio de 2013

Batalla de Villers-Bocage

Batalla de Villers-Bocage


La Batalla de Villers-Bocage tuvo lugar el 13 de junio de 1944. Fue un enfrentamiento inusual entre los británicos y los alemanes en el norte de Francia durante la Segunda Guerra Mundial.



Panzer Tiger I con su tripulación.


Historia

Michael Wittmann, un SS-Obersturmführer, dirigió una unidad de seis tanques Tiger I del 501 Batallón SS de Tanques Pesados para asegurar la carretera N175 cerca de Villers-Bocage, al sur de Caen. Llegaron en la noche del 12 al 13 de junio y se situaron en el nordeste del municipio.
A las 08:30, aproximadamente, del día 13, los británicos se acercaron desde el noroeste, dos batallones de la 7ª División Blindada Británica: uno de tanques y el otro de infantería motorizada.


Acción heroica

El tanque de Wittmann estaba en una posición avanzada y cargó temerariamente contra la columna británica, dividiéndola y atacando a las fuerzas británicas a distancias muy cortas, tras lo cual la atravesó y se adentró en el pueblo. Los demás tanques de su unidad avanzaron y causaron fuertes pérdidas a la columna británica.
Los británicos perdieron 20 Cromwells, 4 Fireflys y 3 Stuarts, así como 30 semiorugas. El recuento personal de Wittmann no se conoce con seguridad, pero muchas fuentes dicen que fueron nueve. Hay estimaciones de más de 30 vehículos. Su tanque fue inutilizado pero escapó a pie e informó al cuartel general de la división, que mandó otros quince tanques y granaderos Panzer al pueblo.



Mk VIII Cromwell.



Destrucción total y condecoración

La feroz lucha acabó con el pueblo en manos británicas, pero fueron forzados a retirarse al día siguiente. El pueblo fue destruido casi por completo.
Wittmann voló a Alemania el 25 de junio para recibir una condecoración de manos de Adolf Hitler. Regresó a Francia y murió en agosto en un combate alrededor de la Falaise.

sábado, 8 de junio de 2013

La Invasión Aliada de Europa Occidental

La Invasión Aliada de Europa Occidental


Mapa Invasión a Normandia




Después de la conferencia de Teherán, en la que Stalin le dijo a Roosevelt que el ejército rojo se hallaba exhausto y que no podría sostenerse si no se abría un frente más contra Alemania, Roosevelt y Churchill activaron los preparativos le la invasión angloamericana de Francia. 
Esta operación se denominado "segundo frente", pero en realidad había ya seis frentes terrestres contra Alemania: el de Rusia, el de los Balcanes, el de Italia y el de guerrilleros y saboteadores en las zonas ocupadas, más los frentes aéreos y navales. Roosevelt quería que la invasión se realizara en 1943, pero Churchill logró frenarlo porque entonces había en Francia más de 12 divisiones alemanas móviles. 
Se decidió que para iniciar el desembarque se requería que Hitler no pudiera llevar de otro frentes más de 15 divisiones en un plazo de dos meses. 

Los acontecimientos posteriores demostraron que ese cálculo era correcto. En el momento del desembarque las fuerzas aliadas sólo podían hacer frente a un máximo de 12 divisiones alemanas de maniobra, y a no más de 27 en los meses siguientes. Churchill dice que si la operación se hubiera intentado en 1943, como Roosevelt quería, "nos habría llevado a una sangrienta derrota de primera magnitud, con incalculables reacciones sobre el resultado de la guerra". 
Las fuerzas angloamericanas de invasión agrupaban en 1944 todo el poderío armado de que disponían las potencias occidentales consistente en 91 divisiones (60 norteamericanas, 14 británicas, 5 canadienses, 11 francesas en el exilio y una polaca). Quince de las 60 divisiones norteamericanas eran blindadas y contaban con 4,155 tanques. Las 91 divisiones aliadas disponían en total de 12,000 cañones. Y llevaban para su abastecimiento y transporte a través de Francia cuarenta mil vehículos, mil locomotoras nuevas y veinte mil furgones y carrostanque. Dos puertos prefabricados, con rompeolas artificiales, fueron remolcados hasta la costa francesa. 

Es un hecho poco conocido que no obstante los cinco años que Alemania llevaba en guerra, se requirió que Roosevelt y Churchill lanzaran todos los recursos que movilizaron y que transcurrieran ocho meses de combate para anular los avances que el ejército alemán logró en 42 días durante la campaña de 1940 en el frente occidental. El esfuerzo aliado fue tan grande que el teniente coronel Carl T. Schmidt dice que: "en Estados Unidos no quedaban tropas de reserva como tales, sólo reemplazos".  
Y el coronel Richard E. Weber, instructor norteamericano de artillería, afirma que "al terminar la guerra mundial segunda habíamos .llegado hasta el tope en busca de recursos humanos".  

El jefe del Estado Mayor General norteamericano, general George C. Marshall, dice asimismo: "A pesar de que dos tercios del ejército alemán estaban comprometidos en la lucha del frente ruso, nuestro país tuvo que emplear todos sus hombres idóneos a fin de hacer la parte que le tocaba".  
A primera vista puede parecer inexplicable por qué Alemania (con 80 millones de habitantes) sostenía 176 divisiones en el frente ruso y 133 en otros frentes, y en cambio Estados Unidos (con 140 millones de habitantes) agotaba su potencial bélico empleando 60 divisiones en la invasión de Europa.  
Y la Gran Bretaña (con 40 millones de ingleses) sólo aportaba 14 divisiones para ese frente primordial. La explicación de este desproporcionado esfuerzo consiste en que los pueblos occidentales no querían la guerra ajena a la cual se les empujaba para salvar a la URSS. Y como la oposición era latente, fue necesario hacer una selección rigurosa, garantizar un bienestar muy alto a los enrolados y sobrecargar en exceso los abastecimientos. Es natural que todo esto impidiera que el número de combatientes fuera mayor. 

En la primera guerra mundial el soldado norteamericano disponía de una ración diaria de 1.9 kilogramos; en la segunda, de 3.1 kilogramos, En la primera guerra, por cada cien norteamericanos en el frente había 274 en los servicios de apoyo; en la segunda, por cada 100 combatientes había 400 hombres suministrándoles equipo y confort (Estados Unidos movilizó un total de 12 millones trescientos mil hombres). 
En 1943 sólo operaban 4 divisiones norteamericanas contra los japoneses, reforzadas con 6 divisiones australianas.


El Tte. Coronel Schmidt dice significativamente: "Parecíamos sentir que la lealtad no podía ganarse a no ser que el Ejército actuara paternalmente hacia ellos y pusiera su comodidad personal sobre todo lo demás". Cuando la división SS "Das Reich" capturó unas cocinas americanas, los soldados alemanes se quedaron sorprendidos. "Ignoraban —dice uno de ellos— que pudieran existir comidas tan de ensueño para soldados en el frente". 
Roosevelt otorgó 2.800,818 condecoraciones para alentar la moral de las tropas, o sea más del doble que el número de los soldados que participaron en acciones de guerra. Y a fin de hacer menos duras condiciones del combate, a cada división se le asignaron 700 toneladas diarias de abastecimiento, equivalentes a tres veces y medio el abastecimiento de cada división alemana en tiempos normales. 
En consecuencia, el esfuerzo logístico en el frente aliado de invasión ascendía a la enorme suma de 63,000 toneladas diarias. Todo esto era apoyo para la moral, pero aun así el soldado sentía estar librando una guerra innecesaria y frecuentemente ocurrió que un 25% de las bajas fueran ocasionadas por neurosis. Los hospitales atendieron un millón de casos neurosiquiátricos. 


Tropas Norteamericanas desembarcando en Normandia tras ser asegurada

Como jefe de las 91 divisiones aliadas se hallaba el general  Eisenhower, descendiente de una familia judía que en el siglo XVIII había emigrado de Alemania debido a la hostilidad que los judíos sufrían por parte de los nacionalistas alemanes. Jacobo Eisenhower y la pequeña Rebeca crecieron y se casaron en Estados Unidos y fueron los abuelos de Dwight , que en el siglo XX habría de regresar a Alemania como vengador de sus antepasados. 

Esas 91 divisiones contaban además con una poderosa quinta columna en Francia para facilitarles el avance. Los franceses comunistas, degaullistas y giraudistas se unificaron poco antes de la invasión y organizaron 900 grupos de saboteadores, espías y guerrilleros. Desde 1942 los aviones aliados arrojaban equipo bélico a ese movimiento de resistencia, que para 1944 ya tenía de sesenta mil a noventa mil enrolados. 
Recién iniciada la invasión, los alemanes capturaron el puesto de comando de un Cuerpo Americano y se quedaron sorprendidos al encontrar ahí un mapa en el que figuraban todos los dispositivos alemanes de defensa, con líneas de comunicaciones, cuarteles, etc. 
El propio general Eisenhower escribió: "Los hombres de Francia libre habían sido de valor inestimable en la campaña en toda Francia. Estuvieron particularmente activos en Bretaña; pero en cada porción del frente obtuvimos la ayuda de ellos en múltiples formas. Sin ella, la liberación de Francia y la derrota del enemigo en el Occidente de Europa habría costado muchísimo más". 

La noche del 5 al 6 de junio de 1944 llovieron 11,000 toneladas de bombas sobre los contingentes alemanes en la costa francesa de Normandía, en tanto que las flotas inglesa y norteamericana se aproximaban a la costa y con el fuego de sus cañones protegían el desembarque de los atacantes. Había un total de 4,266 naves, incluyendo las de guerra y los transportes. Los alemanes disponían en la zona de invasión de 42 pequeñas embarcaciones torpederas y de algunos submarinos que se consumieron en los primeros seis días de lucha. Contribuyeron a hundir 64 barcos aliados y a averiar 106. Con las primeras luces de la madrugada una flota de más de mil planeadores y transportes condujeron hasta la retaguardia del frente alemán, a 20,000 soldados y paracaidistas, provistos de armas automáticas, cañones ligeros y unidades blindadas. 
La operación se realizó bajo un techo de 2,000 aviones de caza y coordinadamente miles de saboteadores franceses volaban puentes y cortaban comunicaciones entré 35 puestos alemanes de mando. Los aliados utilizaron en la invasión un total de 12,837 aviones, 7,428 eran bombarderos y 5,409 eran cazas). La Luftwaffe disponía entonces de un total de 3,222 aparatos, pero en el sector de la invasión sólo había 100 cazas y 219 de otros tipos. Por cada avión alemán en el aire había 20 de los aliados. Las aviaciones de Roosevelt y Churchill hicieron un derroche de fuego y concentraron ataques en masa hasta sobre pequeños contingentes enemigos; por ejemplo, en Noly le Sec el bombardeo fue tan vasto que resultaron destruidas 3,800 viviendas y hubo 15,000 víctimas francesas, de un total de 23,000 habitantes.

De entre los bosques y las ruinas surgieron las diezmadas unidades alemanas, primero para limpiar su retaguardia de paracaidistas y saboteadores y luego para lanzarse contra los contingentes de invasión. EI centro de gravedad de las 14 divisiones británicas se descargó hacia el empalme de Caen. 
Churchill anunció gozosamente que la vanguardia de sus tropas blindadas había entrado ya en la población, pero poco después fueron arrojadas hacia la costa durante una terrífica batalla que se trabó al llegar la 12ª división panzer de tropas de asalto "Hiter Jugend", al mando del general Kurt Meyer, de 34 años de edad.

En la batalla de Caen los muchachos SS del movimiento "Juventud Hitleriana" se lanzaban "como lobos" sobre los tanques, según dijo un comandante británico al general inglés Desmond Young. "Nos veíamos obligados a matarlos contra nuestra voluntad", confesó. Tal era el fin de esa juventud que vivía los primeros y últimos días de su existencia rodeada de enemigos porque su patria había tenido la osadía de atacar al marxismo israelita del Oriente. 
Y al sur de Caen comenzaban a irrumpir las 60 divisiones norteamericanas. Sus embestidas hacia el interior de Francia también eran sangrientamente detenidas en la cabeza de playa. Veintenas de millares de jóvenes estadounidenses cambiaban su vida por palmos de terreno, todos los protagonistas de la batalla eran en realidad víctimas de un mismo drama de esfuerzo y sangre a lo largo de la costa francesa. Entre los muchachos alemanes que perecían en Francia frenando la invasión y los muchachos norteamericanos que morían por darle impulso había un punto de contacto y un común denominador de sus destinos: unos y otros caían por culpa del movimiento político judío. 
Y la diferencia sólo consistía en que mientras los alemanes sabían esto, los norteamericanos lo ignoraban y creían estar luchando por la democracia y la libertad; una libertad que Roosevelt, Stalin y Churchill ya habían convenido suprimir en Polonia, Estonia, Letonia, Lituania, Rumanía y toda la Europa Oriental. 

El único beneficiario de esa lucha era el marxismo israelita. El drama de los jóvenes norteamericanos que perecían en Normandía era una sarcástica paradoja. Muchos años antes el noble pueblo estadounidense había abierto los brazos de su hospitalidad a millares de hebreos; éstos habían prosperado en las ricas tierras de Norteamérica, pero usando de su astucia, aguzada en siglos de ejercicio, y abusando de la sencillez sin malicia del americano, le habían arrebatado ya el timón de su destino. Con Roosevelt en la Casa Blanca, el poder del judaísmo era tan grande que podía derramar pródigamente la sangre de los hijos de sus benefactores. Con vidas ajenas el judaísmo político realizaba sus afanes de venganza y de hegemonía mundial.


Los únicos beneficiados de la Segunda Guerra Mundial : Los Perversos Judíos

Tomado de Derrota Mundial.

jueves, 18 de abril de 2013

Heinrich Severloh La Bestia de Omaha Beach

Heinrich Severloh La Bestia de Omaha Beach


Heinrich "Hein" Severloh nació el 23 de junio de 1923 en Metzingen, Alemania y murió el 14 de enero de 2006 en Lachendorf. Fue un soldado alemán de la 352ª División de Infantería estacionado en Normandía durante la invasión aliada.
El 6 de junio de 1944, durante la Operación Overlord, marcando el comienzo de la invasión aliada del continente europeo, Severloh ganó notoriedad operando una ametralladora MG 42 en el "Nido de Resistencia 62", WN62 (en alemán: Widerstandnest 62) sobre el sector "Easy Red" de la playa de Omaha, donde mantuvo fuego continuo desde la seis de la mañana hasta la tres de la tarde. El WN62 fue uno de los últimos y posiblemente, el último, punto de resistencia alemana sobre la playa de Omaha. Severloh disparó un mínimo de 12.000 balas con la MG 42, además de unas 400 balas con dos carabinas Mauser Kar 98k mientras esperaba el enfriamiento de los cañones de la ametralladora. Los cálculos sobre las bajas causadas por Severloh durante estas nueve horas varían grandemente, pero aún los más conservadores le atribuyen más de 1000 bajas aliadas. Otros cálculos le atribuyen haber matado hasta 2000 soldados estadounidenses. A pesar que estas acciones le hicieron ganar -por parte de la prensa aliada- el sobrenombre de "La Bestia de Omaha", Severloh cumplió su deber de soldado defendiendo a su país.

Heinrich Severloh 

Servicio en la Wehrmacht

Heinrich Severloh entró al servicio militar el 23 de julio de 1942. El 9 de agosto de ese mismo año fue estacionado en Francia con el 321º regimiento de artillería donde fue entrenado como mensajero montado.
En diciembre de 1942 fue transferido al frente ruso, donde fue asignado a la retaguardia conduciendo un trineo tirado por caballos. En octubre de 1943 asistió a clases de entrenamiento en Brunswick y al terminar, en diciembre de 1943, fue nuevamente transferido a Francia, esta vez siendo asignado a la 352ª División de Infantería. Antes de la invasión vivía en casa de una familia francesa.


6 de junio de 1944

Poco después de la medianoche, Severloh fue despertado por su superior, el teniente Bernhard Frerking, que le informó que la invasión aliada comenzaba. Se trasladaron al "Nido de Resistencia 62" (WN62), un emplazamiento abierto, rodeado por alambre de púas y una fosa anti-tanques, además de túneles fortificados. Estaba 25 metros sobre la playa, a una distancia de entre 600 a 150 metros de la orilla, según la marea. En total había 30 hombres en el WN62 en la mañana del 6 de junio de 1944.

El armamento incluía dos ametralladoras MG 42 y dos morteros de fabricación checa. El teniente Frerking le indicó que no abriera fuego hasta que los soldados que desembarcaran tuvieran el agua hasta las rodillas. Aviones aliados fueron asignados para bombardear la playa a las cinco de la mañana, pero debido a la poca visibilidad las bombas cayeron tierra adentro.

A las seis de la mañana las primeras naves de desembarco aparecieron bajo la playa de WN62. Este era el sector "Easy Red" de la playa de Omaha en los planes aliados. Severloh abrió el fuego con la ametralladora MG 42 y permanecería en éste puesto hasta casi las tres de la tarde. Durante el curso del día, uno a uno los hombres del WN62 fueron heridos y evacuados o abandonaron su puesto. En dos ocasiones Severloh tuvo que tomar refugio en el búnker fortificado debido a ataques con granadas y en una ocasión la fuerza de una explosión lo sacó del emplazamiento. La segunda ametralladora en el WN62 fue dañada por fragmentos de granada durante la mañana, por lo que Severloh operó la única MG 42 en el sector la mayor parte del tiempo. Solo contaba con un cañón de remplazo, por lo que mientras esperaba que los cañones de la ametralladora se enfriaran, disparaba con una carabina Mauser Kar 98k. La carabina se calento tanto, que se dañó y tuvo que ser remplazada.

Durante la última hora, solo quedaban tres hombres en WN62; el teniente Frerking, Severloh y un soldado desconocido que ayudaba a cargar la ametralladora y cambiar los cañones. Heinrich Severloh dice que permaneció en su puesto hasta el final, a pesar de estar herido, por lealtad al teniente Frerking, al que no quería dejar solo y al quien describió como un oficial honorable. Cerca de las tres de la tarde el teniente Bernhard Frerking se dio cuenta que las tropas americanas ya estaban disparando desde los flancos y que estaban prácticamente rodeados, por lo que ordenó que se retiraran. Mientras corrían por un campo abierto, el teniente Frerking fue alcanzado por las balas y cayó muerto. El soldado desconocido caería muerto más tarde, tierra adentro. Severloh fue capturado por tropas americanas en la madrugada de 7 de junio.

La ametralladora de Severloh tenía asignada un parque de 12.000 balas. Se ignora sí en el curso del día recibió más munición, pero es de suponer que la munición que aún quedaba de la segunda MG 42 que fue dañada por granadas durante la mañana, fue también utilizada por Severloh. En todo caso, disparó un mínimo de 12.000 balas, pues cuando Frerking dio la orden de retirarse ya no quedaba munición para la ametralladora. También disparó unas 400 balas con la carabina Mauser Kar 98k.


MG 42


Posguerra

Severloh fue trasladado como prisionero de guerra al área de Boston, Estados Unidos. Temiendo represalias, Severloh mantuvo en secreto sus acciones en WN62 durante su cautiverio. En mayo de 1946 fue trasladado a Inglaterra donde trabajó en construcción de caminos. Finalmente fue repatriado a Alemania en 1947.
Severloh mantuvo en secreto de sus acciones en la playa Omaha hasta una edad avanzada, cuando un reportero investigativo le preguntó directamente si era él a quien la prensa oficial denominaba como la "Bestia de Omaha". Colaboró con el reportero, que escribió un libro sobre WN62. Heinrich Severloh murió en un asilo de ancianos cerca de Celle en 2006.

Fuentes

Heinrich Severloh: WN 62 - Erinnerungen an Omaha Beach Normandie, 6. Juni 1944, Hek Creativ Verlag, 2006.

Hitlers Krieg Der Spiegel No.2/2005 pgs. 156-157