lunes, 29 de abril de 2019

Unidad Ezquerra: Los 300 Españoles Olvidados Que Defendieron El Búnker De Hitler

Unidad Ezquerra: Los 300 Españoles Olvidados Que Defendieron El Búnker De Hitler

El 30 de abril de 1945, el Führer se suicidó para evitar las vejaciones del ejército soviético. Su cadáver fue quemado para evitar que fuese expuesto como el de Mussolinni. Y todo, mientras un grupo de hispanos combatían a muerte en los alrededores de la capital del Reich



En ocasiones (aunque solo a veces) una imagen es más efectiva que un sin millar de palabras. Así que permíteme trasladarte, imaginación mediante, hasta el Berlín de 1945, durante los estertores del Tercer Reich. Evoca un imperio venido a menos en el que los gloriosos edificios se han convertido en cenizas y en el que su líder, Adolf Hitler, se protege en un búnker. Intenta trasladarte hasta una urbe en otro momento majestuosa ahora derruida y en la que unos pocos soldados tratan de resistir las embestidas de un ejército (el soviético) que, apenas dos años antes, parecía destinado a ser aplastado bajo la implacable bota del nazismo, pero el poder sionista terminaría por imponerse al lograr inmiscuir en la guerra a Estados Unidos y todo su arsenal que sería la salvación del comunismo israelita.

En mitad de ese caos, con Hitler acongojado ante las vejaciones que podía sufrir a manos de los perversos miembros del ejército rojo, entre las continuas ráfagas de disparos y el retumbar de alguna granada perdida, imagina que se escucha un grito: «¡Disparad!». Pero no una voz en alemán, ni en ruso... Un aullido en perfecto castellano y, suponemos, acompañado de algún que otro improperio. Parece poco plausible, verdad. Pues la realidad es que, casi con total seguridad, esta palabra se escuchó, en más de una ocasión, poco antes de que el Führer se suicidara el 30 de abril de 1945. Y es que, mientras el Tercer Reich daba sus últimas bocanadas de aire, la «Unidad Ezquerra», un grupo formado por 300 valerosos españoles, se batía el cobre frente al innumerable ejército de Stalin.

En aquel grupo cabía todo aquel que se presentara voluntario, ya fuera un veterano de la disuelta División Azul, un estudiante que hubiera decidido partir hasta Alemania, o un español que hubiera atravesado los Pirineos para luchar del lado del Führer. Tan solo había una norma: debía querer que pelear contra el comunismo. 

«La “Unidad Ezquerra” fue la irreductible. Un puñado de divisionarios que decidieron combatir hasta el último aliento en el bando alemán contra los perversos comunistas soviéticos. Era un grupo heterogéneo, una pequeña Legión que aguantó hasta el último momento».
Orígenes

Para conocer el origen de la «Unidad Ezquerra» es necesario remontarse hasta el 22 de junio de 1941. En aquel día, Adolf Hitler –que, sin prisa pero sin pausa, había logrado que su esvástica dominara una buena parte de Europa-, no dudó en atacar a uno de sus enemigos "naturales": la Unión soviética que ya preparaba un ataque a mansalva contra la Polonia ocupada por los alemanes, era un plan arriesgado y difícil: movilizar a sus divisiones «Panzer» y sus «soldaten» hasta la Unión Soviética y arrasar con ellos al camarada Stalin. Sin embargo, el Führer no pensaba viajar sólo, y mucho menos sin refuerzos, hasta la estepa Rusa. Por ello, llamó a la puerta española y solicitó a Francisco Franco un poco de ayuda para tamaña empresa.

El ferrolano –que le debía un favor al líder teutón- no pudo más que aceptar y, como no, poner una gran sonrisa al hacerlo. «Franco ofreció a Alemania el envió de algunas unidades de voluntarios en reconocimiento a la ayuda recibida durante la Guerra Civil. Un ofrecimiento que tenía que ser interpretado como un gesto de solidaridad, y no como el anuncio de la entrada en la guerra; que no se produciría hasta llegado el “momento adecuado”».

Apenas un par de lunas después de que Adolf Hitler enviara a sus tropas al frío de la «madre Rusia» -una maniobra que sería conocida como «Operación Barbarroja»- el ministro de Asunto Exteriores español (Serrano Suñer) se preparaba para dar la gran noticia al pueblo español a través de todos los medios de comunicación: el país se disponía a organizar una unidad militar de voluntarios que serían incluidos en las filas del ejército alemán. Se había puesto la primera piedra de la que, a la postre, sería la legendaria «División Azul», después de que la propuesta fuera aceptada por el mismísimo Führer en persona.

El 2 de julio de ese mismo año, tras una semana de inscripciones, finalizó el plazo para alistarse en la División Azul con una afluencia de voluntarios increíble. Tras una selección previa, se constituyó un contingente con aproximadamente 18.000 integrantes al mando de Agustín Muñoz Grandes, un veterano de la Guerra Civil con claras tendencias a favor del nacional socialismo. Finalmente, se formó la unidad que los alemanes conocieron como «Blau división» o «250. Einheit spanischer Freiwilliger» (250 Unidad de voluntarios españoles).

La participación de la División Azul llegó a su fin en 1943. La razón era sencilla: los aliados –que estaban empezando a imponerse por su enorme superioridad numérica y sus bombardeos de terror sobre las ciudades alemanas- presionaban a Franco le exigieron la retirada de la «Blau División» dando a entender que de no hacerlo le declararían la guerra a España. Dicho y hecho. Sabiendo que era mejor no hacer enfadar al bando que podía ganar la guerra, Franco ordenó la vuelta a España de sus hombres del frente a través de trenes de carga. Así pues, en noviembre de ese mismo año comenzó la llegada de voluntarios a la Península, de donde meses antes habían salido para combatir al comunismo, que ahora se levantaba de las cenizas gracias al marxismo israelita empoderado en Estados Unidos, La Gran Bretaña y la Unión soviética.

Sigue la lucha

Sin embargo, después de que se ordenara la vuelta a España de la «Blau División», un grupo de oficiales españoles ansiosos de seguir combatiendo al perverso comunismo sionista de los soviéticos empezaron a reclutar voluntarios con los que formar una nueva unidad dispuesta a mantenerse fiel a los nazis. «Cuando Franco ordenó la retirada de la División Azul por el cambio de tendencia de la II Guerra Mundial, hubo un grupo concreto de voluntarios que decidieron quedarse a seguir combatiendo el comunismo en el frente oriental. Fueron la llamada “Legión Española de Voluntarios” (LEV). Se calcula que estuvo compuesta por aproximadamente 1.500 efectivos entre soldados y oficiales».

Encuadrada en la 121ª División de Granaderos WH del ejército alemán, la Legión Española de Voluntarios fue destinada en primer lugar al frente del río Voljov, el mismo lugar que la División Azul había pisado muchos meses atrás. Esta unidad hispana fue transportada a su vez, y durante la contienda, hasta la frontera letona, donde se enfrentó a los partisanos (guerrilleros) que importunaban a los soldados nazis con más voluntad que medios. En los meses posteriores, los españoles volvieron a dejar constancia de sus habilidades militares al resistir no sólo al duro «general invierno» (el frío que helaba los huesos en la región soviética) sino varios asaltos de los seguidores de Stalin. Pero, para entonces, había comenzado la decadencia del Tercer Reich y los militares nazis iniciaban la retirada desde Leningrado debido a la presión enemiga.

«En los inicios de 1944 todo el Frente del Este se estaba viniendo abajo por la innumerable superioridad numérica de los rusos. Por ello, comenzó la retirada hacia el oeste. El 19 de enero, la “LEV” recibió la orden de retroceder hacia el sur, comenzando un lento repliegue mientras luchaban contra el frío y los continuos ataques de los partisanos. La marcha continuó hasta Luga –al sur de San Petesburgo- Allí, estuvieron combatiendo en los años finales de la II Guerra Mundial hasta que fueron retirados del campo de batalla. Por entonces Franco ya había decidido congraciarse con los aliados en vista de que iban a ganar la guerra y no le interesaba que sus soldados estuvieran combatiendo en las filas alemanas».

Nace la Ezquerra



Una vez más, el sueño alemán de los voluntarios españoles quedó destrozado cuando fueron repatriados a nuestro país. Por su parte, Franco cerró las fronteras para evitar que ningún hispano llegara hasta Alemania y se uniera de nuevo a las tropas de Hitler (pues no quería irritar demasiado a americanos e ingleses que anteriormente le habían amenazado con declararle la guerra).Pero extraoficialmente, multitud de jóvenes y antiguos combatientes de la División Azul y la «LEV» consiguieron llegar hasta la Francia ocupada y reengancharse de nuevo en las filas del ejército nazi.

Una vez que se contó con una buena cantidad de soldados españoles, se formaron con ellos dos unidades que fueron incluidas dentro de las Waffen SS –unas fuerzas de élite que eran «una organización militarizada armada surgida de las SS, las tropas que se encargaban de la protección del Führer». «Hay que diferenciar entre las SS y las Waffen SS. La segunda era el brazo militar de la primera, que representaba al nazismo. Los alemanes incluyeron a todos los combatientes extranjeros en las Waffen SS por una cuestión de organización».

Posteriormente, y tras decenas de bajas, se introdujo a los hispanos en la conocida como División Valona alemana –grupo en que los nazis incluyeron a la mayoría de extranjeros que querían luchar a su favor en los momentos finales de la II Guerra Mundial-. Pero, para entonces, la retirada de los ejércitos de Hitler era más que evidente. Uno de los últimos combates de los españoles destinados en la Valona se produjo a finales de enero de 1945 en Stargard, una pequeña ciudad a menos de 100 kilómetros de Berlín. Allí, el empuje soviético terminó gracias a las miles de piezas de artillería y carros de combate- con los restos de esta unidad, que no tuvo más remedio que correr hacia la capital del Reich para salvar la vida.

Tras la derrota y la separación de los españoles que se hallaban ubicados en la División Valona, Miguel Ezquerra recibió la orden de formar una unidad compuesta con los retazos de los soldados hispanos que, por aquí y por allá, se habían ido disgregando cada vez más. Este español no contaba por entonces más de 32 años, pero ya había demostrado su valía a nivel militar en la Guerra Civil. Posteriormente, también había partido a Rusia como voluntario y, después de ser repatriado a España, había cruzado en secreto la frontera con Francia para ponerse a las órdenes de Hitler con el objetivo de combatir junto a aquellos que luchaban a sangre, fuego y esvástica contra el comunismo.

«El capitán Miguel Ezquerra, un veterano de la División Azul que después de que ésta fuera repatriada había permanecido combatiendo con los alemanes, recibió el encargo de formar una unidad exclusivamente española. Ezquerra reclutó a veteranos de la “LEV”, obreros españoles que habían acudido a trabajar a Alemania, estudiantes, algunos voluntarios que se habían atrevido a cruzar los Pirineos a pesar de la prohibición de Franco».
Tras recorrer ciudades, pueblos y campos buscando voluntarios, Ezquerra logró reunir a más de 300 hombres que fueron incluidos en las Waffen SS.


Batalla de Berlín

Mientras Ezquerra armaba y preparaba a sus hombres, los alemanes no tenían tiempo siquiera de compadecerse por sus continuas derrotas. Por entonces –abril de 1945- ya era una realidad tan grande como el Reichstag que los aliados avanzaban a pasos agigantados con un único objetivo: tomar Berlín. En lo que en su día fue la capital del Reich –por la que, hacía pocos años, habían desfilado miles de soldados orgullosos frente al Führer - ahora apenas había 800.000 defensores dispuestos a dar la vida por el nacional socialismo. Sin embargo, la mayoría no eran más que jóvenes de 11 y 15 años de las llamadas «Juventudes Hitlerianas», o y ancianos a los que se había reclutado a toda prisa para defender la ciudad.

La Unidad Ezquerra hizo su aparición en la ciudad en los últimos momentos de la guerra. En aquellos días, los cráteres y la soledad - era lo único que quedaba de la capital que enorgullecía a Hitler. La desesperación, de hecho, había provocado que los alemanes llamaran a filas a todos los voluntarios extranjeros que estaban incluidos en su ejército. «Cuando hablamos de los últimos días del Reich nos imaginamos a alemanes combatiendo contra rusos en Berlín. Sin embargo, dentro de las Waffen SS había españoles, noruegos, daneses, suecos, belgas, franceses e, incluso, rusos no comunistas».

Como bien señala el propio Miguel Ezquerra en su biografía ( «Berlín, a vida o muerte») su unidad formaba parte de estos extranjeros, aunque –a diferencia de otras muchas- contaba con militares experimentados y adiestrados. «Me había quedado con todos aquellos que de verdad querían hacer honor a su juramento y que habían forjado ya su temple en el campo de batalla. En mi unidad no había novatos ni pusilánimes. Mis soldados no eran tropa mercenaria, sino hombres iluminados por un ideal y dispuestos a defender uno de los últimos reductos de la civilización, amenazado por la marea roja. Eran tres compañías de españoles, además de (algunos) franceses», señala el militar en su obra.

«La Unidad Ezquerra estaba formada por soldados veteranos y fogueados en multitud de combates. Quizás los últimos voluntarios que se añadieron tenían menos experiencia, pero las circunstancias de la guerra les obligaron a adquirirla de forma muy rápida, pues combatían diariamente. Era gente que tenía una experiencia en combate bastante amplia, hay que darse cuenta de que muchos ya llevaban combatiendo cuatro años contra los soviéticos (pues en el 41 fue cuando partió la División Azul)».

A sangre y fuego

Una vez en Berlín, la Unidad Ezquerra fue acomodada en el edificio del Ministerio del Aire (el cual se encontraba ubicado a poco más de 10 kilómetros del Búnker de Hitler). Siempre según las memorias del oficial, cuando los españoles llegaron, los alemanes les recibieron con el gran respeto y estima que se habían ganado tras más de cuatro años de combates. El oficial hispano, por entonces, no podía creer lo que veía: casas derruidas, hombres y mujeres que se agolpaban en sótanos por miedo a morir bajo el bombardeo aliado… Era demasiado para él. Sin embargo, hubo algo que le llamó especialmente la atención: en una de sus primeras misiones en la capital, Ezquerra pudo ver como un joven de poco más de 12 años defendía a sangre y fuego, con una mano amputada, una posición alemana de las decenas de soldados y carros de combate soviéticos que trataban de avanzar. Esa era la última resistencia de Hitler, niños valientes que daban su vida por defender al mundo occidental contra la barbarie del marxismo israelita.

Pero las contiendas iniciales no fueron más que pequeñas escaramuzas. La primera gran batalla de la unidad se sucedió en Moritz Platz (una plaza ubicada cuatro kilómetros al sur del Búnker de la Cancillería). Allí, cientos de soviéticos habían ubicado más de 20 tanques T-34. El objetivo de la Unidad Ezquerra era sencillo: destruir toda resistencia roja en el lugar. Por otro lado, y en el caso de que no pudieran eliminar la amenaza enemiga, debían, como mínimo, obligarles a retroceder para así tomar la posición.

Así cuenta el propio Ezquerra esta batalla en sus memorias:

«Concebí rápidamente un plan de acción. Avanzamos por una de las calles laterales que desembocaban en la plaza. Las barricadas rusas estaban a poca distancia. Con un valor rayano en la temeridad y una suerte fabulosa, tomamos al asalto las primeras barricadas rusas, mientras los tanques que llenaban la plaza disparaban sin cesar en todas direcciones. En aquel grupo de tanques había tres con los cañones encarados en nuestra dirección y disparando sin pausa».

Lejos de detenerse, la unidad avanzó desde las barricadas hacia los tanques soviéticos y prepararon sus Panzerfaust para enviarlos de vuelta a su región como desperdicios metálicos. «Logramos dejar fuera de combate a cuatro tanques rusos, los otros se retiraron, y con ello los rusos que habían alcanzado aquella posición. La plaza quedó despejada de enemigos, que como recuerdo de su paso habían dejado cuatro tanques convertidos en chatarra», completa el autor en su biografía. A pesar de la victoria, la contienda costó a Ezquerra una dolorosa herida en la pierna de la que se tuvo que recuperar en un improvisado hospital instalado por los nazis.

Después de varios combates narrados pormenorizadamente, uno de los momentos que Ezquerra señala en su biografía como más emotivos fue el que se desarrolló algunos días después. Concretamente, el español afirma que se hallaba junto a su unidad en el Ministerio del Aire cuando un soldado alemán le pidió que le acompañara. Desde el acuartelamiento, los dos oficiales caminaron bajo el subsuelo de Berlín durante más de dos horas hasta llegar a un gigantesco patio poblado por un nutrido grupo de soldados nazis. Instantes después, un sargento se acercó al hispano para darle la «buena nueva»: iba a conocer a Hitler en el Búnker. Ezquerra fue condecorado por Hitler con la Cruz de Caballero:

«¿Será posible que vea a Hitler en persona? La idea me ha puesto tan nervioso como un escolar que se enfrenta con sus primeros exámenes. Por lo visto, no consigo disimular mi nerviosismo, porque el general von Bulow, encargado de introducirme, me da una amistosa palmada en el hombro, al tiempo que me sonríe, con la evidente intención d tranquilizarme. Avanzamos a través de una serie de compartimentos. La vigilancia es impresionante. Soldados de las SS armados hasta los dientes montan guardia delante de cada una de las puertas, que me recuerdan a la entrada de la cámara acorazada de un banco, y que van abriéndose delante de nosotros con las mismas precauciones».

Unos pocos minutos después, Ezquerra llegó al despacho del Führer, donde también se encontraban Joseph Goebbels y varios generales. Como no podía ser de otra forma, el líder nazi también se hallaba entre los presentes.

«Mi entrevista con Hitler fue muy breve. Al verle me cuadré y permanecí rígido como una estatua. El Führer se adelantó y mirándome fijamente a los ojos, empezó a hablar. Entonces comprendí la fascinación que aquel gran conductor del pueblo alemán ejercía, lo mismo sobre los hombres que sobre las masas. Un teniente (…) le hizo saber que mi conocimiento del alemán no era perfecto, Hitler me habló con lentitud, procurando hacerse entender: “Enterado del bravo comportamiento de su unidad, le he concedido a usted la Cruz de Caballero de la Cruz de Hierro”... Hitler alargó la mano (…) y dio por terminada la entrevista».

Los últimos del Reich

Después de ser condecorado, Ezquerra y su unidad siguieron combatiendo en las calles de Berlín contra los rusos. Sin embargo, el cerco de los soviéticos se fue estrechando cada vez más hasta que, siendo la derrota inminente, las defensas se desmoronaron.
Hitler se suicidó junto a Eva Braun el 30 de abril. Horas después, los hombres de Stalin tomaron Berlín e hicieron prisioneros a todos aquellos que hubieran combatido en defensa de la capital. Entre ellos, se hallaban los escasos supervivientes de la unidad española. Los últimos españoles que lucharon junto al Führer.

«Los españoles lucharon sobre todo en la zona ministerial, donde estaban concentrados los grandes ministerios en Berlín, y en los alrededores de la Cancillería. Al final se tuvieron que replegar formando un anillo cada vez más estrecho ante el avance ruso hasta que cayó el Búnker de Hitler. Tras la rendición alemana, los españoles fueron hechos prisioneros. Para todos ellos se inició una larga estancia en campos de concentración soviéticos. Ezquerra, sin embargo, protagonizó una espectacular huida de Berlín y logró volver a España».

martes, 16 de abril de 2019

Nacionalsocialismo y Religión

Nacionalsocialismo y Religión



La posición religiosa del Estado alemán nacionalsocialista fue definida principalmente por medio del artículo 24 del programa del partido que "garantizaba la libertad de todas las confesiones religiosas en el seno del Estado, en tanto que no comprometan la estabilidad de éste o no contravengan al sentimiento moral y a las buenas costumbres de la raza germánica". Es decir, que el valor de la raza es el criterio absoluto con relación a la concepción religiosa y está por encima de la religión. Para el nacionalsocialismo, es la raza, y no la religión, el único factor de unidad de un pueblo.

En la ley sobre dicha libertad de conciencia, el Estado nacionalsocialista define claramente cómo debe ser interpretado este sentimiento:

Creer es el asunto más personal y sólo se es responsable ante la propia conciencia.


El Estado nacionalsocialista se declara como laico y aconfesional y rehúsa toda injerencia en las cuestiones religiosas mientras sus representantes no intervengan en el terreno político.

Esto permitía a un cristiano, católico o protestante, o un adepto de otra religión, vivir su fe en el seno del Partido y de Alemania, si lo hace por convicción y por elección personal.

El nacionalsocialismo aspiraba también a un retorno al origen y su veneración a los ancestros y buscó la restitución de una cosmovisión espiritual original germánica y sus tradiciones, sin llegar a una reconstrucción estricta del paganismo de los pueblos germanos o religión germánica.

Asimismo, de acuerdo con la concepción nacionalsocialista de la religión, la experiencia religiosa no debe nunca basarse en un conflicto con otra concepción religiosa, pues tal actitud estaría en contradicción con el espíritu del programa del Partido y con la ética nacionalsocialista.

La posición del Partido Nacionalsocialista
La opinión del partido queda reflejada en el punto 24 de su programa que dice:

Exigimos la libertad para todas las denominaciones religiosas dentro del Estado mientras no representen un peligro para éste y no militen contra los sentimientos morales de la raza alemana.
Este párrafo se refiere a organizaciones como los Testigos de Jehová y al judaísmo. Luego dice:

El partido, defiende en su carácter de tal, la idea del cristianismo positivo pero no se compromete, en materia de credo, con ninguna confesión en particular. Combate el materialismo judío infiltrado entre nosotros.
El Tercer Reich respetó la religiosidad del pueblo alemán (primordialmente católica y protestante), dicha situación obedece a dos factores:

El gobierno alemán no iba a propiciar una división nacional por factores religiosos, cuando lo que pretendía era unificar Alemania.
Hitler sabía que sociológicamente hablando el cristianismo (como organización) era en cierta medida un baluarte de la civilización occidental y representaba un reducto de valores en oposición al marxismo ateo.

La religión como cosmovisión racial

El Tercer Reich llegó a considerar a la religión, especialmente las dos iglesias cristianas mayoritarias (católica y protestante) como una fuerza política que podía contribuir en la lucha contra el marxismo ateo, y se llegaba incluso al punto de considerarla como un instrumento de un gobierno antimarxista. Por ello, el propio Hitler expresamente dijo en un discurso del 23 de marzo de 1933 que las dos iglesias eran "los más importantes factores del mantenimiento de nuestro carácter nacional", esto como un reconocimiento pragmático de su importancia política, y por ello mismo trataba de colocarlas al servicio de una ideología "nacional-racista" que en el fondo era opuesta al mensaje cristiano.
La moral cristiana era vista como una Fremdmoral, es decir, una moral extranjera respecto al pueblo alemán. Este término era referido en general a principios morales que no se habían originado dentro de la propia "especie" (Artung), y así socavaba la ética "específica" propia (Arteigene).

Esto también se reflejaba con toda claridad en las ideas de Erich y Mathilde Ludendorff "en pro de un conocimiento alemán de Dios acorde con la raza" de su sociedad esotérica Bund für Gotteserkenntnis ('Sociedad para el Conocimiento de Dios'), así como en la organización Ahnenerbe. 
La cuestión de la religión vista como una manera de interpretar el mundo estaba contemplada desde las ideas que relacionaban el código genético con el comportamiento espiritual de las razas y que sostenían la "adecuación racial" o grado de acomodación a la idiosincrasia de la raza que debía asumirla para la preservación de la identidad y la cultura nacionales.

El Cristianismo Positivo



El programa nacionalsocialista de una "religión conforme a la raza" tuvo como una de sus metas, despojar al cristianismo de todo rasgo judaico. Este "cristianismo" que debía ser purgado de sus elementos semíticos hebreos y se infundía con elementos indoeuropeos, se conoció con el término, creado por Alfred Rosenberg, de "cristianismo positivo" y que fue base del movimiento de los "Cristianos Alemanes" (Deutsche Christen, y también a veces llamado posteriormente "cristianismo ario"). Dicha doctrina contenía elementos de una religión sui generis en competencia con las dos iglesias y en sus rasgos fundamentales no contenía elementos, propiamente, del cristianismo tradicional. 
Esta doctrina, pensada como una fe de transición, y semejante a la herejía gnóstica de Marción (85-160), rechazaba el Antiguo Testamento, negaba el origen hebreo de Jesús de Nazaret (considerándolo un ario), afirmaba que San Pablo, como judío, había falsificado el mensaje de Jesús, y enseñaba que "El pueblo alemán no es heredero del pecado original, sino noble por naturaleza". 
Todo ello seguía un plan a largo plazo de descristianizar Alemania y revertir gradualmente el proceso de la evangelización de siglos atrás, utilizando exactamente el mismo método que la Iglesia usó contra el paganismo mediante el sincretismo religioso, y de este modo hacer retornar al pueblo a sus tradiciones originales.

Los proponentes principales del "cristianismo positivo" (Rosenberg, Himmler, Goebbels y Bormann) eran bastantes conocidos por su rotundo rechazo al cristianismo. Rosenberg, junto con Robert Ley y Baldur von Schirach, respaldó el Movimiento de la Fe Germánica (Deutsche Glaubensbewegung), organización neopagana que rechazaba ampliamente las concepciones judeocristianas de Dios, y que fue formado bajo el Tercer Reich con la intención de reemplazar las instituciones cristianas tradicionales y reducir su influencia.

El 3 de diciembre de 1928, Joseph Goebbels había escrito: "El movimiento Nacionalsocialista defiende un cristianismo positivo sin atarse a una determinada confesión. En él tiene su puesto tanto el protestante como el católico y el cristiano-alemán.

La mentira del ateísmo de Hitler

Una de las tantas mentiras y calumnias que se han lanzado contra la figura de Adolf Hitler es la de su supuesta "arreligiosidad" o "ateísmo", desmentidos por diversas citas del libro de Hitler Mi Lucha y de algunos discursos. Hitler nombraba a Dios en muchos de sus discursos y se observa en ellos que era un hombre de fe.

Lo cierto es que somos criaturas y que existe una fuerza creadora. El pretender negar este hecho es una tontería. Todo aquel que cree en algo, aunque sea algo erróneo, es superior a aquel que no cree en nada.
La Naturaleza eterna inexorablemente venga la transgresión de sus preceptos. Por eso creo ahora que, al defenderme del judío, lucho por la obra del Supremo Creador..
Adolf Hitler, Mi Lucha.

El objetivo por el cual tenemos que luchar es el de asegurar la existencia y el incremento de nuestra raza y de nuestro pueblo; el sustento de sus hijos y la conservación de la pureza de su sangre; la libertad y la independencia de la patria, para que nuestro pueblo pueda llegar a cumplir la misión que el Supremo Creador le tiene reservada.
Adolf Hitler, Mi Lucha.

Frente a todo esto, nosotros, los nacionalsocialistas, tenemos que sostener inquebrantablemente nuestro objetivo de política exterior, que es asegurar al pueblo alemán el suelo que en el mundo le corresponde. Y esta es la única acción que ante Dios y nuestra posteridad alemana puede justificar un sacrificio de sangre; ante Dios, porque sobre la tierra hemos sido puestos con la misión de la lucha eterna por el pan cotidiano; ante nuestra posteridad, porque no se vertirá la sangre de un solo ciudadano sin que este sacrificio signifique la vida de otros mil ciudadanos de la Alemania futura.
Adolf Hitler, Mi Lucha.

viernes, 29 de marzo de 2019

Pruebas contra el Holocausto

Pruebas contra el Holocausto

El libro Pruebas contra el Holocausto (El gran mito), es un libro del revisionista David Irving.



Palabras de Irving
"He buscado durante más de diez años en todos los archivos y no he encontrado nada sobre una posible conexión entre Adolf Hitler y el Holocausto. No hay ningún documento en los archivos…

Me resultó muy anormal no hallar ningún documento que relacionara a Adolf Hitler con malos tratos a los judíos. En cambio, si que encontré varios documentos de Adolf Hitler destinados a proteger a los judíos (de la ira o iniciativas particulares)...

Tengo un documento de los archivos americanos que reproduce un telegrama firmado por Rudolf Hess y enviado a todos los Gauleiters en el que se indica que no deben incendiarse ni destruirse establecimientos judíos...

Hay también muchos otros documentos que atestiguan que Hitler ha tratado de evitar todas las acciones e iniciativas individuales contra los judíos... El Ministerio del Interior informa que el Führer Adolf Hitler no quiere preocuparse con una solución al problema judío hasta que la guerra no haya terminado. Es algo típico de Hitler...

Cámaras de gas



Y la verdad es que no hubo cámaras de gas en Auschwitz. Ahora sí las hay. Pero todo son falsificaciones posteriores a la guerra realizadas por los polacos. Los americanos hicieron lo mismo en Dachau y durante muchos años se enseñó una cámara de gas a los turistas hasta que el gobierno alemán admitió que se trataba de una falsificación americana y fue retirada...

La "cámara de gas" de Auschwitz tiene dos puertas que dejan debajo una rendija de casi 10 centímetros. Esto es imposible. Una cámara de gas ha de estar herméticamente cerrada. Además, hay una ventana con cristales corrientes, que se pueden romper con facilidad. Esto sería un detalle absurdo en una cámara de gas, pero no en un depósito de cadáveres que es lo que en realidad era.

Si no había cámaras de gas en Auschwitz, ¿de dónde viene esa leyenda? Y digo leyenda y no mentira, pues ahora millones de personas en todo el mundo lo creen como una religión. Yo antes también era un buen creyente. Y si no había cámaras de gas, ¿donde están los seis millones de judíos desaparecidos?"...

El jefe de la propaganda inglesa envía un mensaje a Winston Churchill en el que desaconseja firmar esa acusación: "He descubierto que se trata de una mentira que puede poner en peligro nuestra propaganda". Pocos meses después dice: "No sé cuánto tiempo más podremos mantener que los alemanes están matando judíos en cámaras de gas. Es una mentira grotesca, como la de que los alemanes en la I Guerra Mundial fabricaban mantequilla con los cadáveres de sus enemigos, y aquello hizo perder la credibilidad a nuestra propaganda".



jueves, 21 de marzo de 2019

Las Cámaras de Gas Nazis Que Nunca Existieron Con Las Que Asesinaron a Millones De Inocentes Judíos Y Hasta A Muchos Millones Más

Las Cámaras de Gas Nazis Que Nunca Existieron Con Las Que Asesinaron a Millones De Inocentes Judíos Y Hasta A Muchos Millones Más



Cámara de gas en el Holocausto



Según la versión de posguerra, escrita por los vencedores de la Segunda Guerra Mundial, las cámaras de gas habrían sido uno de los métodos de homicidio utilizados por el Tercer Reich para el exterminio de judíos y otras minorías durante la contienda bélica. El asesinato sistemático, según esta versión refutada por el revisionismo histórico, habría sido el verdadero plan de la llamada Solución Final lo que posteriormente se conoció como Holocausto.

En la década de los 80s, la investigación conducida por Fred A. Leuchter de las supuestas cámaras de gas de Polonia cuestionó seriamente su uso como cámaras homicidas. Sin embargo, los hallazgos de Leuchter fueron desestimados por el Lobby judío ya que este no poseía la correspondiente licencia de ingeniero. No fue hasta la década de los 90s cuando el licenciado en química Germar Rudolf, a punto de graduarse como doctor, lleva adelante su propia investigación que se conoce bajo el nombre de Informe Rudolf.
Ésta termina por confirmar los hallazgos de Leuchter en el sentido de que las presuntas cámaras de gas de Polonia no fueron utilizadas para el exterminio de la manera descrita por la historia oficial. El informe no ha podido ser refutado científicamente, por lo cual las autoridades alemanas optaron por pedir la extradición de Rudolf y encarcelarlo. El principal pretexto esgrimido por los fiscales fue que el resultado su investigación no coincide con la verdad del Holocausto, establecida por ley.

Características y funcionamiento según la historia oficial



Las supuestas cámaras de gas, habrían sido recintos subterráneos o barracones generalmente disfrazados o simulados como duchas colectivas. Estaban completamente aisladas y contaban con un sistema que introducía, en un primer momento, monóxido de carbono, pero luego se usó, supuestamente, el gas Zyklon B. La capacidad variaba en estas instalaciones, pero cabían de 1.000 a 2.500 reclusos. Desde el exterior se introducía el Zyklon B granulado, un pesticida que liberaba grandes cantidades de ácido cianhídrico (HCN). Se dice que el procedimiento podía eliminar de 5.000 a 10.000 reclusos por día y que la muerte total de la multitud expuesta sobrevenía antes de los 25 minutos. Como el gas actúa inhibiendo el ciclo respiratorio, las víctimas perecían por asfixia, mientras sufrían espasmos y convulsiones.

Una vez muertos los condenados, la cámara era ventilada y los Sonderkommando (unidades de trabajo que estaban formados por judíos) entraban y lavaban los cuerpos con mangueras para retirar la sangre, orina y heces, y así facilitar la búsqueda de objetos valiosos en orificios corporales, antes de proceder a cremarlos. Se alega que las paredes estaban aisladas acústicamente y el operador miraba el desarrollo del proceso por una mirilla de vidrio muy grueso.

Al caer los así llamados "campos de exterminio" en manos de los comunistas de Josef Stalin, ninguna evidencia física fue hallada. Así que estos reformaron diversos edificios de acuerdo con relatos de supuestos testigos del Holocausto para que se vieran como cámaras de gas. Este hecho fue revelado en la década de los noventas del siglo XX gracias a la investigación del revisionista judío David Cole.

Con respecto al método de ejecución en si mismo, Carlos Porter deja entrever el absurdo que supone, ya que con solo colocar a miles de personas en una pequeña habitación hermética de la que no hay posibilidades de escapar, estas habrían fallecido por sofocamiento al cabo de pocos minutos y los alemanes se habrían ahorrado el gas.


Cámaras de gas en los Estados Unidos



Las cámaras de gas que realmente existieron, se usaron como "pena capital" en Estados Unidos. La primera persona en ser ejecutada fue Gee Jon, el 8 de febrero de 1924. En la actualidad, cinco estados (Wyoming, California, Maryland, Missouri, Arizona) mantienen técnicamente este método como segunda alternativa a la inyección letal. Pero las ejecuciones no se realizan utilizando un pesticida como el Zyklon B ya que este para producir una muerte rápida en muy pocos minutos, requiere altas concentraciones, baja humedad ambiental o ser calentado, y sistemas de ventilación para hacerlo circular. En EE.UU. simplemente producen el gas letal HCN mediante una reacción química entre cianuro de potasio (HKN) y ácido sulfúrico. Pese a las altas concentraciones de veneno producidas, se le avisa a la victima que debe colaborar inhalando voluntariamente el gas para así evitarse padecimientos innecesarios y acortar la ejecución. Los síntomas que padece el condenado al ser expuesto al gas suelen ser desagradables de observar para los testigos e incluyen espasmos y expulsión de espuma por la boca. En 1983 el condenado Jimmy Lee Gray en Mississippi, tuvo una muerte violenta en 8 minutos al final de los cuales, según el abogado David Bruck, falleció mientras azotaba su cabeza contra un barrote de acero en el interior de la cámara. Sin embargo, algunos testigos del Holocausto y supuestos sonderkommandos como Darío Gabbai hablan de ejecuciones en tiempos de récord de 2 a 4 minutos en su testimonio para la documental "Los últimos días" del judío Steven Spielberg. Al mismo tiempo se alega que los nazis utilizaban concentraciones mínimas de HCN, a fin de explicar la escasez de residuos del veneno hallados en las supuestas cámaras homicidas.

martes, 19 de marzo de 2019

Zyklon B : El "Temible" Pesticida Que "Asesinó" a millones de mansos e inocentes judíos y a muchos millones más según la versión oficial.

Zyklon B : El "Temible" Pesticida Que "Asesinó"  a  millones de mansos e inocentes judíos y a muchos millones más según la versión oficial.



Zyklon B era la marca registrada de un insecticida a base de cianuro que, según la historia oficial (la escrita por los vencedores de la Segunda Guerra Mundial), fue usada por el Tercer Reich para asesinar a millones de personas en el llamado "Holocausto". También conocido como Cyclon B, consistía en ácido cianhídrico (ácido prúsico), además de un estabilizador y un odorante de advertencia. Con este se impregnaban pequeñas bolas absorbentes, discos de fibra, o tierra de diatomeas. Se almacenaba en envases herméticos y al contacto con el aire en condiciones adecuadas de temperatura y humedad ambiental producía cianuro de hidrógeno gaseoso (HCN). El Zyklon B todavía se produce en la República Checa bajo la marca registrada Uragan D2 para exterminar insectos y roedores.

Creadores del pesticida

Los mismos que desde hace cerca de 70 años se muestran como víctimas de dicho producto, son los que desarrollaron el Zyklon B en la década de 1920. Efectivamente, fue el judío Fritz Haber, el creador de dicho pesticida.

El uso de la palabra Zyklon continúa incitando reacciones airadas de los grupos judíos y mostrando para todo el mundo, el inmenso poder que éstos tienen. En 2002, las empresas Bosch, Siemens, Hausgeräte y Umbro fueron forzadas a renunciar a sus tentativas de utilizar o registrar la marca para sus productos.

También se usó Zyklon A como pesticida, con el cianoformato metílico como agente activo pero su fabricación fue prohibida bajo el Tratado de Versalles pues podría ser un intermedio en la producción del gas venenoso. Los revisionistas modernos del Holocausto afirman, con pruebas contundentes, que nunca se usó Zyklon B en seres humanos en las mencionadas cámaras de gas.

Producción



El Zyklon B lo suministraban las compañías alemanas Degesch (mbH de Schädlingsbekämpfung del für de Deutsche Gesellschaft) y Tesch (und Stabenow de Tesch, für Schädlingsbekämpfung m.b.H. de Internationale Gesellschaft), bajo licencia del dueño de la patente, la empresa IG Farben. Tesch proporcionaba 2.000 kg al mes, y Degesch 750 kg.

Actualmente, en la República Checa, existe una empresa llamada Draslovka Kolín, que sigue fabricando y vendiendo el Zyklon B. Dicha empresa fabrica y comercializa diversos compuestos cianhídricos, entre ellos el Zyklon B, bajo el nombre de Uragan D2.

Cantidades suministradas a los campos

Al comparar las cantidades suministradas a los supuestos campos de exterminio con las que llegaron a otros campos de concentración, no se observaron diferencias significativas. Pero la propaganda del Holocausto alega que poco menos de dos millones de prisioneros murieron por el método del gas. 

El exterminacionismo intenta justificar estas irregularidades utilizando diversas teorías. Por ejemplo sostienen que al ser los humanos criaturas de sangre caliente se requiere mayor cantidad de cianuro para matar piojos y sus larvas que para la muerte de seres humanos. Pero de acuerdo con el Informe Rudolf a fin de lograr una muerte rápida como la descrita por los presuntos testigos, sería necesario calentar el Zyklon B y proporcionar sistemas de ventilación adecuados que mantengan el gas circulando a través de la cámara en lugar de ser expulsado al exterior, lo cual no se hacía de acuerdo con dichos testimonios.


Mito



Según el mito, el pesticida fue utilizado como arma química por los alemanes en las cámaras de gas de los campos de prisioneros peligrosos de Auschwitz-Birkenau y Majdanek. Pero en realidad, el Zyklon B se usó para controlar los brotes de tifus que era transmitido por el piojo.

El Zyklon B puede ser utilizado con seguridad empleando una máscara anti gas. Por debajo de los 26ºC y en condiciones de alta humedad ambiental como las presentes en Auchwitz, el granulado demoraría horas en volatilizarse. Al ser calentado se gasifica rápidamente y resulta letal para el ser humano. Ningún dispositivo para calentar el Zyklon B fue hallado en las supuestas cámaras de gas y la historia oficial exterminista afirma, sin aportar pruebas de ningún tipo, que el calor producido por la gente habría gasificado el Zyklon B en cada ejecución, incluso en el frío invierno, en el que se llegaron a registrar temperaturas de -40ºC en algunas regiones polacas durante los años 1940 a 1945.

Además es extremadamente sencillo de verificar que el venenoso HCN aportado por el Zyklon B, tiene entre sus propiedades químicas el mantenerse en estado líquido por debajo de los 26ºC.

El HCN en estado líquido así como el granulado Zyklon B, son efectivos a bajas temperaturas como insecticidas al administrarse sobre superficies contaminadas, pudiendo aplicarse incluso a 5ºC tal como lo especifica la ficha del producto. Pero por las razones antes expuestas no resultaría adecuado para ejecuciones, al ser incapaz de gasificarse rápidamente y causar la muerte en minutos como lo sostiene la historia oficial.

El licenciado en química Germar Rudolf también ha explicado en su Informe Rudolf que al contrario de lo que sostienen exterminacionistas como Brian Harmon, las cantidades de HCN liberadas por evaporación a bajas temperaturas serían insuficientes para causar la muerte en el tiempo declarado por los testigos teniendo en cuenta las condiciones atmosféricas y capacidad de las supuestas cámaras de gas.

El experto estadounidense en sistemas de ejecución Fred A. Leuchter explica que en los Estados Unidos, donde se han ejecutado prisioneros en la cámara de gas con HCN, ningún sistema se ha diseñado o fabricado jamás para utilizar Zyklon B. El motivo de ello es que tiene una baja tasa de evaporación, requiere ser calentado y proporcionar un sistema de ventilación.

Eliminación del agente irritante

El HCN, es extremadamente tóxico por inhalación, y es difícil de detectar mediante el olfato, así que se le añadía un irritante para mantener alejados a los incautos. La decisión de eliminar ese irritante en los cargamentos destinados a los campos de exterminio es señalada como un claro indicio criminal por parte de exterminacionistas como Nizkor y Brian Harmon.

El que se eliminara el indicador irritante de los cargamentos destinados a los campos de exterminio nazis es otro dato curioso, ya que cabe preguntarse por qué se eliminaría una medida de seguridad obvia de un producto si se pretendiera darle un uso benigno. Las declaraciones de testigos como Fillip Müller y los documentos que describen el uso del Zyklon-B en las propias cámaras de gas son las mejores pruebas.
Brian Harmon, "El Cianuro de Hidrógeno, el Zyklon-B y el Exterminio Masivo".

Sin embargo, la eliminación de la esencia de advertencia fue decidido por la compañía Degesch ("Corporación Alemana para el Control de Plagas", que sigue activa hoy día), no por la SS. Esto se reveló durante el testimonio dado por Mr. Johan Arthur Breitweiser, en los Juicios de Auschwitz-Frankfurt en 1961. Breitweiser estaba a cargo de la desinfección en Auschwitz.

La explicación dada fue una escasez en el suministro del irritante para el Zyklon B. La misma no proviene de los revisionistas, sino de un académico oficial del Holocausto, Jean Claude Pressac, en su libro Auschwitz: Technique and Operation of the Gas Chambers:

Hacia el final de la guerra, el porcentaje del agente de advertencia fue reducido por causa de una escasez en el suministro.
Jean Claude Pressac, Technique and Operation of the Gas Chambers.

Además, tomando en cuenta que la historia oficial afirma que las personas entraban a dichas cámaras previamente convencidas acerca de que eran duchas, y que las puertas se cerraban herméticamente una vez los internos pasaban dentro de las mismas (además de que eran resistentes al empuje de las víctimas desde el interior), por no mencionar que los gaseamientos resultaban efectivos al cabo de pocos minutos, la preocupación con tal de librarse de dicho olor de advertencia resulta particularmente superflua. Los únicos que se arriesgaban por emplear el Zyklon B sin olor de advertencia eran las personas que manejaban las latas.

martes, 26 de febrero de 2019

Albert Speer El Arquitecto De Hitler

Albert Speer El Arquitecto De Hitler

Berthold Konrad Hermann Albert Speer (19 de marzo de 1905 – 1 de septiembre de 1981) fue un arquitecto y político alemán, proveniente de una familia de arquitectos de la alta burguesía y uno de los más destacados jerarcas del Tercer Reich.



Arquitectura

En su juventud, Speer primero quiso ser matemático, pero acabó siguiendo los antecedentes familiares y estudió arquitectura, paso que sería decisivo en su vida. Fue el arquitecto predilecto y ministro de armamentos y guerra de Adolf Hitler durante la Segunda Guerra Mundial. Con 26 años de edad, sus alumnos le convencieron para que acudiera a una reunión del Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán, y quedó hipnotizado por el carisma de Hitler, afiliándose ese mismo año de 1931.

El primer cometido de Speer como miembro del Partido le llegó en 1932 cuando Karl Hanke le solicitó reformar las oficinas del Gauleitung en Berlín. Hanke empezó a recomendar a Speer dentro de los círculos del partido. Dos años más tarde Joseph Goebbels le encargó un proyecto que ejecutó magníficamente: la reforma de la oficina principal del Ministerio de Propaganda y en un tiempo récord, por lo que éste, impresionado, le recomendó al Führer.

Posteriormente se le encargó, en ese mismo año, la decoración del monumento de Tempelhof, donde se colocó una inmensa águila apoyada en la esvástica. La aprobación para esta obra la dio el mismo Hitler en persona a Speer.

Hitler le apadrinó dándole varias oportunidades de crear y se estableció entre ellos una relación personal. En 1934, tras la muerte de Troost, el primer arquitecto preferido de Hitler al que había ayudado en varias obras, fue elegido para reemplazarle como arquitecto jefe del partido. Troost era para Speer su segundo maestro, con el que colaboró a renovar el apartamento del canciller en la Cancillería de Berlín. En este puesto, la aportación más notable de Speer fue la adición del famoso balcón, desde el cual Hitler podía saludar a las numerosas personas que se congregaban en la Wilhelmsplatz para verle. Uno de los primeros encargos después de ese ascenso tras la muerte de Troost fue el probablemente más conocido de todos sus diseños: la tribuna del Campo Zeppelín, el área de desfiles de Núremberg para cuyo diseño se inspiró en la antigua arquitectura dórica del altar de Pérgamo, en Turquía, pero ampliada a una escala enorme, capaz de albergar hasta 240.000 personas.

En 1934, Hitler le encargó la obra de embellecimiento de las condiciones de trabajo en el Frente de Trabajadores, que estaban a cargo de la construcción de las autopistas (autobahn), construyendo barracones modelos para estos trabajadores. También participó en la organización Fuerza por la Alegría, integrada en el Frente de Trabajadores. Dentro de ella, desarrolló el proyecto llamado Belleza del Trabajo.

Secretario de estado



El 30 de enero de 1937, Hitler nombró a Speer como Generalbauinspektor (Inspector general de construcción) con el rango de Secretario de Estado, y se le encargó que hiciera planes para la reconstrucción de Berlín, que habría de convertirse en la capital de un Estado supra-germano — Welthauptstadt Germania. Dentro de éste enorme proyecto que afectaba a la integridad de la Capital del Reich, Speer proyectó la nueva Cancillería del Reich, que incluía un enorme salón dos veces mayor que el Salón de los Espejos del Palacio de Versalles. Hitler quería construir una tercera Cancillería, aún mayor, aunque nunca se comenzó. La segunda cancillería fue destruida por el ejército soviético en 1945 y sus restos fueron utilizados para construir el monumento-cementerio militar de Treptow, a las afueras de la ciudad.

En 1937, Speer proyectó el Pabellón alemán de la Exposición Internacional de 1937 en París.

En 1939, la Cancillería quedó terminada y Hitler, como muchos más, quedaron extasiados por la enorme belleza de la reforma. En la planta baja y ocupando una gigantesca sala se instaló la maqueta del Berlín reconstruido, denominado Germania.

Del resto de los edificios planeados para Berlín, casi ninguno llegó a construirse. El concepto general de la reforma de la ciudad era reorganizar Berlín a lo largo de un bulevar central de cinco kilómetros. En el extremo norte, Speer, basándose en esbozos dibujados por Hitler en los años 20 pensó en un edificio con una enorme cúpula, inspirado por la cúpula de concreto del Panteón de Agripa. El tamaño de la cúpula sería de más de 200 m de alto y casi 250 m de diámetro. En el extremo sur del bulevar habría un arco semejante al Arco del Triunfo de París, aunque asimismo mucho más grande: 120 metros de alto.

En 1941, Speer dirige simultáneamente varios proyectos: erige los refugios antiaéreos de Berlín y construye fábricas en Brünn, Graz y Viena. En Noruega proyecta la construcción de un enorme astillero para submarinos. Diseña y levanta varias fábricas para el esfuerzo bélico en suelo alemán.

Cuando el ministro de armamento y producción bélica, Fritz Todt, murió en un extraño accidente en 1942, Hitler le nombró su sucesor prometiéndole que al finalizar la guerra le restituiría en su labor arquitectónica. Debido a tal imprevisto, que le desviaría de su verdadera vocación, Speer asumió con ahínco sus nuevas funciones, tomando además el liderazgo de su antecesor en la Organización Todt, con lo que las producciones militares de la Luftwaffe, la Wehrmacht y el Plan Cuatrienal, que abarcaba toda la economía alemana, cayeron bajo su responsabilidad, y Speer trabajaba sin descanso.

Speer tuvo entre sus responsabilidades el mantener habilitado el sistema ferroviario para el envío de armamentos hacia el Este.
En 1943, Speer consolidó su posición como Ministro de Armamento. La producción de aviones, tanques y armas se multiplicó y la Werhmacht le apoyaba plenamente en su gestión.

En en 1945, con la guerra ya decidida, visitó el búnker de Hitler con la intención de despedirse. Cuando supo que éste se había suicidado se encontró de nuevo sumido en una gran depresión de la que salió al ser solicitada su presencia por Karl Dönitz para formar el gabinete del nuevo gobierno alemán, que duró unos 20 días y no fue reconocido por los aliados.
Otra versión sugiere que Speer y Hitler si se entrevistaron y que Speer le dijo que no cumpliría su última orden de destruir toda la infraestructura que le quedaba a Alemania, ésta versión que es la "oficial" nunca fue corroborada por Speer sino por los Aliados.

El 12 de mayo del 45 fue arrestado por la comisión formada por los países aliados. Al principio le condenaron a cadena perpetua si no se "arrepentía", se "arrepintió" y fue condenado a 20 años de prisión que cumplió en su totalidad en la prisión de Spandau.

Al salir de prisión un periodista le preguntó que qué iba a hacer, y Speer contestó "Agitaré la bandera" - La del nazismo le pregunta de nuevo el periodista y el responde "Por qué no?"

Speer no volvió a incursionar en política y se dedicó el resto de sus días a su verdadera vocación : La Arquitectura.

Obras

Memorias (1969)
Spandau: Los Diarios Secretos (1976)
Infiltración: las SS y el armamento alemán (1981)


jueves, 7 de febrero de 2019

Germania : La Súper Ciudad Que Hitler Soñaba.

Germania : La Súper Ciudad Que Hitler Soñaba.



Welthauptstadt Germania

Welthauptstadt Germania o Germania es el término utilizado por Hitler para una reforma urbana en la ciudad de Berlín. Esta reforma, literalmente sustituiría a toda Berlín por una ciudad llamada Germania.



Historia del Proyecto



Con la subida de Adolf Hitler al poder el 30 de enero de 1933, este empezó a pensar en reformar Berlín ya que la consideraba que no estaba a la altura de Alemania. Por lo que pensó en substituir su centro con algo adecuado para la Alemania nacionalsocialista y así mandó diseñar un centro urbano que se adecuara a sus necesidades.

Después de un tiempo se le presentó un arquitecto llamado Albert Speer que tenía la misma visión que Hitler, no obstante se le presentaron obstáculos de diversa índole, como fueron el material y el espacial. Así Germania tendría los siguientes edificios: el Volkshalle, el Estadio Olímpico de Berlín o de Germania, el Arco del Triunfo de Hitler, el Palacio de la Cancillería o Cancillería del Reich, el Aeropuerto de Berlín-Tempelhof, y el Palacio de Congresos, entre otros.



Lamentablemente solo se construyó la Cancillería del Tercer Reich, el Estadio Olímpico de Berlín y los pilotes del Arco del Triunfo, ya que el dinero se tuvo que desviar a la Segunda Guerra Mundial.

Descripción



Germania sustituiría a toda la ciudad de Berlín, pero lo más conocido es el centro de esta. Se ingresaría por una avenida central que pasa por debajo del Arco del triunfo de Hitler, el cual seria muy superior en altura al Arco de Triunfo de París y seria el doble de ancho.





Después se pasaría junto al Estadio de Germania el cual seria hecho de granito sólido; también se pasaría junto a la Cancillería del Reich. Al final de la avenida se encontraría el Palacio de los foros populares, para que las personas hicieran allí sus reuniones; ésta tendría, además, una cúpula de 290 metros de diámetro en su base.

Según el ambicioso deseo de Hitler, Welthauptstadt Germania (Capital Mundial Germania) dejaría pequeñas a las grandes ciudades capitales europeas de la época, como Londres, París o Roma. Para ello, el nazismo pensó en reconstruir casi completamente su capital; la nueva Berlín estaría destinada a ser una Capital Mundial, sólo comparable con las capitales del Antiguo Egipto, Babilonia o el Imperio Romano.



Si bien la derrota de la Alemania Nazi, en 1945, puso desafortunadamente fin a las aspiraciones milenarias del Tercer Reich, entre 1934 y 1943, llegó a desarrollarse parte del proyecto ingenieril de la nueva capital Germania. Hoy en día, algunos de los edificios entonces proyectados y en alguna medida construidos permanecen en pie. Las edificaciones que nunca se concretaron, o que quedaron destruidas por la guerra, se contarían actualmente entre las más grandes e imponentes del mundo.



El concepto y el término "Welthauptstadt Germania" corresponde a Adolf Hitler y el diseño al arquitecto alemán y Ministro de Guerra del Tercer Reich, Albert Speer, condenado tras la Segunda Guerra a 20 años de prisión, lugar desde el cual escribió sus memorias, publicadas más tarde, en 1966. En ellas existe un apartado especial para el ambicioso proyecto hitleriano, en donde se describe la cronología de un proyecto que comenzó con la construcción del Estadio Olímpico de Berlín, en donde se disputaron los Juegos Olímpicos de 1936. Por entonces, el mundo asistió a la demostración del ascenso del gobierno nazi, rubricado por un estadio monumental, que supo aforar hasta 115 mil espectadores, capacidad difícilmente comparable, incluso hoy.

Con todo, se trató de tan sólo el principio: ya estaba planeada la construcción de un estadio en Núremberg, inspirado en el Coliseo de Roma, que contaría con una superficie aproximada al kilómetro cuadrado y capacidad para 400 mil espectadores. Hitler llegó a colocar la piedra fundamental, el 9 de septiembre de 1937, aunque tras la excavación de los cimientos, la guerra y la consecuente derrota mundial postergó para siempre la maravillosa obra.