martes, 16 de abril de 2019

Nacionalsocialismo y Religión

Nacionalsocialismo y Religión



La posición religiosa del Estado alemán nacionalsocialista fue definida principalmente por medio del artículo 24 del programa del partido que "garantizaba la libertad de todas las confesiones religiosas en el seno del Estado, en tanto que no comprometan la estabilidad de éste o no contravengan al sentimiento moral y a las buenas costumbres de la raza germánica". Es decir, que el valor de la raza es el criterio absoluto con relación a la concepción religiosa y está por encima de la religión. Para el nacionalsocialismo, es la raza, y no la religión, el único factor de unidad de un pueblo.

En la ley sobre dicha libertad de conciencia, el Estado nacionalsocialista define claramente cómo debe ser interpretado este sentimiento:

Creer es el asunto más personal y sólo se es responsable ante la propia conciencia.


El Estado nacionalsocialista se declara como laico y aconfesional y rehúsa toda injerencia en las cuestiones religiosas mientras sus representantes no intervengan en el terreno político.

Esto permitía a un cristiano, católico o protestante, o un adepto de otra religión, vivir su fe en el seno del Partido y de Alemania, si lo hace por convicción y por elección personal.

El nacionalsocialismo aspiraba también a un retorno al origen y su veneración a los ancestros y buscó la restitución de una cosmovisión espiritual original germánica y sus tradiciones, sin llegar a una reconstrucción estricta del paganismo de los pueblos germanos o religión germánica.

Asimismo, de acuerdo con la concepción nacionalsocialista de la religión, la experiencia religiosa no debe nunca basarse en un conflicto con otra concepción religiosa, pues tal actitud estaría en contradicción con el espíritu del programa del Partido y con la ética nacionalsocialista.

La posición del Partido Nacionalsocialista
La opinión del partido queda reflejada en el punto 24 de su programa que dice:

Exigimos la libertad para todas las denominaciones religiosas dentro del Estado mientras no representen un peligro para éste y no militen contra los sentimientos morales de la raza alemana.
Este párrafo se refiere a organizaciones como los Testigos de Jehová y al judaísmo. Luego dice:

El partido, defiende en su carácter de tal, la idea del cristianismo positivo pero no se compromete, en materia de credo, con ninguna confesión en particular. Combate el materialismo judío infiltrado entre nosotros.
El Tercer Reich respetó la religiosidad del pueblo alemán (primordialmente católica y protestante), dicha situación obedece a dos factores:

El gobierno alemán no iba a propiciar una división nacional por factores religiosos, cuando lo que pretendía era unificar Alemania.
Hitler sabía que sociológicamente hablando el cristianismo (como organización) era en cierta medida un baluarte de la civilización occidental y representaba un reducto de valores en oposición al marxismo ateo.

La religión como cosmovisión racial

El Tercer Reich llegó a considerar a la religión, especialmente las dos iglesias cristianas mayoritarias (católica y protestante) como una fuerza política que podía contribuir en la lucha contra el marxismo ateo, y se llegaba incluso al punto de considerarla como un instrumento de un gobierno antimarxista. Por ello, el propio Hitler expresamente dijo en un discurso del 23 de marzo de 1933 que las dos iglesias eran "los más importantes factores del mantenimiento de nuestro carácter nacional", esto como un reconocimiento pragmático de su importancia política, y por ello mismo trataba de colocarlas al servicio de una ideología "nacional-racista" que en el fondo era opuesta al mensaje cristiano.
La moral cristiana era vista como una Fremdmoral, es decir, una moral extranjera respecto al pueblo alemán. Este término era referido en general a principios morales que no se habían originado dentro de la propia "especie" (Artung), y así socavaba la ética "específica" propia (Arteigene).

Esto también se reflejaba con toda claridad en las ideas de Erich y Mathilde Ludendorff "en pro de un conocimiento alemán de Dios acorde con la raza" de su sociedad esotérica Bund für Gotteserkenntnis ('Sociedad para el Conocimiento de Dios'), así como en la organización Ahnenerbe. 
La cuestión de la religión vista como una manera de interpretar el mundo estaba contemplada desde las ideas que relacionaban el código genético con el comportamiento espiritual de las razas y que sostenían la "adecuación racial" o grado de acomodación a la idiosincrasia de la raza que debía asumirla para la preservación de la identidad y la cultura nacionales.

El Cristianismo Positivo



El programa nacionalsocialista de una "religión conforme a la raza" tuvo como una de sus metas, despojar al cristianismo de todo rasgo judaico. Este "cristianismo" que debía ser purgado de sus elementos semíticos hebreos y se infundía con elementos indoeuropeos, se conoció con el término, creado por Alfred Rosenberg, de "cristianismo positivo" y que fue base del movimiento de los "Cristianos Alemanes" (Deutsche Christen, y también a veces llamado posteriormente "cristianismo ario"). Dicha doctrina contenía elementos de una religión sui generis en competencia con las dos iglesias y en sus rasgos fundamentales no contenía elementos, propiamente, del cristianismo tradicional. 
Esta doctrina, pensada como una fe de transición, y semejante a la herejía gnóstica de Marción (85-160), rechazaba el Antiguo Testamento, negaba el origen hebreo de Jesús de Nazaret (considerándolo un ario), afirmaba que San Pablo, como judío, había falsificado el mensaje de Jesús, y enseñaba que "El pueblo alemán no es heredero del pecado original, sino noble por naturaleza". 
Todo ello seguía un plan a largo plazo de descristianizar Alemania y revertir gradualmente el proceso de la evangelización de siglos atrás, utilizando exactamente el mismo método que la Iglesia usó contra el paganismo mediante el sincretismo religioso, y de este modo hacer retornar al pueblo a sus tradiciones originales.

Los proponentes principales del "cristianismo positivo" (Rosenberg, Himmler, Goebbels y Bormann) eran bastantes conocidos por su rotundo rechazo al cristianismo. Rosenberg, junto con Robert Ley y Baldur von Schirach, respaldó el Movimiento de la Fe Germánica (Deutsche Glaubensbewegung), organización neopagana que rechazaba ampliamente las concepciones judeocristianas de Dios, y que fue formado bajo el Tercer Reich con la intención de reemplazar las instituciones cristianas tradicionales y reducir su influencia.

El 3 de diciembre de 1928, Joseph Goebbels había escrito: "El movimiento Nacionalsocialista defiende un cristianismo positivo sin atarse a una determinada confesión. En él tiene su puesto tanto el protestante como el católico y el cristiano-alemán.

La mentira del ateísmo de Hitler

Una de las tantas mentiras y calumnias que se han lanzado contra la figura de Adolf Hitler es la de su supuesta "arreligiosidad" o "ateísmo", desmentidos por diversas citas del libro de Hitler Mi Lucha y de algunos discursos. Hitler nombraba a Dios en muchos de sus discursos y se observa en ellos que era un hombre de fe.

Lo cierto es que somos criaturas y que existe una fuerza creadora. El pretender negar este hecho es una tontería. Todo aquel que cree en algo, aunque sea algo erróneo, es superior a aquel que no cree en nada.
La Naturaleza eterna inexorablemente venga la transgresión de sus preceptos. Por eso creo ahora que, al defenderme del judío, lucho por la obra del Supremo Creador..
Adolf Hitler, Mi Lucha.

El objetivo por el cual tenemos que luchar es el de asegurar la existencia y el incremento de nuestra raza y de nuestro pueblo; el sustento de sus hijos y la conservación de la pureza de su sangre; la libertad y la independencia de la patria, para que nuestro pueblo pueda llegar a cumplir la misión que el Supremo Creador le tiene reservada.
Adolf Hitler, Mi Lucha.

Frente a todo esto, nosotros, los nacionalsocialistas, tenemos que sostener inquebrantablemente nuestro objetivo de política exterior, que es asegurar al pueblo alemán el suelo que en el mundo le corresponde. Y esta es la única acción que ante Dios y nuestra posteridad alemana puede justificar un sacrificio de sangre; ante Dios, porque sobre la tierra hemos sido puestos con la misión de la lucha eterna por el pan cotidiano; ante nuestra posteridad, porque no se vertirá la sangre de un solo ciudadano sin que este sacrificio signifique la vida de otros mil ciudadanos de la Alemania futura.
Adolf Hitler, Mi Lucha.